La utilidad

Las frutas son llamativas cuando están maduras para que uno se las coma y tire la semilla y se propaguen. La gente nos parece bonita porque de algo nos tenemos que agarrar para aventurarnos a tener pareja. Las comida pasada sabe feo para que no nos enfermemos. Pero hay cosas hermosas que no tienen utilidad alguna.

Los seres humanos debemos ser profundamente agradecidos porque tenemos la capacidad de encontrar belleza en cosas que no nos sirven para nada. Un amanecer lindo sirve para verlo. El arte, los cuadros hermosos ni siquiera se mueven como las películas, pero nos mueven a nosotros. Podríamos no convertir las moléculas químicas del aire en olores agradables y las ondas de luz en colores hermosos, sacarles únicamente lo pragmático y seguir subsistiendo. Pero no.

Agradezco todos los días que me gusta abrir los ojos y ver salir el sol y sentir una sábana suave entre mis dedos y admirar los cuadros que me gustan y escuchar música y que me conmuevan todas las cosas que no me sirven. Cuánto más aprecio el resto…

No hay porqués

En el camino, uno entiende que los porqués son hacia adentro. Para mejorar, para no volver a hacer el patrón, para entender. Pero no para afuera.

Cuando pasa algo en una relación, más que la causa en el otro, vale la pena encontrar el deseo futuro. Qué se quiere hacia delante. Cómo conjugarlo. Y ver si ambos están dispuestos a hacer lo que se quiere.

Yo siempre quiero saber por qué. Porque quiero arreglar las cosas. Pero tuve qué aprender que sólo me puedo arreglar a mí.

Lo básico

Tenemos las clases con el maestro japonés de todos los años. Contrario a lo que se pudiera pensar, no nos pone a hacer cosas extraordinarias. Regresamos siempre a lo básico.

El éxito en cualquier cosa depende más de hacer el trabajo de todos los días bien, que de los golpes de suerte. Vale más la convivencia diaria feliz que los viajes esporádicos. O la práctica constante que el talento extraordinario. Porque todo lo fuera de lo común tiene un peso adicional que tiene que poder aguantarse. Por eso muchas personas que se ganan la lotería despilfarran el dinero en poco tiempo. O los romances de película duran un suspiro.

Me gusta repasar lo básico. Quiero ser sobresaliente.

Mejor

Nos llevamos mejor cuando nos tenemos buena fe. Cuando no creemos que el otro nos debe algo o nos quiere fregar. Cuando lo tratamos mejor.

No siempre es fácil alcanzar esa actitud porque guardamos las emociones anteriores como si fueran eternas Y sólo duran segundos. Dejar ir y estar abiertos a algo nuevo, obvio no quiere decir no poner límites. Sólo quiere decir no trabarse en el pasado.

No siempre se puede. A mí me cuesta la mayor parte de veces. Pero me gusta tanto cuando lo logro, que debería poder repetirlo más.

Deformaciones

Estoy acostumbrada a pensar en términos de largo plazo. Mi mente va a veinte pasos más adelante. En todo. Con lo que eso tiene de ventajas y desventajas. Últimamente me he dado cuenta que tengo tan estructurada mi rutina, que me quedo a veces sin llenar productivamente mi tiempo porque no lo tengo contemplado. Y eso tiene que terminar.

En primer lugar, nada se puede estructurar sin hacerle cambios en el camino. En segundo, el hecho de quedarme paralizada porque no tengo nada planificado es un desperdicio. La deformación profesional a la que me sometí durante tanto tiempo puede modificarse. Con un poco de planificación.

Todos tenemos rutas de pensamiento en las que caemos sin darnos cuenta porque las forjamos hace ratos. Lo bueno de eso es que ni las cosas talladas en piedra son permanentes y todo se puede cambiar. Entre aceptar que puedo estar abierta a fluir y esforzarme por ocupar mi tiempo un poco más espontáneamente, este debería ser un buen año para aprender cosas nuevas. Como tocar el piano. Voy a hacerme un horario.

Irrelevante

El sábado vi un papá con su hija pequeña y me dio ternura y agradecimiento. Agradezco haber pasado por allí con mis hijos, esa etapa de ser tan importante en sus vidas, de pastorearlos y guiarlos. Y agradezco que cada vez me necesiten menos.

Uno tiene que ser como un faro en la vida de los hijos. Útil en ocasiones peligrosas, constante, fijo. Pero no los acompaña uno en la travesía. Tienen que poder ir solos, alejarse, afrontar el mar y sus tormentas.

Tal vez el punto no es que uno se vuelva completamente irrelevante. Sólo no indispensable. Y por eso también estoy agradecida.

La última vez

Le hacemos la fiesta a las primeras veces porque son fáciles de identificar. Los cumpleaños, aniversarios, besos, viajes. Sabemos bien cuándo fue el primero. Lo celebramos. Y vivimos como si sólo fuéramos a tener primeras veces.

Aunque nos gusta repetir que lo único constante es el cambio, dejamos sin nombrar que lo verdaderamente seguro es la muerte hasta que nos agarra la mano. Y allí ya uno poco puede hacer.

El problema con las últimas veces es que no vivimos fijándonos. Ni en nosotros ni en los demás ni en la vida. Nos tratamos de olvidar que todo puede ser una última vez y lo damos por sentado. No es cuestión de vivir angustiado. Es simplemente finarnos. Para grabar el momento, cualquiera. Yo tengo completamente seguro que no sé mi tiempo restante. Que las cosas cambian siempre. Que las personas se van, no sólo se mueren. Se van. Los esposos se aburren y se van. Los hijos crecen y se van. Y las últimas veces son importantes. Mejor le pongo atención a todo.