Estoy segura que la vida nos pone enfrente, una y otra vez, la posibilidad de tomar decisiones distintas para circunstancias iguales. Podríamos ser muy cínicos y decir que tomamos decisiones que nos llevan al mismo lugar, pero viene siendo lo mismo. Hasta que no aprendemos la lección, la volvemos a tener enfrente.
Hay muchas formas de vivir la vida. En círculos o en espirales. En el primer caso, la pelota no se mueve. En el segundo, avanza, como un proyectil, a cientos de kilómetros por hora. Es la misma pelota, el movimiento es básicamente parecido, pero el resultado definitivamente no es igual.
Me enfrento a una decisión, la misma, más grande. Yo sé cuál es el resultado de tomar la puerta conocida. Y quiero algo distinto. Aunque me aterre.