1000 de todo

Doblo mil garzas

sujeto mis manos

en movimientos iguales

pero todas son distintas.

Se necesita mil de todo

para hacer todas las posibles formas

besar con todas las ganas

quedarse con todos los sabores.

Necesito mil maneras

de verte despertar

para soñar contigo

mil noches más.

Una noche de jazz

Entré al infierno en una noche de jazz

el Diablo debe haber estado de buenas

sonaba una canción para apagar la luz

prenderle fuego a los barcos

con todos los marineros adentro

besarse a la luz de la hoguera

y olvidar los gritos del fondo.

El Diablo sabe muy bien

cómo se siente amar sin futuro

por eso inclina la inspiración al desencanto.

También conoce, estoy segura,

el flotar en un mar de noche

así como siento

cuando me sumerjo en tus ojos

y tú te sumerges en mí.

Rico infierno, al menos esta noche.

El tiempo más triste

Dejé de hablar de ti en presente

cuando no te pude conjugar en futuro

el pasado se hizo menos que perfecto

ya no hay más que el final

y ahora sólo hablo de ti

declinando el futuro

en lo que nunca será.

Me voy a morir mañana

Que es cualquier día que no es hoy

en el futuro que viene

pero no sé cuándo.

Me voy a morir mañana

lo sé y no me importa

tampoco puedo evitarlo.

La muerte es una buena amiga

nunca se aparta de mi lado

espero que me proteja de la enfermedad.

Con certeza, sin lugar a dudas,

me voy a morir,

pero no hoy.

Cazar un lobo

Te mandaría en la noche a encontrar la luna sobre un lago

que el viento frío te curta la piel tierna aún, y sientas miedo.

Pasarías noches con hambre, recordando el calor de mi cocina

querrías un plato de algo humeante, que te acaricie el alma.

Te mandaría a pescar un tiburón, los dientes haciendo fila para morderte,

en un océano sin orilla, que la sal curta tu piel dulce y el sol la dore.

Flotarías al límite de las estrellas, viendo cómo se expande la galaxia,

añorarías tu cama firme, sin olas, sin peces y la sombra del techo.

Te dejaría caer por una torre con alas que no se derritan,

que vueles tan cerca del sol como quieras y nunca te desplomes.

Hijo mío, te diría que tienes que cazar un lobo, todos los días,

el que llevas dentro, para domarlo y tener toda su fuerza cuando la quieras.

Y, como todas las madres que han sacado niños queridos al mundo

para que se conviertan en buenos hombres,

continuaré siendo puente, faro, calor, comida, pasado firme, viento, océano,

forjaré cualquier arma que necesites para salir.

Te alejarás, como debe ser, y yo permaneceré para que vuelvas cuando quieras.

¡Felices trece años, pequeño pedazo mío, ve a cazar!

En silencio

Hay un pedazo de suelo

en donde busco la ausencia de ruidos

un lugar en que nada suena a nada

despliego con esperanza la colcha

veo pasar una nube en futuro

hay silencio, por un instante

dura muy poco, menos mal

porque mi vida está llena

de risas, gritos, tambores, música

y tu voz que me llena el alma

aunque no me hables.

Ya no hueles igual

Perdí el perfume de tu piel,

dulce, a leche y nuevo,

yo olía a vida derramada

y nos alimentábamos por las noches

yo a ti con leche

tú a mí con el universo en potencia

sostenido entre mis brazos.

Guardé un poco en mi memoria

que insiste en asombrarse

cuando entro en tu cuarto de aprendiz de hombre

un olor a algo salvaje en espera

se escapa ahora de tu ropa.

Ya no eres mío, no cabes en mis brazos,

pero sigues llenando mi vida

del universo en expansión.

Un camino

Tomé el camino de espinas.

Da lo mismo, el otro igual tenía

pero aún están lejanas

y el sol me besa la piel.

Sé que va a doler

a veces hasta corro

para que se claven de una buena vez

y en esa velocidad

puedo engañarme

creer a medias que vuelo.

Quiero llegar al final

porque no sé qué hay después

tal vez al otro lado del dolor

encuentre todo lo demás.

Floréame

Murieron los rosales

los quitaron y yo no sé plantar otros

la enredadera de flores fragantes

quedó en casa de la vecina

a mí no se me quieren pegar sus vástagos

las lavandas se las llevan las palomas

me hace falta la cacería

poca grama en tanto jardín.

En toda la aridez

de mi poca habilidad con lo verde

me consuela ver que mis cactus

florean.

Igual que yo.

La belleza

Todo lo que sé de la belleza

se lo aprendí hoy a un plátano maduro

pasado de viejo, de mal color y peor aspecto

sin posibilidad de salir en una portada

atrás sus días fotogénicos

arrugado, si tuviera ojos, los rodearían surcos

no le quedaba nada de firme

más cercano el ataúd de la basura que el árbol de su nacimiento

totalmente inapetecible, por fuera,

pero un tesoro de dulzura por dentro

perfecto para comerse entre risas de almuerzo

bello, inmensamente bello.