Llevé a la niña donde el doctor. Todavía tengo ese privilegio. Y me sentí tanto como mi mamá que se me quitaron los años, o me cambiaron de lugar en la vida, o estuve en una realidad alternativa. Lo cierto es que ahora me toca acercarla cada vez más a hacer cosas por sí misma.
No es la primera vez que lo pienso, es que se me viene la necesidad de darles todo para que no me necesiten en nada cada vez más. Siento que estoy en los últimos pasos de su camino en los que los puedo llevar de la mano por el rumbo que yo creo correcto. Dentro de muy poco, los tengo que ver separarse por el camino propio, con las herramientas que escojan llevarse.
Mi vida, hoy, no tiene absolutamente nada qué ver con lo que me imaginé que iba a ser, específicamente en la parte personal. Yo misma estoy andando por lugares que me son desconocidos y por los que no siento poco miedo de caminar. Y agradezco haber tenido, hasta donde se pudo, la compañía´que me trajo hasta aquí. Espero que mis hijos, cuando sus vidas se tornen inciertas, encuentren la brújula que los saque de los peores momentos y que, aunque sean en parte, yo les haya ayudado a encontrar el norte.
