Caminos

Hace poco tuve una conversación que me dejó con mucho qué pensar. No es la primera vez que sale el tema de una u otra forma. Tampoco la primera vez que considero todo lo que implica. Pero cada vez tengo más claridad para mi respuesta. Una conocida me preguntó, con algún grado de aire de superioridad, el por qué yo había dejado de trabajar en mi carrera. Implicando que la decisión de quedarme cuidando a mis hijos había sido un desperdicio de vida. A los dos días, el mayor me dijo que creía que él, de todos sus amigos, era quien mejor se llevaba con su mamá.

Se habla ya en muchas partes de esa incapacidad de tomar dos caminos al mismo tiempo. A nosotras las mujeres, en esta época, se nos pide que tengamos carrera, trabajo, familia, buen cuerpo, cultura y buen carácter. Escojan. No se puede todo. Y desvalidar la decisión de trabajar fuera de casa o trabajar dentro de casa, es tener poco respeto por la vida de los demás. Yo quisiera tener independencia económica, por supuesto. Me encantaba mi trabajo y me gustó mucho todo lo que hice. Criar a mis hijos no era mi opción natural. Es imposible ponerle un marcador objetivo al éxito o fracaso de mi decisión. Y, aún así, lo volvería a hacer.

No es un desperdicio no seguir una carrera. Tampoco es un sacrilegio hacerlo y pasarle el cuidado de los hijos a terceros. Hay historias de éxito y fracaso en ambas partes. Yo sé me queda mucho por hacer de mi vida profesional mientras los niños me van necesitando menos. No donde dejé la anterior, pero sí con una nueva. Y, en absoluto, mi vida ha sido un desperdicio.

Con miedo

La niña me tiene nerviosa. Y sé que todo va a ser maravilloso. Pero me muero de la angustia.

Si uno se quedara sin hacer cosas simplemente porque tiene miedo, la humanidad no hubiera salido de su cueva. Tenemos dentro dos fuerzas igual de fuertes pero opuestas que nos han hecho la especie que somos: por un lado, la gana de estar cómodos; por el otro, la necesidad de explorar. Sin una de las dos, seguramente nos hubiéramos extinguido.

Las cosas se hacen. Indiferente de cómo nos sintamos. Y todo va a estar bien.

Cuestionamientos

Estar con alguien que se interesa, implica contar. La vida, las creencias, los errores, los miedos. Uno entra en una especie de intercambio de experiencias y qué tan difícil sea tiene mucho qué ver con cuánto está satisfecho uno de lo que hizo.

El problema de creer que uno no volvería a cometer los mismos errores es que uno no entiende que tomó la mejor decisión disponible en el momento. Si volviera a pasearme por mi pasado, lo repetiría. Lo único que se puede cambiar es el futuro.

Aunque me dé vergüenza no haberme querido más antes, me tengo cariño ahora y me perdono. Sólo así puedo cambiar lo que viene.

Todo va a estar bien

Las cosas tienden a resolverse. No necesariamente como uno quiere, pero allí es donde vale la pena aprender a dejar ir. No el principio del asunto, sí la forma. Hay varias maneras de llegar al mismo sitio, todas con aprendizajes.

Ante los retos, las personas o se marchitan o florecen. Quisiera pensar que he aprendido a enfocarme en lo que importa. Que no vale la pena trabarse con lo que no salió como planeado. Que busco estar mejor, no necesariamente como me lo imaginé. Es un constante desafío para alguien que ha aprendido a que le gusta el control, pero que no sirve de nada.

Me encanta que me digan que todo va a estar bien. Y luego hacerlo que suceda. Porque, al final, todo lo está.

Olvidos extraños

Y se llega el día cuando uno olvida hacer algo que viene haciendo desde hace 17 años, todos los domingos. Porque el día fue extraño. Porque me acosté tarde. Porque tengo la cabeza en otra parte. Por lo que sea. Pero se me olvidó.

Cambiar la rutina cae bien. Renueva las ganas. Da otra perspectiva. Y nos saca de lo usual. Aunque lo cotidiano sea como rieles que nos mantienen en camino, salirse de lo usual ayuda a apreciarlo.

Ya. Igual ya hice lo que me tocaba. No pasó nada malo. Sólo no pasó ayer.

Dejarse

Caminar solo es caminar más rápido

pero la velocidad no es lo mejor

se pierde el sentido del camino

que no es llegar a la meta, solo,

es haberlo compartido.

De película

Pensamos que nuestras vidas no son lo suficientemente interesantes como para ser contadas. Las obras literarias tratan acerca de personas con historias gigantescas. ¿A quién podría importarle nuestra existencia? Pero esa vivencia común es lo que nos une como seres humanos. Además, cada uno tenemos nuestro propio punto de vista subjetivo.

Vivimos en sociedad para sentirnos acompañados. Y registramos nuestra existencia de alguna manera para sentirnos únicos. Y, entre esos dos extremos, está buena parte de lo maravilloso que es vivir.

No todo de nuestro día merece ser contado. Pero sí todo vale la pena vivirlo con intención e intensidad. La película de cada vida es, en su mayor parte, hecha para un público de uno. Más nos vale interesarnos.