Un para siempre

Al tiempo se le roban los momentos

porque es un tacaño que sólo quiere seguir corriendo

como si no tuviera él también principio

y olvidara que va a tener un fin.

Ese fin que llega a morir en mi cama

cuando la comparto contigo

y tiene que detenerse, parar,

nada hay sagrado que no se despenique en tu boca.

La piel no conoce de los minutos

sólo siente una mano que le da sustancia

y si cierro mis ojos contra los tuyos

dejo de ver cómo se nos acaba.

Los para siempres llegan hasta el final

o hasta que. me quieras.

Lo que más me gusta

Hemos tomado vino

Comido helado

Leído cuentos

Y poemas.

Hemos dormido

Nos hemos tocado

Besado.

Se arregla el mundo

Cuando estamos juntos

Compartiendo piel.

Y lo que más me gusta

De estar contigo

Sigue siendo el simple

Estar.

Jugar al escondite

El tiempo se me esconde

Un niño jugando al escondite

Sobre todo cuando quiero verte

No lo encuentro, aunque lo llamo

Voy corriendo detrás de él

Haciendo otras cosas

En vez de tomarme un café contigo

Ese pillo se me convierte en la ida al súper

La cama al mediodía en una siesta clandestina

Las idas y venidas entre el cauce del tráfico

Que también parece un tiempo

Habrá que atarlo para que no se escabulla

Llenarnos las manos de él

Y que se escurra entre nuestros dedos

Mientras nos lo gastamos juntos.

Un círculo

Dejamos cosas abiertas

Puertas qué atravesar

Caminos en direcciones contrarias

Los círculos que no se cierran

Son espirales para deslizarse

Y regresar al punto de partida

Cerrarlo es morir a ese momento

Salir rodando al siguiente

Ya no abiertos, sino completos.

En el libro que me diste

Abro el libro de poemas que me diste

En una página cualquiera

He visto a devotos

Abrir así los libros sagrados

Buscando una respuesta profética

Aunque sea para cosas mundanas

Esperan escuchar la voz del dios al que le rezan

En palabras escritas por humanos

Yo sólo busco un poema cualquiera

Escrito hasta por Nicanor

Que me diga que me quieres.

El café no estaba frío

Pedí un café con leche

Llegó tibio, peor que frío

Los casis son peor que un fin

Nos dejan insatisfechos, buscando algo más

Que no nos llega, pero que podemos ver

Así se han destruido amores,

Perdido barcos, olvidado fortunas

La piel que casi deseamos

Los ojos que casi nos hechizan

Los te amos que casi decimos

Nos dejan el sabor del café

Casi caliente. Casi.

La siguiente vez, lo pido sin leche.

Me escondí

No vi el sol al despertar

Tampoco me dejó ponerlo en mi ventana

La noche se me quedó pegada a los pies

Un fango de luz (su ausencia)

La cama navegaba sobre las ganas perdidas

Una almohada ahogada en el suelo

Los pájaros delataban al día

Que seguía escondido detrás de tus párpados

Mi día no comienza hasta que me saludas

Puedo haber hecho la mitad de mi vida

Y empezar a existir cuando me hablas

Hoy me escondí de la puerta del cuarto

No quise insistirle al sol

Que puede quedarse afuera sin entrar más.

Hoy estabas dormido.

Poemas de otra gente

Leo poemas escritos para otras personas

los quiero para mí

La música de las palabras destiladas

hasta ser punzantes.

No hay poema dulce.

Si lo es, no es poesía, es publicidad.

Todos lo que se quedan pegados nos desgarran.

Tal vez por eso no leo tantos

los que más me gustan son los que duelen

y no quiero hacerme daño, no seguido.

Quisiera yo empuñar esa daga

y hacerte que te abras en mis manos

sobre tus manos sosteniendo una página abierta.

A lo mejor sólo necesito encontrar algo escrito por otro

y leértelo para que sea mi voz la que te hiera.