Ver arder

Nos sentamos a la orilla de la tierra

donde el mar la llega a tocar

el calor del fuego pegado a nuestro rostro

la espalda un muro contra el viento.

Vimos las naves arder.

Quien contempla las llamas

no es quien enciende el fuego.

No da tiempo de saltar

de un barco encendido.

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