El Amor Callado

Preparar el vestido (o el disfraz en este caso) desde hace meses. Pensar en la piñata, mandarla a hacer, llegar a recogerla. Buscar moldes de pasteles (porque una simple magdalena ya no las hace). Pegar pelos de colores y listones para los ganchitos de las sorpresas con la pistola de goma que quiere despellejarme. Comprar las bolsitas para las sorpresas. ¡Hijuelamadre las bolsitas de los dulces! Ir por enésima vez al súper a buscarlas. ¡Las velitas! Ya. Hacer los adornitos, comprar goma y algodón para forrar los botes de yogurt y convertirlos en nubes con papeles de arcoiris. El algodón me da alergia. ¡No gato, no te lleves el bote! ¡Ala no, se me olvidó la plasticina para meter en los botes para que no se vuelen! Ya. Bueno, armar los botes. Hacer el pastel, comprar el fondant en una tienda escondida entre el trasero del mundo, hornear dos masas. Joder, dos masas no alcanzan. Hornear otras dos masas. Ya. Armar el pastel: dos tortas grandes, se clavan 9 palitos para sostener, un pedazo de cartón, se encaraman las dos tortas pequeñas, otros 6 palitos, otro cartón, lo forro del buttercream para que esté sellado y llamo a mi amiga que sabe hacer pasteles. ¿Qué?! ¿¿¡¡Ya hay que ponerle el fondant???!! ¡No lo tengo! Teñir el fondant a mil por hora. Ya. Estirarlo. Se pega. Estirarlo otra vez. Se pega. Estirarlo otra vez. Está muy pequeño. Estirarlo otra vez (alagranp$%&). ¡Ya! Subirlo al pastel, queda arrugado, lleno de aire, tratar de alisarlo y decir «me pela, es `artesanal´» y proseguir (después me entero que primero se forran las dos tortas de abajo y luego las dos de arriba y se arman ya forradas con el mardito fondant, en fin). Pintar el resto de colores, hacer la melena y la cola, tratar de hacer orejas que no parezcan de conejo en desgracias, sino de pony. ¡Los ojos! ¡Ala gran madre, no dejé fondant blanco para los ojos, me lleva la mamá de OPM! Tijeras, cartón blanco, Sharpies de colores y ¡voilá!, listos los ojos. Rezar fervientemente que el pastel amanezca bien, a pesar de la lluvia. ¡Milagro de milagros! El pastel amanece bien.

Es el día, se llevan todas las mierd.. digo las cosas al lugar del evento en la mañana. Se recogen niños y se llevan el resto de cosas en la tarde. Todo está listo. Llueve. F&@k. Requetecontra f%&k. No se puede poner el saltarín. Me dan otro espacio que, bendito sea Dios, estaba disponible. Y comienza el purrún.

Tres horas de mi vida que pesan como tres décadas, entre ver que no haya ni un niño desmadrado, ni una cabeza rota de un palazo, nada quebrado de las instalaciones, todos tengan comida, alcancen las sorpresas y, sobre todo, una pequeña bella disfrazada de Rainbow Dash Equestria Girl (busquen la imagen en Sn Google) se la goce.

Porque el amor es callado y no hace alardes y mi nena no sabe todo lo que yo me estreso y tampoco tiene por qué saberlo. Ella sólo tiene que saber que yo la amo, que se la pasó contenta en su fiesta y que llegaron sus amigos.

Misión cumplida.

Ver Doble

Tenerte cerca y pensar en loncheras, buses, bloqueador solar, peinar niña, hacer desayunos, oficina, trabajo. Desperdicio de vida compartida el que se nos llene de lo que hacemos para vivir. Cuando lo que quiero es hacer lo que sólo puedo contigo. Las pláticas interminables arreglando el mundo a nuestra manera. Y tomar el vino especial que sólo abrimos para nosotros. Y mostrar mi lado más ácido para hacerte reír, en concurso de quién ahoga al otro primero. Y recordar tu cara descubriéndola de nuevo. Y confirmar que me gustas. Y que es mucho, demasiado. Y que todo eso sólo es el preámbulo para estar contigo y compartirme. Porque la vida la pudiera pasar contigo, solos, saliendo al mundo a comer y nada más.

Pero decidimos vivir juntos el resto de nuestros días y la vida se nos atraviesa.

 

 

 

El Final del Día


Que caiga el sol sobre mi cama llena de gente, dos escuchando y uno leyendo y yo tomando fotos de tres espaldas juntas, borra tráficos, carreras, regaños, enojos. O, mejor, no los borra, les da sentido.

Abrir las puertas de mi casa a amigos que quieren compartirse conmigo, me da una dimensión de lo que he ganado aprendiendo a ser empática.

Servir un vino en dos copas, o cuatro, o diez y comer rico y reír, le da vida a los muebles y demás cosas inertes.

Escuchar mi propio humor ácido salir de una boca de siete años me enseña un futuro lleno de bromas compartidas.

Recibir las fantasías marcianas descritas en un vocabulario mezclado de casi cinco años me recuerda mis propios cuentos.

Ver que mi vida está llena de todas las cosas que no se pueden comprar, sentir cómo se ablanda y agranda mi corazón y que no me alcanzan las palabras para agradecer en dónde y con quién estoy parada. Nunca había querido seguir viva tanto como ahora.

Otra Vez

Hay elementos diferentes en algo que siempre es igual: una iglesia, un comedor, un jardín, el escenario cambia. El sentimiento no. Esa angustia combinada con cólera que me optime entre la garganta y el estómago. Esa impotencia de sentir que regreso a una tortura de la que ya me había liberado. Pienso: «¡Pero si yo ya no estaba aquí!» Y mi lógica dormida trata de enderezar los hechos torcidos de mi subconsciente. Vuelvo a estar con alguien más. ¡Tantos años de esfuerzo por salirme y vuelvo a estar con alguien más! Quiero llorar, pero no sé si salen las lágrimas con los ojos cerrados. Quiero correr y mis pies se arrastran. Quiero pegarle a alguien, gritar, luchar y sólo hay gente extraña. ¿Por qué me persigue esta angustia que sólo aparece cuando estoy dormida?

Tal vez es porque todavía no me creo que mi vida sea feliz. Y pienso que lo pasa cuando estoy despierta es un sueño. Y tengo que regresar a vivir en la «realidad». Desgracia de mente que no acepta las cosas buenas sin querer compensarlas.

Despierto con la tristeza entre los ojos. Casi no quiero abrirlos, por si es cierto lo que soñé. Y me envuelve tu olor. Y es tu calor el que me abraza. Y eres tú quien me saluda. El universo está en pie y yo soy libre.

Mi Mejor Versión

No hay espejo que me enseñe cuál versión existe hoy de mí.

La que todavía salta como niña y rebosa de energía.

La que siente el peso de la adultez en cada decisión que toma.

La que tiene que hacer personas de dos proyectos infantiles.

La sarcástica detrás de un avatar.

O, la que más me gusta, la que se refleja en tus ojos cuando te cambia la cara y me sonríes.

De Noche

Horas llenas de cansansio que llenamos de sueño.

Los niños ya no son parte de la rutina.

Tu peso en mi cama me recuerda que eres real y que estoy viviendo mi fantasía.

Hay gatos por todas partes.

La tele ya no nos entretiene.

Oraciones y buenas noches.

Pants y t-shirts, por aquello de los temblores.

Han sido tantas ya, que ya no recuerdo dormir sola.

La cama grande para que quepas.

La venta abierta, cerrada, abierta, cerrada, no puedo dormir con el ruido, no puedo dormir por el calor, la ventana a medias.

La rutina.

La rutina que nunca es suficiente para esconder que allí estás tú.

El cansansio que no borra las ganas.

Los gatos que salen y se cierra la puerta.

Los pants y t-shirt que igual se quitan, los temblores los hacemos nosotros.

Las horas que ahora están llenas de posibilidades y posiciones.

Y el sueño que nos termina de acompañar.