La música

Quiero aprender

el ritmo que tocan tus pasos

sobre el piso de la entrada

antes de cruzar la puerta

para acompañarlo

con el golpe rápido

del aire acumulado

en mis pulmones

que suenen las cuerdas

del destino que sujetas.

Enséñame a bailar

al ritmo de tus ojos

saltando sobre mi piel.

Contra el frío

La receta contra el frío:

un suéter de la mamá, pasado de moda

té de jengibre, picante y con canela,

una niña pequeña, pegada en la cama,

un gato, o dos, peludos,

deseo de chocolate después de almuerzo

y la esperanza de hacer contigo otro recuerdo.

Un tiempo

Dile al tiempo que se baje de su moto

Claro, ya nadie usa caballos,

hasta aquellos jinetes los cambiaron,

todos quieren seguirle el paso al tiempo.

Miéntele, dile que es porque va muy aprisa

que te marean sus vueltas

y que quieres tomar un respiro,

hasta la cara te ha cambiado.

Cuéntale que se te olvidó cómo se siente

estar parado sin moverse en un mismo sitio,

quieres sentir la brisa, no el viento,

dejar de moverte.

Va a saber que no es cierto

que la vida te da igual cómo pase

la velocidad siempre te ha gustado

no por eso quieres que pare

encontrará mi mano en la tuya

desmontando, al quitarse el casco.

Hasta el tiempo, hermano de la muerte,

sabe cuándo es bueno detenerse.

A la orilla

Todos somos paredes en el mar

no para atajarlo,

cualquier ola salta un muro

para darnos una cara conocida

ante lo que no hemos atravesado.

La orilla de nuestra vida

está rodeada de lo que tenemos por hacer

y cada nueva mano

que le siente el borde a la piel

es un horizonte descubierto.

Voy a construir mi vida

en medio del lugar

que queda por recorrer

entre tu playa y la mía

el océano de por medio

y las olas salando nuestra piel.

Un día como otro

Ya es jueves, mi amor (¿amo el día o a alguien?)

Nos liberamos al fin de la tiranía del martes

Que no existe, sólo tiene nombre.

El jueves sabe al vino de mañana,

aunque mañana venga otro día,

termina en viernes, que siempre se presenta bonito,

al menos nos da la esperanza de serlo.

¿Cuántos jueves pasaremos esperando

a que sea mañana y abramos la botella?

¿Se pierde el mundo sacando el corcho hoy?

Al menos sí se quedaría en el olvido

la ilusión de llegar a otro día,

que es igual que hoy, pero es otro.

Una cortada

Afilé el cuchillo, dicen que es más seguro así,

me corté el dedo, profundo y sesgado.

Sigue sangrando varios días después,

una vez sobre la ropa recién lavada,

otra en la góndola de harina del súper.

Las gotas rojas que parecen llamarme,

una cortada de cuento de hadas,

de ésas por las que se le escapa la vida

a la protagonista encantada.

Poca cosa una herida en el dedo,

no será por allí por donde muera.

Aunque no siempre son las cosas grandes

las que causan los cataclismas.

Nunca se rompió un corazón,

por un amor inmenso,

siempre por uno mezquino y pequeño.

Domingo con pastel

Ya es común que los domingos termine comiendo todo lo que se me antojó en la semana. Que es mucho. Padezco de la enfermedad que mi mamá describía como: «caca miro, caca quiero… y caca no miro y caca también quiero». Todo lo que queremos son las cosas que ya tuvimos en la mente. Pocas cosas las hacemos a impulso sin pensarlo, aún las cosas que parecieran casuales. Ese beso robado ya lo soñamos demasiadas veces, la pelea que saltó por la tarde la discutimos antes ante el espejo y la comida se nos presentó en anuncios, redes sociales y vallas.

La mente es el teatro de nuestra vida, en realidad, todo sucede allí y la realidad sólo es nuestro cerebro dándole forma de simulacro a los impulsos externos que recibe. Si somos finos para describirla, la vida es un juego de realidad virtual que todos compartimos. Eso es liberador.

No dejo de hacer dieta entre semana, pero hoy, mi antojo se materializó en un pastel de chocolate. Y está glorioso.

La orilla del mundo

El mundo termina a la orilla de un muro

la palabra arena separa el agua de ti

se detiene el color de la noche en tus ojos

lanzas el aire que respiras al mar

haces una ola que se despenica

extiendes la mano para tocar la espuma

te topas contra la pared de palabras

que se alza entre mi océano y tu piel.

La orilla del mundo está en tus dedos.