No me digas

No me digas que me amas

con dagas entre los ojos

las manos que desgarran

besos que matan.

No me digas que me amas

detrás del muro

donde te retiras

para no sentir.

No me digas que me amas

si no puedo acercarme

con fuego en la voz

el remolino en el pecho.

No me digas que me amas

si no entregas todo

aceptando lo que doy

que siempre lo ha sido

todo.

Las frases de la Historia

El universo empieza con una orden

Nace la luz, se parten las aguas, hay tierra

Una voz anuncia portentos

En todas las creencias.

Vuelan las serpientes

Nacen héroes

Mueren vírgenes.

Iniciamos la vida con un grito

La dejamos sin despedirnos.

Más allá de tu voz

Está lo que dejaste

Detrás de la última frase.

Tregua

Habitas en la pausa del aire

que entra y sale de mi vida

una marea que azota la playa del deseo

me das tregua en cada ir y venir

para que apenas viva sin ti

el pájaro que no vuela

un caballo sin correr

sin ti no soy quien soy

me lleno de espera

y tú que te vas para volver.

Entre los ojos

Tienes dos espejos

Entre los ojos

Para verte mejor, dices

Saboreándome la piel con tus palabras.

Yo creo que los tienes

Para reflejar al mundo

Devolverle su imagen

Más pura por pequeña. 

Los espejos son crueles

Desnudan y devoran

Tus ojos también 

Por eso aquí estoy. 

Pivotear

Te encuentro en el lugar

En donde “vete” y “regresa”

Son lo mismo.

Hay palabras que giran

Sobre su eje

Blanco/negro, amor/odio.

Los opuestos no se excluyen

Son el principio y fin

De una oración que no termina.

Y, entre un te quedas y te vas,

Justo al medio de tu tiempo

Estoy yo.

Ver arder

Nos sentamos a la orilla de la tierra

donde el mar la llega a tocar

el calor del fuego pegado a nuestro rostro

la espalda un muro contra el viento.

Vimos las naves arder.

Quien contempla las llamas

no es quien enciende el fuego.

No da tiempo de saltar

de un barco encendido.

En pedazos

Desmadejo mis venas

Te entrego un hilo

Mi sangre la dirección

Para que llegues a donde estoy.

Allano con palabras

El camino

Las formo del aire

Que dejo de respirar.

Hago yesos de mis manos

Las gastas en paredes

De esquinas confusas,

Pasillos oscuros.

Me deshago entera

Haciéndome camino.

Por escrito

Te lo puse todo por escrito

Palabra por palabra

Metiendo mi voz en la tinta

Mis ojos en los espacios.

Verlo sobre el papel

Inerte hasta que lo leas

Igual que mi piel

Mientras no la tocas.

El tamaño de la grieta

Hay dos pares de manos

que aún son más pequeñas que las mías

se aferran a mí

como si yo pudiera protegerlos

del carro que no miran en la esquina

del dolor de estómago por comer mucho

de la vida que se quieren devorar

de las enfermedades.

Yo las sostengo

calientes y pegajosas y sucias

sorprendida de su peso y tamaño,

ya no son tan pequeñas

y quisiera que no se pudieran despegar jamás.

Aún cuando sé que no puedo hacer nada,

nada,

para protegerlos de lo que se les viene

y se me parte el corazón,

sus manos ensanchan la grieta,

me dejo para que siempre sea tan grande

que quepan dentro.

Se pasó el día

Salió el sol por el horizonte que se mueve para darle entrada

sonó la alarma antes que viera una luz

los desayunos se cocinan a pesar de mi cansancio

y viene un bus a la misma hora: temprano.

Entre ese bus y el siguiente, me ocupo

como si fuera importante

dejo de hablar con gente adulta

o me gasto las palabras de ese día.

No puedo dejar de hacer

la rutina me pone en la dirección que he trazado

desde hace varios años

hacia una meta lejana en el futuro.

Y se vuelve a mover el sol, girando la tierra,

se oscurece el día y quiero dormir,

las cenas se ponen sobre la mesa

las camas acarician cuerpos cálidos.

Y se me pasa otro día, como el anterior,

extrañándote.