Los viejos cuentos de hadas servían de arquetipos para enseñarnos. Para generar el deseo de tener una forma de vivir. Para alentarnos a la aventura. Hablan de valor. De amor. De maldad. De trascendencia. Y las hemos arruinado porque las confundimos con pequeños entretenimientos para niños pequeños a los que queremos proteger y mantener… pequeños.
Es bueno actualizar las historias. Es malo degenerarlas. Robarles su significado. Limarles el filo y atemperar lo duro. ¿Qué favor les hacemos a los que tenemos que criar y ayudar a convertir en adultos?
Mis hijos me tendrán que perdonar no haberlos protegido sin restricciones. Haberlos hecho esforzarse un poco. Espero también que encuentren cómo los amo y pueden regresar a casa.
