Mi cuerpo me avisa
que te quiere
que me quieres
y me duele
porque nacer
o volver a hacerlo
duele. Y está bien.
Mi cuerpo me avisa
que te quiere
que me quieres
y me duele
porque nacer
o volver a hacerlo
duele. Y está bien.
Me falta juventud
o estar delgada
o ser más amable
o callar mejor
o hablar lo justo
me falta ser
nunca es suficiente
nunca lo fue
hasta ahora.
Lo que dices que te dije
las cartas que me enseñas
las canciones que escuchaste
el peso de mis manos
no lo recuerdo, no te recuerdo
no quiero recordarlo.
He tenido demasiado tiempo
el puño cerrado porque creía que era mejor
retener.
La indignación, la rabia, la impotencia,
la tristeza, la decepción.
Un puño cerrado es símbolo de lucha
de dar golpes y hacer daño.
Pero sólo me dolía a mí.
Ahora llevo las manos abiertas
y se me cae la frustración al suelo.
Sólo una mano suave puede dar una caricia
y puedo agarrar otra.
La dulzura se lleva por dentro
sin necesidad de retenerla.
Me gusta cuando te vas
dejas el cuarto revuelto
y a mí en calma
lo aprecio mejor porque no es siempre
aunque no me molestaría que lo fuera.
Mientras eso pasa
seguiré viendo como te vas
esperando que regreses.
No te puedes llevar nada
ni las risas, ni las noches,
las comidas, el vino,
los besos, ni el amor
lo mío que te haya dado
puedo volverlo a hacer.
No sé cómo vivir sin sentir
quiero estar inmersa en todo
lo lindo y lo que duele
hasta que me consuma
no sirve tener fuego si no es intenso.
Me gusta que me digas
qué versión mía conoces
porque es la más feliz.
Si las cosas
fueran como las quise
el hubiera existiría
y tú también.
Te estás yendo desde que viniste
cuando dehabitaste mi cuerpo
dejaste de tomarme la mano para caminar
te fuiste solo a amigarte con gente desconocida
desde que sales con planes propios
y se me rompe el corazón.
Se me rompe y me lo llenas de orgullo
de ganas que te vayas, crezcas
que nada en el mundo te quede lejano
y que siempre quieras regresar.