Ya no hueles igual

Perdí el perfume de tu piel,

dulce, a leche y nuevo,

yo olía a vida derramada

y nos alimentábamos por las noches

yo a ti con leche

tú a mí con el universo en potencia

sostenido entre mis brazos.

Guardé un poco en mi memoria

que insiste en asombrarse

cuando entro en tu cuarto de aprendiz de hombre

un olor a algo salvaje en espera

se escapa ahora de tu ropa.

Ya no eres mío, no cabes en mis brazos,

pero sigues llenando mi vida

del universo en expansión.

Un camino

Tomé el camino de espinas.

Da lo mismo, el otro igual tenía

pero aún están lejanas

y el sol me besa la piel.

Sé que va a doler

a veces hasta corro

para que se claven de una buena vez

y en esa velocidad

puedo engañarme

creer a medias que vuelo.

Quiero llegar al final

porque no sé qué hay después

tal vez al otro lado del dolor

encuentre todo lo demás.

Floréame

Murieron los rosales

los quitaron y yo no sé plantar otros

la enredadera de flores fragantes

quedó en casa de la vecina

a mí no se me quieren pegar sus vástagos

las lavandas se las llevan las palomas

me hace falta la cacería

poca grama en tanto jardín.

En toda la aridez

de mi poca habilidad con lo verde

me consuela ver que mis cactus

florean.

Igual que yo.

La belleza

Todo lo que sé de la belleza

se lo aprendí hoy a un plátano maduro

pasado de viejo, de mal color y peor aspecto

sin posibilidad de salir en una portada

atrás sus días fotogénicos

arrugado, si tuviera ojos, los rodearían surcos

no le quedaba nada de firme

más cercano el ataúd de la basura que el árbol de su nacimiento

totalmente inapetecible, por fuera,

pero un tesoro de dulzura por dentro

perfecto para comerse entre risas de almuerzo

bello, inmensamente bello.

Más de un color

¿Has visto el azul imposible

del cielo antes de sacar a jugar al sol?

Te enseña la profundidad del universo

el momento cuando estalló.

Salieron todos los colores y ese azul.

No se puede pintar, ni poner en una tela.

También el del mar frente a la playa negra,

cuando está revuelto y no sabes si es gris,

o trae todo el verde del mundo,

mezclado con sal, arena, deseo de romper.

Tal vez ese es el color de la muerte, bello, frío, un poco sucio.

El anaranjado del fuego sobre la madera,

todo calor, peligro, huele a noches juntos.

Y luego está el color que se va,

cuando tú no estás.

No saber

No sabemos, al término de nuestros días

cuántas veces no nos escogieron

ni de quién podemos ser

el riesgo no tomado que se lamenta.

Contemplaremos nuestras vidas

con recuerdos de lo hecho

y añorando lo evitado,

sin tener la historia completa.

Alguien más se recuerda

del camino no escogido

y se lamenta

de lo que dejó de hacer.

Ella no, nunca supo.

Verte arder

Quiero sentarme

a la orilla del mundo

el calor del fuego en la cara

la sombra del futuro a la espalda.

Le prendí fuego a los barcos

ya no los necesito

no pienso volver.

Verte arder, corazón,

necesitó quedarme

a encender la mecha

soy la que se quema con las naves

y la que las mira en la playa.

No hay regalos

sin sacrificios.

Una vez

Alguna vez

diré que había una vez

de ésas que se le cuentan por las noches

a veces, a los niños a la orilla del sueño.

O recordaré cuando la mente

de vez en cuando salga flotando

entre el océano de lo vivido

y lo anhelado.

Y si tuviera que contarlo

ya pasadas tantas veces

con la memoria dorando los momentos

igual no lo haría.

Hay historias que se guardan

a las que no se les pone de tope

un “fin”, aunque ya no estén

la eternidad también es no contarlas.

Una tormenta

Me acerqué a besarla

los pasos iluminados

en segundos eléctricos.

Todo inmediato

impulsivo por precario.

La tormenta tuvo calma

el viento suspendido

en la pausa antes

y yo también esperé.

Poco puede hacer

una mujer deseada por la tempestad,

sólo dejarse llevar.

Comienza el juego

Alguien afila las armas

calza los caballos

sale a probar cascos

escucha el golpe sobre un escudo.

Nadie prepara el viento

saca al sol de las montañas

escoge el color del llano

manda a llamar a los pájaros.

Todos se reúnen en el tiempo

los lugares son indiferentes

cualquier lado del campo

sirve para quedarse.

No importa el color de la armadura

los cuerpos huelen igual

al quemarse en la pira

los dioses son ciegos.