El tamaño de la grieta

Hay dos pares de manos

que aún son más pequeñas que las mías

se aferran a mí

como si yo pudiera protegerlos

del carro que no miran en la esquina

del dolor de estómago por comer mucho

de la vida que se quieren devorar

de las enfermedades.

Yo las sostengo

calientes y pegajosas y sucias

sorprendida de su peso y tamaño,

ya no son tan pequeñas

y quisiera que no se pudieran despegar jamás.

Aún cuando sé que no puedo hacer nada,

nada,

para protegerlos de lo que se les viene

y se me parte el corazón,

sus manos ensanchan la grieta,

me dejo para que siempre sea tan grande

que quepan dentro.

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