Emergencias

Soy excelente en una emergencia. Mantengo la calma, encuentro soluciones, tomo decisiones y hago lo que hay que hacer. Es bueno eso. Me han tocado más emergencias de las que quisiera. La sensación es de vacío de sensaciones. Hay un momento de no sentir, sólo hacer. La emoción viene después.

Han descubierto que, ante una amenaza, el ser humano pelea, huye, o se queda congelado. Es genético, supongo. Aunque me pregunto cómo pasaron sus genes los que se quedaron congelados como boquita para el tigre. Es bueno saber en qué categoría cae uno, pero muy difícil hacerlo antes de la emergencia. Y después, tal vez no sirva de mucho.

La adrenalina me deja temblorosa y agotada. Yo sé que necesito un lugar donde me digan mi mentira favorita y me sirvan algo de tomar. Pero no lo tengo y eso requiere otra clase de habilidades que no son tan distintas de cómo reaccionar.

Los tiempos

Sin querer sonar trillada, si he aprendido que hay un momento adecuado para todo. Forzar las cosas generalmente las rompe.

Mi papá decía que todo tiene modo y que siempre es suavecito. Si metemos la llave equivocada en la chapa y la forzamos, se rompe. Así con nosotros mismos. Que no quiere decir que no nos esforcemos. Sólo que vivamos bien la etapa que nos toca.

Trato de no saltarme mis emociones porque termino regresando a la peor y con más ganas. El esfuerzo está en sentirlo todo y seguir adelante.

Hasta aquí estamos bien

Comienza el SuperBowl. Los Pats llegaron hasta aquí, luego de cuatro años fatales. Yo estoy diciendo que con eso ya me doy por bien servida, es bonito ver al equipo que me gusta no apestar. Pero… ya que están allí, sería maravilloso que ganaran.

Nos esforzamos y en el camino está el aprendizaje. Al menos ese es el ideal. Pero, en una competencia, en la que uno se ha esforzado, creo que llegar al final y ganar es lo que uno persigue. No siempre el no ganar no importa. Y sí tiene mérito sacar un trofeo por ser el primer lugar. Mientras uno tenga muy en cuenta que todo es transitorio y que de nada sirve lo que hizo uno ayer. Allí es donde el caminar el camino del progreso es lo que verdaderamente vale.

Hoy es el SuperBowl y mañana comienza la preparación para el siguiente. Claro que importa el momento, mientras uno vea los que siguen también. Ojalá que ganen.

A todos

Es imposible conocer a alguien sin crear una conexión y que eso haga que uno le tenga más compasión. He aprendido a escuchar y a preguntar acerca de los demás, porque termina siendo mucho más interesante que enfocarme sólo en lo que me pasa a mí.

Ir en el tráfico es un excelente ejercicio para considerar que todos queremos llegar a alguna parte, que nada es personal y que el más abusivo tiene las de ganar. Pero, sobre todo, tener en cuenta que en cada carro va una persona.

Todos estamos pasando por algo. Ninguna vida es perfecta. Y para cada uno, sus problemas son enormes. No es que minimice lo que me preocupa. Es que no soy la única que tiene penas y no puedo esperar un trato especial de un extraño. Ni tampoco abusar de los cercanos.

No tengo ganas

No tengo ganas de escribir. Siento que ya lo dije todo. Aunque mi vida es cada vez más distinta, ya no tengo nada más que agregar.

Hay momentos en la vida en que todo parece irrelevante. No hay más qué hacer, qué agregar, qué avanzar. Y resulta que llega otro día al día siguiente y así, aunque uno crea que el mundo seguramente debería haberse detenido.

Así que sigo escribiendo aunque no le estoy encontrando la utilidad. Ni las ganas. Pero mañana tal vez sí.

Una cosa al día

Estoy arreglando mi casa. Pero lo estoy haciendo muy distinto de como lo he hecho antes. En vez de querer hacerlo todo de una sola vez, me he propuesto hacer una cosa al día.

Los proyectos gigantes tienen cronogramas que, aunque no siempre se cumplen, sirven de guía para avanzar. Lo peor que puede pasar no es atrasarse, sino detenerse.

Pues así va mi progreso. En la casa como en la vida. Una cosa al día.

Al aire

Tengo un frasco de ajos con miel que he dejado fermentar desde hace seis meses. Uso un poco, le meto más ajos más miel y siempre está en un poco de efervescencia. Porque las cosas tapadas y a oscuras tienden a degradarse y no todo tiene las bondades de un vino o una delicadeza culinaria.

La terapia ayuda a sacar las cosas a la luz. A que uno mire esas molestias, les apunte el ojo, las observe y les quite el peso que da lo escondido. Las cosas que no se dicen tienden a acumular todo eso que se acumula en las gavetas que parecen un hoyo negro que atrae toda la basura y da pereza ordenar. Mejor sacarlo, verlo aunque sea feo y decidir si uno se quiere quedar con eso o no.

Tengo muy pocas gavetas en mi casa, así como dejo pocas cosas sin decir. Me acelera procesos de purgas dolorosas. Pero también me reduce la acumulación de cargas. Mejor así.