Prefiero discutir por texto. Me da tiempo de pensar en lo que quiero decir y lo que no quiero decir. Siempre me ha pasado que me quedo con ideas geniales de lo que hubiera podido contestar, dos horas más tarde. Fatal.
Es difícil comunicarse con exactitud cuando uno habla para pensar, como nos pasa a los extrovertidos. Y decir lo que se quiere, cuando se piensa para hablar, como buen introvertido. Y luego están todas esas discusiones que tenemos en nuestras mentes y que quisiéramos poder soltar. Pero no siempre se debe.
Ufff. La cantidad de cosas que no he dicho debería tenerme gorda por tragarme las palabras. Simplemente no quiero derramar veneno que después no pueda recoger. Si la conversación no tiene más finalidad que el desahogo, sin solución, sin crecimiento, he aprendido que no vale la pena. Seguiré imaginando escenarios imposibles y guardando mis ideas. Hasta que se me pase la gana de soltarlo.
