Expectativas

Siento que se les ha sacado muy mala fama a las expectativas. Cuando hasta se puede demandar por publicidad engañosa. La creación de una idea, basada en hechos que nos hacen esperar un resultado, es parte de cualquier relación humana. No se puede vivir sin pensar que lo que uno hace tiene un futuro.

Lo que no sirve es tener castillos en el aire, basados en nada. Las demás personas no son responsables de nuestros cuentos de hadas.

Me gusta eso de hacer planes. Y de ser flexible. Se puede ambos.

Primeras últimas veces

El niño se gradúa este año. Es el primero de los dos que tiene un último día de clases. El primero en ir a la universidad. Seguro va a ser el primero en muchas otras cosas.

No puedo dimensionarlo. No estoy preparada.

Y hay que hacerle ganas. Quién sabe cuántas últimas veces me quedan.

Verme con anteojos

Hay un momento de espanto: cuando uno se ve al espejo con anteojos y debe admitir que no era que funcionaran las cremas, sino que ya tenía uno incorporado el filtro suavizante.

No sé por qué me está costando tanto el cambio. Pero lo estoy sintiendo todos los días. Y desconozco si debo luchar o aceptarlo o lo contrario.

Me gustaría verme a través de los ojos de la gente que me quiere. Eso sí es un buen filtro.

Adaptar

La película de Nolan es una “adaptación” de la Odisea. Con lo bueno y malo que eso pueda tener. Me gustó como entretenimiento. Me gusta más el poema como historia. Y ambas pueden coexistir.

No se puede sobrevivir con felicidad si uno no aprende a ser flexible. Pero sin perder el asidero al suelo firme. Adaptarse y moverse y volverse uno algo distinto. Tengo muchas dudas de cómo pueda uno ser mejor persona, pero estoy haciendo lo posible por averiguarlo.

Lo original es mejor. En su momento. La adaptación siempre es buena para afrontar lo que hay.

El cambio feliz

Ayer cumplí 50. Es una belleza. Y no. El tiempo no pasa en balde. No tengo mucho más qué decir. Los que me acompañan y me preceden, lo saben mejor que yo.

Gracias por todo. Gracias por lo que viene.

Todo igual

El mismo color del cielo que cambia

la voz de mis hijos

el olor del café

cómo me siento contigo

la década en mi edad

las cosas permanecen y yo, tal vez, también.

Conversaciones con extraños

Es tan raro eso de poder tener una “conversación” con una IA. Imitan casi a la perfección el lenguaje de una persona. Hablan en términos de “pienso” y “siento”. Claro que no hacen nada de eso. Y aún así, consultarle cosas es más fácil que a alguien cercano, cuando uno se siente inseguro de cómo va a reaccionar la otra persona.

Por algo la terapia sirve. Uno puede revelarse a alguien extraño, sin preferencias aparentes y obtener una opinión neutra. La cosa es que todos los seres humanos tenemos sesgos y se infiltran en absolutamente todo lo que hacemos. Es lo bueno y lo malo de ser personas. Nos hace únicos. Nos hace defectuosos.

Consultar con una IA es un espejismo. Porque está alimentada por gente, con todo lo que eso implica. Y no por eso va a dejar de servirnos. Supongo que quita una barrera de vergüenza. No sé si eso sea del todo bueno.

Ser mamá cansa

Espero a que vengan los niños del cole para comer, aunque sé perfectamente bien que no van a sentarse conmigo. No siempre. Y no lo hago por mártir, sino por cachar ese momento en que sí quieran. Me ha costado horrores dejar ir muchas preconcepciones en mi maternidad y, de todas formas, se me escapan algunas.

Ser mamá, que es de lo que puedo hablar, requiere salirse de la sombra de la propia madre. No sólo para no repetir lo que no funciona. Más bien para observar con algo de objetividad y misericordia cómo fue. Amo a mi mamá. Quiero hacer todo lo que ella hizo bien. Y mejorar. Sé con certeza que yo estoy cometiendo mil errores. Espero que mis hijos puedan vernos con distancia en su momento.

Ser mamá es cansado. Y precioso. Es un trabajo que requiere de todas mis habilidades y que supere todos mis defectos. Me hace crecer y cuestionarme. Ayuda a percibir el paso del tiempo como algo dulce, no sólo inexorable. Yo seguiré esperándolos a comer.