Nada qué hacer

Durante toda la vida de mis hijos, he tenido el privilegio de estar presente. Detesto la palabra «sacrificio», porque implica una renuncia dolorosa a algo que me gustaría hacer más que lo que estoy haciendo. Es mejor decir que «prefiero» hacer algo. Y no es porque la maternidad y la domesticidad sean un camino sembrado de rosas en el que nunca sucede nada malo y siempre me sienta apreciada y recompensada. Puedo decir que cada vez que escucho la pregunta «¿Y qué haces?», se me retuerce el hígado. Y, también, cada vez que tengo un par de horas sin ocupación en mi día, me da cargo de consciencia, como si estar en constante movimiento fuera mi única justificación de existir.

La realidad es que me cuesta cuantificar mi valor como ser humano con las medidas de éxito actuales. No produzco nada. No doy ningún servicio facturable. No rindo cuentas de un trabajo con atribuciones claras. Y lo que hagan mis hijos en sus vidas va a tener tanto qué ver con cómo los he criado, como con las cosas que ellos mismos escojan. En blanco y negro, mi vida es un desperdicio. Pude haber tenido una carrera reconocida en mi profesión. Podría estar ganando mucho dinero actualmente. Y podría ser la persona menos trascendente de la existencia si hubiera tomado ese camino.

Cada vez tengo menos actividades en las que tengo que estar directamente involucrada con los niños. Cada vez son menos niños. Pero no dejo de ser una presencia importante. No dejan de buscarme para hablar. Y no dejo de morderme la boca y ponerme peso en los pies para no solucionarles la vida entera, porque lo que yo quiero es que no me necesiten. Raro eso de trabajar con la meta específica de volverse uno obsoleto. Mi vida ha tomado un giro en el que no me vi para nada hace veinte años. No es lo que yo hubiera querido, pero es lo que hay y tengo que adaptarme. Lo que sí me queda clarísimo es que tomé la mejor de las decisiones cuando preferí el camino que me tiene aquí hoy. Y eso, para mí, define mi éxito.

Lo único razonable

Abrimos una tapadera de la planta de tratamiento y encontramos mi escalera. No hay muchas explicaciones que sirvan. Y la que queda no le gusta a una de las partes.

Uno muchas veces se encuentra ante situaciones para las que debe encontrar soluciones. Independiente de la causa. Los inicios, conocerlos y examinarlos, sólo importan verdaderamente para el crecimiento personal y se tratan en terapia.

Me tienen que dar uns solución porque la única forma de explicar cómo llegó la escalera allí, es porque hicieron mal su trabajo. Y no me importa por qué. Sólo quiero que lo arreglen.

Coincidencias

Estaban revisando la alarma cuando se fue la luz. No tiene nada qué ver una cosa con la otra. Sólo pasaron al mismo tiempo.

Uno cree que todo tiene una correlación. O una causa sensible. Y no siempre. A veces pasan porque algo detona el evento sin que jamás sepamos qué fue. Y creo que eso es de las cosas más difíciles de aceptar.

Yo siempre quiero saber por qué pasan las cosas. Y tengo mucho tiempo de no encontrar el motivo de las cosas más difíciles. No me queda otra que simplemente seguir. Es lo que hay.

Aquí

Mucho de lo que tenemos que aprender cuando crecemos es a agrandar el espacio entre lo que sentimos y cómo reaccionamos. Realmente, desde la Ilustración, creemos que nuestros sentimientos son un producto indeseable de nuestra naturaleza. Que todo lo que necesitamos es la mente y separarnos de nuestras emociones. Totalmente erróneo.

La realidad es que experimentamos el mundo a través de nuestros sentidos, lo interpretamos con nuestras emociones y lo abstraemos con la mente. Pero todo, todo, lo necesitamos para vivir. Y nada debe tener preeminencia sobre lo otro. Tiene cada cosa su lugar y su función y sólo somos personas de verdad cuando lo usamos todo.

Me gusta sentir. Aunque me guste más no ser presa de mis impulsos. Y me gusta abrir la brecha que me impide tomar decisiones con cuidado. Quiero vivir lo que que me queda en el aquí, encarnada, sintiendo.

Cerca

Pasemos de lo general a lo específico

acerca lo abstracto a lo concreto

habla de ti, no del mundo

lo lejano tiene su lugar afuera

yo quiero lo próximo

lo cercano, lo tuyo.

Errático

Me gusta lo consistente. Lo predecible. Lo constante. Y la vida es todo menos eso.

Lo errático me da ansiedad. Me hace sentir insegura. Fuera de control.

Pero así es la vida. Creemos que sabemos qué viene. Pero no. Y me tengo que acostumbrar a eso para que no me tome desprevenida.

Lo que importa

Cada vez tengo menos cosas que realmente me mueven a alegar. El tráfico creo que se lleva toda esa energía. Y la edad. La edad me ayuda a poner las cosas en perspectiva y quitarles mucho del peso emocional que antes podría haber llevado un calcetín tirado en el piso. No es tan importante.

A la par de eso que podría ser falta de interés, he aprendido a poner límites firmes a lo que realmente me molesta. O a pedir lo que verdaderamente quiero. Tener una discusión profunda, molesta, cansada, con alguien con quien no me interesa tener una relación verdaderamente duradera, simplemente no tiene ninguna ventaja. No entiendo por qué invertirle capital emocional. O al menos eso estoy aprendiendo.

Me falta demasiado para poder ir en el tráfico sin despotricar, No me sirve de nada, ni siquiera de desahogo, porque abundan. Pero no sé si me va a alcanzar la vida para llegar a ese nivel de autoconocimiento.

Épocas

Estoy en una piscina con mis hijos y me recuerdo cuando vinimos hace 16 años. Era otra persona.

No siento la diferencia en mí. La veo en ellos. Quiere decir que también yo la llevo. Buena perspectiva.

No puedo ni siquiera ponerme los mismos bikinis. Hasta el cuerpo me ha cambiado. Interesante hacer una lista de qué más pueda ser distinto.

Aventura

Nada tiene valor por sí mismo, sino que nosotros se lo damos. Un viaje largo en carro puede ser una oportunidad de hablar o una tortura. No es que deje de ser necesario hacer menos tiempo en el tráfico, pero no tiene por qué arruinarnos la vida.

El mundo no tiene color hasta que nosotros interpretamos las limitadas frecuencias de las ondas de luz que percibimos. Y así con todo.

Es una maravilla que le podamos dar la interpretación que queremos a nuestras vidas. No es una actitud ilusa. Es otra forma de hacernos la existencia más llevadera.