Buenas conversaciones

Tener hijos adolescentes es toparse con lo que uno ha sembrado durante años de crianza. Al final de los años más complicados, el hecho de conocerlos y platicar es el fruto de haber estado atento, dejándolos crecer, poniéndoles límites y siendo papá, no amigo. Es difícil. Lo que más me ha costado es darles espacio, cuando lo que quiero es tenerlos pegados como con goma de carpintero.

Los seres humanos somos los animales que más tiempo vivimos con nuestros padres. Porque nada tenemos de instintivo, todo aprendido. Y así, nuestra composición emocional, social, lógica, todo, tiene qué ver con esa voz interior que nuestros padres nos dejaron grabada. No quiere decir que no podamos trascender cualquier carencia. Simplemente es que tenemos un adn emocional y que nos toca navegar la vida con ello. Es lo que hay.

No siempre logro estas conversaciones. Nunca pienso que creen que soy su amiga. No es lo que quiero. Yo quiero ser su mamá. Sólo tienen una, al final del día. Y eso requiere un balance entre la distancia y la cercanía que todavía no termino de afinar. Para todas las metidas de pata, que seguro las hay en abundancia, está la terapia.

Conocerme

Hay situaciones que manejo mal. Y las identifico perfectamente, puedo predecir cómo voy a reaccionar y saber que no me voy a caer bien. Y aun así, hago lo que no debo.

Tenemos botones emocionales que nos detonan más allá de lo que podemos controlar. Cavernas que se formaron por dolores en nuestra crianza que se vuelven parte del paisaje de nuestras vidas. No son bonitas. No se pueden quitar. Son lo que son. Nos queda aprender a aceptarlas y tratar de iluminarlas lo mejor que podamos.

Tengo el botón de la insuficiencia contiguo a la necesidad de quedar bien. Es horrible cuando apacho los dos al mismo tiempo.

Una tercera parte

Tengo mis trastos y los de mi mamá desde hace veinte años. Y los conservo, porque no hay forma de sacarme de la mente que no puedo sacarlos. Hasta hoy. Los puse todos en el mismo lugar y escogí lo que más me gusta. Hay cajas sin abrir y así se van a quedar. Si no las he usado en 20 años, no me hacen falta.

Uno debería limpiar todo con regularidad. Sacar lo que no usa. Dejar de guardar. Viajar ligero. Una de las mejores cosas de la vida es aprender qué es lo verdaderamente importante y quedarse con eso.

Me quedé con demasiado. Lo entiendo. Pero ya tomé un primer paso. Lo que sigue es más difícil.

Bajo ataque

Me están tratando de hackear la cuenta de Telegram. Es estresante porque se siente uno desvalido. Y uno hace lo que puede.

Cualquier violación de espacios privados es horrible. Y, ahora que tenemos nuestra vida en el teléfono, hasta peligroso.

Espero cortar el asunto por lo sano. Si no, hay que tomar otras medidas.

Un duelo

Mi año ha comenzado con pérdidas significativas. Eso, en una vida que ya conoció pérdidas. Tal vez la diferencia es que las siento muy seguidas.

No estamos preparados para los duelos. Para dejar ir. Para perder. Nos hacen falta herramientas emocionales y tiempo y apoyo. Y la valentía para sentir el dolor. Eso es lo que cuesta. Sentirlo y agotarlo.

Ahora también le estoy ayudando a mi hija a vivir un duelo y eso me cuesta aún más. Pero ya lo aprenderemos juntas.

Tacos

Dijiste algo y ella estalló en carcajadas

la salsa picante entre los tres

yo participo, ya no dirijo

y mi corazón se repara con polvo de oro

la dicha de llevarlos a comer tacos.

Cumplir tu edad

Te deseo, hijo mío, que siempre tengas esta edad guardada en algún lugar de tu consciencia. Que el mundo te siga siendo nuevo y que te sigas sintiendo su dueño sin conocerlo del todo. Que mires el futuro como una lista de posibilidades sin fin. Que tomes decisiones con valentía, sabiendo que eres dueño de sus repercusiones. Que te enorgullezcas de lo que puedes lograr y que te esfuerces para hacerlo.

Te deseo, hijo mío, que conserves la dulzura que te hace preocuparte de los demás y el amor propio para no ahogarte en los mares que no te corresponden. Que escojas bien a quiénes te rodeen, porque son tus espejos. Que te pierdas y te encuentres siempre, teniendo cuidado de no perder tus mejores relaciones en el camino.Espero, hijo mío, que la distancia de vida entre nosotros cada vez se acorte más y que me permitas seguirte acompañando en el camino a ser adulto. He aprendido a ser mejor contigo. Espero que los errores que cometas te hagan mejor, no más duro. Espero que ames y te amen. Espero que siempre encuentres cómo llegar a la felicidad, aunque no siempre estés allí.

Sobre todo, hijo mío, deseo que siempre sepas que te amo.

¡Feliz cumpleaños!!!

Afinidades

Encontrar gente con quién platicar a gusto es un regalo a cualquier edad. No sólo hacer monólogos porque uno quiere lucirse o quedarse callado porque no hay nada qué aportar. Una de esas conversaciones interesantes en las que uno quiere conocer y que lo conozcan.

Los seres humanos evolucionamos para estar acompañados y conocer a los que tenemos alrededor. Nos hace mejores. Nos mantiene sanos. Nos da felicidad. Sabernos apreciados y apreciar. Es parte de lo que nos define.

Así que encontrarnos en otro es un regalo. Y se aprecia aún más cuando uno ya no es tan joven. La vida está para compartirla.

Decisiones

Estoy planeando viaje con los chicos y no les estoy preguntando si les gusta el destino o no. Porque hay cosas que no saben si las quieren porque no las conocen. Y porque yo pago y yo decido.

Nunca he creído que en familia las cosas deban ser democráticas o igualitarias. Es una jerarquía bien delimitada, con obligaciones y privilegios que no son intercambiables. Obvio, esto aplica con los hijos que viven con uno. Y mientras hay una clara distinción de posiciones. No sé cómo será tener hijos adultos. Ya lo averiguaré.

Para mientras, sigo haciendo planes inconsultos, antidemocráticos, dictatoriales y enteramente propios. Y sé que, sea lo que sea, será una magnífica experiencia.