Ya no hueles igual

Perdí el perfume de tu piel,

dulce, a leche y nuevo,

yo olía a vida derramada

y nos alimentábamos por las noches

yo a ti con leche

tú a mí con el universo en potencia

sostenido entre mis brazos.

Guardé un poco en mi memoria

que insiste en asombrarse

cuando entro en tu cuarto de aprendiz de hombre

un olor a algo salvaje en espera

se escapa ahora de tu ropa.

Ya no eres mío, no cabes en mis brazos,

pero sigues llenando mi vida

del universo en expansión.

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