Más de un color

¿Has visto el azul imposible

del cielo antes de sacar a jugar al sol?

Te enseña la profundidad del universo

el momento cuando estalló.

Salieron todos los colores y ese azul.

No se puede pintar, ni poner en una tela.

También el del mar frente a la playa negra,

cuando está revuelto y no sabes si es gris,

o trae todo el verde del mundo,

mezclado con sal, arena, deseo de romper.

Tal vez ese es el color de la muerte, bello, frío, un poco sucio.

El anaranjado del fuego sobre la madera,

todo calor, peligro, huele a noches juntos.

Y luego está el color que se va,

cuando tú no estás.

No saber

No sabemos, al término de nuestros días

cuántas veces no nos escogieron

ni de quién podemos ser

el riesgo no tomado que se lamenta.

Contemplaremos nuestras vidas

con recuerdos de lo hecho

y añorando lo evitado,

sin tener la historia completa.

Alguien más se recuerda

del camino no escogido

y se lamenta

de lo que dejó de hacer.

Ella no, nunca supo.

Verte arder

Quiero sentarme

a la orilla del mundo

el calor del fuego en la cara

la sombra del futuro a la espalda.

Le prendí fuego a los barcos

ya no los necesito

no pienso volver.

Verte arder, corazón,

necesitó quedarme

a encender la mecha

soy la que se quema con las naves

y la que las mira en la playa.

No hay regalos

sin sacrificios.

Una vez

Alguna vez

diré que había una vez

de ésas que se le cuentan por las noches

a veces, a los niños a la orilla del sueño.

O recordaré cuando la mente

de vez en cuando salga flotando

entre el océano de lo vivido

y lo anhelado.

Y si tuviera que contarlo

ya pasadas tantas veces

con la memoria dorando los momentos

igual no lo haría.

Hay historias que se guardan

a las que no se les pone de tope

un “fin”, aunque ya no estén

la eternidad también es no contarlas.

Una tormenta

Me acerqué a besarla

los pasos iluminados

en segundos eléctricos.

Todo inmediato

impulsivo por precario.

La tormenta tuvo calma

el viento suspendido

en la pausa antes

y yo también esperé.

Poco puede hacer

una mujer deseada por la tempestad,

sólo dejarse llevar.

Comienza el juego

Alguien afila las armas

calza los caballos

sale a probar cascos

escucha el golpe sobre un escudo.

Nadie prepara el viento

saca al sol de las montañas

escoge el color del llano

manda a llamar a los pájaros.

Todos se reúnen en el tiempo

los lugares son indiferentes

cualquier lado del campo

sirve para quedarse.

No importa el color de la armadura

los cuerpos huelen igual

al quemarse en la pira

los dioses son ciegos.

La música

Quiero aprender

el ritmo que tocan tus pasos

sobre el piso de la entrada

antes de cruzar la puerta

para acompañarlo

con el golpe rápido

del aire acumulado

en mis pulmones

que suenen las cuerdas

del destino que sujetas.

Enséñame a bailar

al ritmo de tus ojos

saltando sobre mi piel.

Contra el frío

La receta contra el frío:

un suéter de la mamá, pasado de moda

té de jengibre, picante y con canela,

una niña pequeña, pegada en la cama,

un gato, o dos, peludos,

deseo de chocolate después de almuerzo

y la esperanza de hacer contigo otro recuerdo.

Un tiempo

Dile al tiempo que se baje de su moto

Claro, ya nadie usa caballos,

hasta aquellos jinetes los cambiaron,

todos quieren seguirle el paso al tiempo.

Miéntele, dile que es porque va muy aprisa

que te marean sus vueltas

y que quieres tomar un respiro,

hasta la cara te ha cambiado.

Cuéntale que se te olvidó cómo se siente

estar parado sin moverse en un mismo sitio,

quieres sentir la brisa, no el viento,

dejar de moverte.

Va a saber que no es cierto

que la vida te da igual cómo pase

la velocidad siempre te ha gustado

no por eso quieres que pare

encontrará mi mano en la tuya

desmontando, al quitarse el casco.

Hasta el tiempo, hermano de la muerte,

sabe cuándo es bueno detenerse.