Ajustes

Me gusta cuando te vas

dejas el cuarto revuelto

y a mí en calma

lo aprecio mejor porque no es siempre

aunque no me molestaría que lo fuera.

Mientras eso pasa

seguiré viendo como te vas

esperando que regreses.

Reaccionar

La vida transcurre entre planes y reacciones. Y lo que las une son decisiones. En las primeras son antes, en las segundas son después. Y lo verdaderamente relevante es cómo nos conservamos en ambas.

Tenemos una capacidad de hacer espacio entre un impulso y nuestra reacción. Mientras más espacio emocional tenemos, mejores decisiones tomamos. Para eso sirve la meditación. Una vida mejor considerada.

No me gusta reaccionar sin consideraciones. Aunque a veces sea necesario tomar decisiones en un instante. Y, allí, es donde hay espacio para creer.

Perdí un papel

Tengo que hacer un trámite. Necesitaba ir a poner una denuncia para hacerlo. La puse. La perdí. Estoy re contenta…

Nuestro cerebro tiene la costumbre de poner obstáculos para las cosas que no queremos hacer. Excusas, olvidos, pérdidas. Lo despistado se nos activa ante lo desagradable. La pereza es corolaria del miedo, o la tristeza. Y dejamos para después lo que no queremos hacer nunca.

Pero no tengo excusa. Es un trámite que no puedo seguir postergando. Y, ni modo.

Reconocerte diferente

Te escuchaba ayer hablando con tus amigas, toda asertiva y efusiva y pensé que tal vez yo fui así en algún momento. Pero nunca me sentí así de libre ni de segura como tú te ves. Y me embargó por completo una emoción de felicidad y de tranquilidad. Porque el mundo va a estar a tus pies si conservas ese entusiasmo y lo logras canalizar hacia lo que quieras. Puedes arrastrar, o puedes encausar. Y, a veces, hija mía, es necesario saber hacer ambas. La vida no espera siempre que uno sea delicado. Uno tiene que arrancar con fuerza lo que quiere, porque vale la pena esforzarse y debatir y pelear y ser ruidosa y exagerada.

No siempre sirve y allí también hay mucho qué aprender. La dulzura y el silencio son también armas poderosas, que ayudan a combatirse a uno mismo. Conocer la calma y hacerla parte de nuestro interior, que el fuego pueda ser cálido y amable, que no sólo queme y limpie, es lo que sostiene las relaciones cercanas. Lección que a veces cuesta aprender, porque el brillo que llevas te da mucha más claridad que al resto de personas y crees que todo el mundo mira las cosas igual que tú. No. Y no importa.

Te veo, amorcito mío y le pido a Dios me deje verte mucho tiempo más. Ese crecimiento, a dónde te lleve tu voluntad, cómo encuentres tu motivación y en dónde hagas resonar esa voz. Es difícil no tener miedo, como lo tengo con tu hermano también. La vida, el mundo, la gente, no son siempre amables. Hay que saber luchar, sin perder a la persona buena que llevas adentro, sin corromperte con la maldad, sin volverte cínica. La prudencia se vuelve muy pronto en desconfianza y eso es triste. Al final del día, lo que deseo para tu vida es que siempre esté rodeada de personas que te amen tanto como yo. Que te amo infinito. Feliz cumpleaños mi vida.

Nada

No te puedes llevar nada

ni las risas, ni las noches,

las comidas, el vino,

los besos, ni el amor

lo mío que te haya dado

puedo volverlo a hacer.

Lo que tiene solución

Estoy esperando una conexión que no era la mía original. La señora al lado mío venía con miedo y un señor jaloneó feo a su esposa porque quería pasar primero. Y todos llegamos al mismo lugar.

No digo que no hayan cosas por las cuáles no preocuparnos. Pero, sinceramente, si de todas formas logramos solucionar, ¿sirve de algo angustiarse? Aún si no logramos solucionar, igual no sirve. No es que yo tenga precisamente horchata en las venas. Pero soltar veneno no me ayuda.

Me gusta encontrar serenidad. No siempre me es posible. Y, obvio, no es que yo haya dejado de sentir. Es sólo que ya no me voy desperdigando. Y eso es hermoso.

Lo que uno hace

En un vuelo largo, leo. Como antes que no tenía otra cosa mejor qué hacer. Los libros se desvanecen, las horas son cortas, y yo no estoy distraída.

Lo cierto es que la vida ya no es así. Y, aunque lo lamentemos, es lo que hay. Es cierto, tal vez ya no leo durante horas en un día normal, pero si que puedo hablar con la gente que quiero.

Es rico saber que aún puedo leer la mitad de un libro largo en un tirón. Pero no siempre.

Intenso

No sé cómo vivir sin sentir

quiero estar inmersa en todo

lo lindo y lo que duele

hasta que me consuma

no sirve tener fuego si no es intenso.

A tiempo

Tengo años de pedir que revisen una parte neuronal del pie de mi hija. Se lo he pedido a varios doctores, quienes me han ignorado con la felicidad que les da creer que lo saben todo y que uno de mamá sólo ve micos aparejados. Hasta ahora que, efectivamente, se mira que tiene dañado un nervio.

Yo estoy convencida que cada uno de nosotros tenemos campos de experiencia y que uno va con profesionales precisamente porque allí está su fortaleza. Pero también estoy convencida que nadie conoce mejor sus circunstancias que uno mismo.

No sólo hay que insistir en consultas médicas. Hay que insistir en todo en la vida. Hay que destapar las cajitas oscuras y pesadas que uno lleva guardadas. Hay que decir que la relación se siente extraña. Hay que contar cuando le duele a uno algo en el cuerpo o en el alma. Hay que hacerlo hasta arreglarlo. Y no pensar que porque ya pasó demasiado tiempo ya no vale la pena. El momento para hacerlo es ahora. Y siempre es tiempo.

El momento adecuado

A mi papá le encantaba citar a un su amigo cubano que decía “en vida hermano, en vida”. Y, como filosofía de generosidad me parece perfecta.

A veces esperamos. Que todo esté perfecto , o que tengamos preparado qué vamos a decir, o que el otro nos quiera escuchar. El momento es en el que estamos. Siempre. No hay otro. Y quedarse con las cosas bonitas sólo las arruina.

Así que le digo a la gente que quiero, que la quiero. A los míos que me hacen falta. Les reitero lo orgullosa que estoy de ellos y que son lo mejor de mis días. Nunca me he arrepentido de un te quiero. No puedo decir lo mismo de las palabras duras.