Mi hija

Mi hija tiene un infinito en la cabeza

se le sale en el pelo de mar revuelto

la voz de sirena declamando

y los ojos sin color definido.

Mi hija da pasos más largos que sus piernas

baila hasta caerse

y pide sin pena, lo quiere todo.

Mi hija es una pequeña tormenta

no pasa desapercibida

todo lo mueve.

Mi hija es un tesoro ardiente

me quema el corazón

la quiero abrazar para siempre.

Mi hija vuela

apenas le basta el cielo

y yo quiero ser el viento que la lleve.

El tiempo eterno

Abrí el vacío

que separa un segundo del otro

lo alargué

como se estira un resorte.

Quiero que no pase el tiempo

no avanzar

quedarme suspendida

entre dos instantes.

Resguardarme en la nada

en donde no tengo que seguir

sólo estar.

¿Te das cuenta?

¿Viste, Corazón, hasta dónde hemos llegado?

Tu persistencia y mi ignorancia

nos han traído a lugares

que nunca encontramos en un mapa.

Estamos al fondo de un océano, Corazón

y tú sigues insistiendo

en palpitar, qué necio, necio,

y yo casi ni respiro.

¿Te diste cuenta?

Ahora sólo podemos continuar.

Doblé una garza

Doblé una garza, la misma

tantas veces, idénticas las esquinas

distintas todas, nada nunca es igual.

Doblé una garza, mil veces

mis dedos conocen la forma

del papel transformado

en veintiséis movimientos.

Doblé una garza, era un cuadrado

ahora son muchas aves

y aun deshaciendo el doblez

no podría quitar las marcas.

Doblé una garza, vuelan mil colgadas

a mí también me doblo

he hecho tantas marcas

y en todas puedo volar.

El mango de la tarde

Partí un mango que escondía el sol entre la cáscara

me lo comí con un tenedor, no necesité lavarme la cara

igual me supo a la fruta que comía de pequeña

sentada en un puesto en el mercado, esperando a mi mamá

el jugo resbalándose entre mis manos.

Así un mango también puede ser una máquina del tiempo

me devuelve a una niña feliz

que tenía todo lo que quería entre las manos,

y que sabía que regresaría a tenerlo la semana siguiente.

La felicidad puede ser eterna de tantas veces que la sintamos

bocado a bocado.

Derretir el chocolate

Sentados frente al café

hay un momento de espera

hasta que huele como debe

antes sólo es agua

tomar café sin sabor

un remedo de beso sin fuego

¿cómo aprendimos a aceptar menos?

quiero tomarme una tormenta

que se derrita el chocolate al morderlo

sentirle el sabor a la comida

y quemarme entre otra boca.

De vuelta a las preguntas

Comenzamos la conversación

haciendo las preguntas importantes

cuál helado es tu favorito

la canción que escuchas

cómo tomas el café.

Nada es superfluo

cuando te quieres despertar

y saber a qué sabes

antes de decir buenos días.

Es cuando nos dejamos de buscar

en los espacios pequeños

que se destruyen los puentes

y fluye el olvido entre los dos.

Te quiero encontrar en el olor que prefieres

vestirme de tu color

comprar el vino que te guste

saber en dónde habitas.

A veces lo he olvidado

regresar cuesta, se lleva más carga

por eso vuelvo a preguntarte

de qué lado de la cama prefieres amar.

Mi lista de deseos

Quiero un jardín japonés

bambú alrededor y peces en medio

los puentes y cataratas, portales suaves

quiero flores colgantes

a donde lleguen colibríes

colores encendidos, olor a lavanda

quiero una silla bajo la sombra

cerca de donde sopla el viento

protegida de la lluvia

quiero que esté a una puerta de distancia

el lugar en donde te encuentre

hasta cuando no estés.

Una moneda

Le doy vueltas a la moneda que sostengo en la mano

Misma rueda, distintos lados.

Te miro en uno, la cara hacia mí,

en la parte escondida estoy yo.

Compartimos el círculo,

sin vernos.