El límite del interés

Más que gusto, creo que el interés es lo que determina el éxito de una relación. De cualquier naturaleza, hasta la que uno tiene con la comida. Esa motivación que lo mantiene a uno queriendo saber más de algo es de los mejores indicadores de una relación de largo plazo. A veces hay que forzarlo un poco, como la disciplina que uno ejerce aunque no la tenga en ese momento. Pero el esfuerzo es la gasolina del motor.

Todas las personas tienen algo interesante qué contar. No estoy diciendo que tenemos que conocer e interesarnos por todas y cada una de las personas con las que tenemos ni mediano contacto, creo que no sería sano. Pero sí estoy considerando mejorar mi calidad de atención cuando estoy con los míos, sobre todo con los que tengo más años de convivir. Es una pena que se dé por sentado la existencia del otro, sólo porque uno cree que lo conoce. Hay que considerar que uno mismo cambia todo el tiempo y que vale la pena estar atentos de las transformaciones de los demás.

Tomarse el tiempo para fijarse, es querer. El interés es el faro que nos indica si queremos seguir en el camino o no. Vale la pena encender esa luz.

Recibir

Cuando me gusta algo, me aferro. Es malo, lo sé, pero prefiero que no se me escapen las cosas. El problema de eso es que no puedo sostener nada más. Se me olvida la premisa básica de jugar yax. Uno tiene que soltar uno para agarrar otro.

Es el mismo principio de cualquier recipiente: debe estar vacío para que quepan cosas. Eso tiene que ver con hacer espacio. Aplica para cualquier cosa, hasta el corazón. Hay que estar preparado con una mente abierta para recibir nuevas experiencias.

Tengo que aprender a estar preparada para recibir. No es lo mismo cuidar lo que uno tiene a ahorcarlo.

Otra vez

Regresamos a un lugar desagradable en circunstancias distintas a las anteriores. Como podemos regresar a situaciones incómodas con nuevo conocimiento.

A veces siento que la vida se repite desde otros ángulos para darnos la oportunidad de tomar decisiones distintas. Es la única manera de salir de la espiral.

En el budismo se habla del Samsara, esa rueda llena de sufrimiento que debemos trascender. Tal vez no es que sea un rompecabezas esperando a ser descifrado. Tal vez es simplemente una escultura que debe verse por muchos lados para entenderla.

Lo que quiero

Hace algunos años yo decía que si lo tengo que pedir, ya no lo quiero. Ridículo. ¿Cómo va a saber la gente qué darle a uno si uno no lo dice?

Creo que es una cuestión de no querer ser rechazado. Exponer una necesidad es ponerse vulnerable. Y eso es estar en peligro que lo lastimen. Pero no hacerlo, significa nunca sentir por completo. ¿Y de qué sirve vivir así?

He aprendido a ser clara cuando expongo lo que quiero. A ser flexible porque la otra persona puede tener una idea más interesante. Y a no aceptar menos.

En movimiento

Tengo una semana entera de manejar sin parar. Necesito dejar de moverme. Estar tranquila. Pero no veo en el horizonte un momento para descansar.

En general, la vida se define como el movimiento independiente. Estar vivo es no estar quieto. Todo nuestro cuerpo está hecho para funcionar bien cuando se usa. Uno de los marcadores de longevidad y buena salud tiene que ver con movimiento.

Tal vez no debo quejarme de tener que ir a todas partes. Aunque sería ideal que no fuera en tanto tráfico.

Nada qué hacer

Durante toda la vida de mis hijos, he tenido el privilegio de estar presente. Detesto la palabra «sacrificio», porque implica una renuncia dolorosa a algo que me gustaría hacer más que lo que estoy haciendo. Es mejor decir que «prefiero» hacer algo. Y no es porque la maternidad y la domesticidad sean un camino sembrado de rosas en el que nunca sucede nada malo y siempre me sienta apreciada y recompensada. Puedo decir que cada vez que escucho la pregunta «¿Y qué haces?», se me retuerce el hígado. Y, también, cada vez que tengo un par de horas sin ocupación en mi día, me da cargo de consciencia, como si estar en constante movimiento fuera mi única justificación de existir.

La realidad es que me cuesta cuantificar mi valor como ser humano con las medidas de éxito actuales. No produzco nada. No doy ningún servicio facturable. No rindo cuentas de un trabajo con atribuciones claras. Y lo que hagan mis hijos en sus vidas va a tener tanto qué ver con cómo los he criado, como con las cosas que ellos mismos escojan. En blanco y negro, mi vida es un desperdicio. Pude haber tenido una carrera reconocida en mi profesión. Podría estar ganando mucho dinero actualmente. Y podría ser la persona menos trascendente de la existencia si hubiera tomado ese camino.

Cada vez tengo menos actividades en las que tengo que estar directamente involucrada con los niños. Cada vez son menos niños. Pero no dejo de ser una presencia importante. No dejan de buscarme para hablar. Y no dejo de morderme la boca y ponerme peso en los pies para no solucionarles la vida entera, porque lo que yo quiero es que no me necesiten. Raro eso de trabajar con la meta específica de volverse uno obsoleto. Mi vida ha tomado un giro en el que no me vi para nada hace veinte años. No es lo que yo hubiera querido, pero es lo que hay y tengo que adaptarme. Lo que sí me queda clarísimo es que tomé la mejor de las decisiones cuando preferí el camino que me tiene aquí hoy. Y eso, para mí, define mi éxito.

Lo único razonable

Abrimos una tapadera de la planta de tratamiento y encontramos mi escalera. No hay muchas explicaciones que sirvan. Y la que queda no le gusta a una de las partes.

Uno muchas veces se encuentra ante situaciones para las que debe encontrar soluciones. Independiente de la causa. Los inicios, conocerlos y examinarlos, sólo importan verdaderamente para el crecimiento personal y se tratan en terapia.

Me tienen que dar uns solución porque la única forma de explicar cómo llegó la escalera allí, es porque hicieron mal su trabajo. Y no me importa por qué. Sólo quiero que lo arreglen.

Coincidencias

Estaban revisando la alarma cuando se fue la luz. No tiene nada qué ver una cosa con la otra. Sólo pasaron al mismo tiempo.

Uno cree que todo tiene una correlación. O una causa sensible. Y no siempre. A veces pasan porque algo detona el evento sin que jamás sepamos qué fue. Y creo que eso es de las cosas más difíciles de aceptar.

Yo siempre quiero saber por qué pasan las cosas. Y tengo mucho tiempo de no encontrar el motivo de las cosas más difíciles. No me queda otra que simplemente seguir. Es lo que hay.