Me voy a morir mañana

Que es cualquier día que no es hoy

en el futuro que viene

pero no sé cuándo.

Me voy a morir mañana

lo sé y no me importa

tampoco puedo evitarlo.

La muerte es una buena amiga

nunca se aparta de mi lado

espero que me proteja de la enfermedad.

Con certeza, sin lugar a dudas,

me voy a morir,

pero no hoy.

Cazar un lobo

Te mandaría en la noche a encontrar la luna sobre un lago

que el viento frío te curta la piel tierna aún, y sientas miedo.

Pasarías noches con hambre, recordando el calor de mi cocina

querrías un plato de algo humeante, que te acaricie el alma.

Te mandaría a pescar un tiburón, los dientes haciendo fila para morderte,

en un océano sin orilla, que la sal curta tu piel dulce y el sol la dore.

Flotarías al límite de las estrellas, viendo cómo se expande la galaxia,

añorarías tu cama firme, sin olas, sin peces y la sombra del techo.

Te dejaría caer por una torre con alas que no se derritan,

que vueles tan cerca del sol como quieras y nunca te desplomes.

Hijo mío, te diría que tienes que cazar un lobo, todos los días,

el que llevas dentro, para domarlo y tener toda su fuerza cuando la quieras.

Y, como todas las madres que han sacado niños queridos al mundo

para que se conviertan en buenos hombres,

continuaré siendo puente, faro, calor, comida, pasado firme, viento, océano,

forjaré cualquier arma que necesites para salir.

Te alejarás, como debe ser, y yo permaneceré para que vuelvas cuando quieras.

¡Felices trece años, pequeño pedazo mío, ve a cazar!

En silencio

Hay un pedazo de suelo

en donde busco la ausencia de ruidos

un lugar en que nada suena a nada

despliego con esperanza la colcha

veo pasar una nube en futuro

hay silencio, por un instante

dura muy poco, menos mal

porque mi vida está llena

de risas, gritos, tambores, música

y tu voz que me llena el alma

aunque no me hables.

Ya no hueles igual

Perdí el perfume de tu piel,

dulce, a leche y nuevo,

yo olía a vida derramada

y nos alimentábamos por las noches

yo a ti con leche

tú a mí con el universo en potencia

sostenido entre mis brazos.

Guardé un poco en mi memoria

que insiste en asombrarse

cuando entro en tu cuarto de aprendiz de hombre

un olor a algo salvaje en espera

se escapa ahora de tu ropa.

Ya no eres mío, no cabes en mis brazos,

pero sigues llenando mi vida

del universo en expansión.

Un camino

Tomé el camino de espinas.

Da lo mismo, el otro igual tenía

pero aún están lejanas

y el sol me besa la piel.

Sé que va a doler

a veces hasta corro

para que se claven de una buena vez

y en esa velocidad

puedo engañarme

creer a medias que vuelo.

Quiero llegar al final

porque no sé qué hay después

tal vez al otro lado del dolor

encuentre todo lo demás.

Floréame

Murieron los rosales

los quitaron y yo no sé plantar otros

la enredadera de flores fragantes

quedó en casa de la vecina

a mí no se me quieren pegar sus vástagos

las lavandas se las llevan las palomas

me hace falta la cacería

poca grama en tanto jardín.

En toda la aridez

de mi poca habilidad con lo verde

me consuela ver que mis cactus

florean.

Igual que yo.

La belleza

Todo lo que sé de la belleza

se lo aprendí hoy a un plátano maduro

pasado de viejo, de mal color y peor aspecto

sin posibilidad de salir en una portada

atrás sus días fotogénicos

arrugado, si tuviera ojos, los rodearían surcos

no le quedaba nada de firme

más cercano el ataúd de la basura que el árbol de su nacimiento

totalmente inapetecible, por fuera,

pero un tesoro de dulzura por dentro

perfecto para comerse entre risas de almuerzo

bello, inmensamente bello.

Más de un color

¿Has visto el azul imposible

del cielo antes de sacar a jugar al sol?

Te enseña la profundidad del universo

el momento cuando estalló.

Salieron todos los colores y ese azul.

No se puede pintar, ni poner en una tela.

También el del mar frente a la playa negra,

cuando está revuelto y no sabes si es gris,

o trae todo el verde del mundo,

mezclado con sal, arena, deseo de romper.

Tal vez ese es el color de la muerte, bello, frío, un poco sucio.

El anaranjado del fuego sobre la madera,

todo calor, peligro, huele a noches juntos.

Y luego está el color que se va,

cuando tú no estás.

No saber

No sabemos, al término de nuestros días

cuántas veces no nos escogieron

ni de quién podemos ser

el riesgo no tomado que se lamenta.

Contemplaremos nuestras vidas

con recuerdos de lo hecho

y añorando lo evitado,

sin tener la historia completa.

Alguien más se recuerda

del camino no escogido

y se lamenta

de lo que dejó de hacer.

Ella no, nunca supo.

Verte arder

Quiero sentarme

a la orilla del mundo

el calor del fuego en la cara

la sombra del futuro a la espalda.

Le prendí fuego a los barcos

ya no los necesito

no pienso volver.

Verte arder, corazón,

necesitó quedarme

a encender la mecha

soy la que se quema con las naves

y la que las mira en la playa.

No hay regalos

sin sacrificios.