Es bueno darle importancia a las cosas que las tienen. Las relaciones con los cercanos, las metas por alcanzar, los deseos. Las cosas tienen un peso propio y uno les presta atención que concuerda con el mismo. Pero… rumiar, sobrepensar, apoyarse en expectativas no les da mayor cuidado, sólo las hace más pesadas y se van hasta el fondo.
Yo he confundido muchas veces el cuidado con atormentarme por detalles. Por desbordarme hasta olvidarme de mis propias necesidades y luego quejarme porque no cumplen con expectativas no expresadas. Injusto para todos. En vez que mis detalles se apreciaran como algo bonito, llevaban la carga de un deseo no cumplido por mí misma. Imposible. Y he aprendido.
Ser liviano es más difícil de lo que parece. Hay que dejar ir cosas que parecen importantes. A las que les metemos tiempo y emociones. Y que, de pronto, hasta nos parece que son parte nuestra. Hay que re calibrar esas conexiones neuronales, pensar en lo que funciona. Y dejar ir lo demás.
