Un helado

Te hice un helado de limón

porque me gusta lo ácido

tan parecido a tu humor

y frío

ese primer beso

que es el de siempre

en la orilla de mi boca

con el que tiemblo

el hielo también quema

quiero pasar tocándote

hasta dentro de tu piel

convertida en una cucharada

por eso cocino

el embrujo hecho comida

y yo en cada bocado.

Las cosas compartidas

Me quedan tus ollas y batidoras, que sí uso,

las telas y encajes, que ya no,

los sellos que le presto a la niña,

las tintas guardadas en sus cajas.

Intenté decir que eran mías y gastarlas,

no pude, sentí que te borraba,

las metí en un cuarto sin ventanas

y me hace falta verlas porque me haces falta tú.

Mejor pienso que las comparto contigo,

una forma de llevarte a donde voy

es lo que te hace inmortal

al menos en mi recuerdo.

Ya tenía todo

Para cuando te fuiste

ya estaba la cena en la mesa

la cama hecha

las velas encendidas.

Ya había aprendido a hacer arroz

el café lo servía caliente

sonreía por las mañanas

no me hacía falta mi mamá.

Ese día, cuando te fuiste,

brilló el sol entre las nubes

sonó la canción que te gusta

y la pude cantar, al fin.

Aprendí, por cierto, a verme con cariño al espejo

a bajar la voz al regañar

programé las bocinas de la casa,

instalé el internet.

El tiempo que me tomó

caminar como te gusta

lo desandaste ese día,

cuando te fuiste.

Y, aunque estás aquí,

ya no te encuentro cuando te toco

ni me miro en los ojos que me abres

sólo estoy yo, la que quedó.

Esperar al sol

Encendí una candela

y me dormí esperando al sol

la noche oscura, mi sueño sin sueños

ardió sin consumirse

yo desperté antes que la luz

las palabras en las manos

queriendo contar lo que no entiendo

cómo no muero al dormir

cada despertar no es un milagro

con la luz no viene claridad

la cama caliente no quita el frío

y la soledad no se va.

Ayer lo quemé todo,

angustia, desamor, enfermedad

la vela encendida quemó el resto

ojalá se lleve lo que queda de mí.

Fuego

Quiero hacer fuego

Serlo de noche

Arder sin color bajo el sol

Quemar, destruir

Dejar nada en mi lugar

El recuerdo del calor

Una chispa que pudo saltar

El peligro compartido

Apenas una posibilidad

Que dejamos pasar

Dejamos que se apagara

Sin consumirse.

Una expectativa

Se quedó mi boca

a la espera de la tuya

el espacio sin cruzar

los labios expectantes.

¿A dónde llegan

los besos que quiero

y no me das?

¿Te los comes por las noches

entre risas y olvidos?

¿Los guardas como recuerdos

de las cosas que no suceden?

Si te pesaran, esos besos sin entregar,

caminarías encorvado, son demasiados.

Los fui anotando en una libreta

y ya está tan llena, que suspira.

Ojalá se hicieran agua

una corriente que te arrastrara hasta mi faro.

Probaría la sal acumulada

en la comisura izquierda de tu boca.

Me debes muchas cosas

mi lugar seguro, el fin de la tristeza,

el compañero en la batalla,

la vejez entrelazada.

Y todos los besos de tu boca,

que debió ser mía

pero que pediste de vuelta.

Entrego el corazón

Ponemos el corazón en un altar

para que lo sacrifiquen y nos lo devuelvan en pedazos,

pero para eso es la mesa y el cuchillo y el sacerdote,

para destazar, cortar y ver la sangre caer,

aunque luego sirva de unción, o de ofrenda.

O lo entregamos al fuego

porque queremos arder y nos duele el calor,

pero para eso es el fuego y la leña y la llama,

para encender, iluminar y consumir

y terminar hechos cenizas, o carbón encendido.

También lo enterramos para que la tierra lo pudra,

pero para eso es la humedad y lo oscuro y lo oculto,

para descomponer, transformar, regenerar

y tener un mundo nuevo germinando de la muerte.

Aunque a mí me gusta ocultarlo en una caja,

rodeado de cadenas, protegido por fuego,

puñales, monstruos. Por mí.

Es lo único que me queda de los pedazos que me dejaste.

El rugido interior

Escuché un rugido distante dentro de mi cabeza

el ruido del mar atormentado en la distancia

un grito desesperado de alguien solo

una bestia gruñendo en la noche.

Me sentí invadida por mi interior

estuve al borde de un pozo

y quise saltar

dejarme abrazar por la sombra del fondo.

Escuché mi locura

la que siempre se deja con puerta cerrada

acercar la boca al cerrojo

e invitarme a pasar. Allí adentro está muy sola.

Las olas no alcanzaron el límite de mi sanidad

sólo llegué a mojar un pie

no sé si vuelva a tener la oportunidad

de ahogarme en mí misma. Y no sé si no lo haría.

Para lo que sirven las cosas

Vamos a hablar hoy de cosas pragmáticas, para variar un poco;

específicamente de las cosas y para lo que sirven.

Como una cuchara, que sirve para abrir frascos,

insertada en la tapa, deja salir el vacío.

Una silla, queda perfecta en su respaldo,

para poner el saco al entrar a casa, mientras se recibe un beso.

Una manga de camisa, de tela suave de preferencia,

seca lágrimas sin lastimar los ojos que las derraman.

El cuchillo y su punta redonda,

le dan la vuelta al tornillo en cruz.

Y la cama recibe los saltos de los niños

que juegan a volar.

Todas las cosas sirven para algo,

las palabras que son cosas también.

Como las tuyas, dulces,

que usaste para partirme.

Vine al mar

Esperé la siguiente ola

parada sobre la arena sumergida

mi agua mezclada con la del mar.

Sin sol, sin luz,

los ojos en el horizonte

detrás de nubes.

Vine buscando calor

algo por fuera que me encienda

tengo frías las entrañas.

Dejé las ganas de flotar

en el lugar en donde dejé el alma

y no las encuentro aquí.

Estar a la orilla del mundo

como al borde de tus ojos

me dan ganas de volar.

Pero ni me voy

ni me quedo

sólo me muevo en el mismo lugar.

Tal vez a eso vine

a encontrar que no tengo nada

y dejarlo ir.