Hasta la próxima luz

Mi sombra baja primero las gradas

haciendo carreras con el gato

el ritual de cada mañana

desde anoche que no la miro

regresa con la primera luz

espero su llegada con el sol

pero enciendo antes una lámpara

la del teléfono, para no caerme del segundo piso

porque el gato siempre quiere ganar

y compiten con mi sombra

halándome para ir más rápido

no sé si podría caminar

si ella no fuera adelante.

Tengo tiempo

Tengo todo el tiempo del mundo

Y lo he evaporado en la cocina

Revisando ecuaciones de matemáticas

Buscando declinaciones germanas.

Me regalaron días sin carro

Que se me van regando plantas

Los duermo en noches atropelladas

En días vestida para no salir.

Ahora hay un saco de minutos

Pidiendo que los llene con palabras

Pero se me escapan todas 

Dando instrucciones a niños inquietos.

Hay mañanas de sol, noches sin cielo abierto

Amigos sin visitas

Vino sin abrir

Comida que me espera para otra cena, no hoy, gracias.

Los gatos saben bien cómo gastarse

El tiempo sin reloj

De los días sin destino

Las puertas de la casa otro adorno más.

Se me va la tarde

Recordando sacar la ropa de la secadora

Preparando una cena más

Y recordando que mañana, tampoco voy a tener tiempo.

Los días iguales

El secreto de cada día es que siempre es igual

el sol sale por el mismo lado del jardín

y trepa por la misma pared para escaparse

dejando que la sombra arrope las plantas.

Pongo el despertador siempre a las cinco,

no teniendo a dónde ir, es importante estar lista.

Si no existieran los nombres,

podría un jueves llamarse lunes

y nos daría lo mismo,

salvo los viernes, porque ese día tomo vino.

Tenemos una cantidad limitada de pasos

entre la cocina y el cuarto,

el conteo da el mismo número

no importa cuántas veces recorramos el camino.

Estos días son iguales.

Pero me están cambiando.

Para quedarte

Si para que te quedes

tengo que recordarte las noches que te fuiste

las mañanas en soledad

las bocas sin besos.

Si tengo que enumerar

las canciones sin oídos

el espacio sobre la piel

que no tiene mano encima.

Sacar a bailar

las veces que no lo hicimos

los deseos puestos sobre el suelo

que nadie recogió.

Si fuera todo eso necesario

para quedarte

dejaría que te fueras

y lo recordaras solo.

Un vacío

Escucho lo que me cuentan

En lo que no me dicen

espacios en blanco

como agujeros vacíos

que succionan las palabras

los recuerdos, las emociones

saltamos esas partes de la memoria

para no cortarnos con su filo.

Yo lo miro todo.

Dejo entrar el aire en ese espacio

agarro lo oculto y lo encierro

sobre papel.

Sabe a vainilla

La muerte sabe a vainilla

La sentimos en la boca con el primer aliento

El dulce que llena todo, desde que aprendemos a comer

Así olía la caja de pañuelos de mi mamá

Los que ahora usa mi hija

Persiste la fragancia de otra persona que ya no huele a nada

Las palabras que decimos para olvidar

Grabadas en el aire que huele a tierra, sabe a sangre

El sabor al fondo de la copa de vino

Una botella abierta para bailar y decir adiós

El dejo amargo de los besos que se dan

Con los ojos abiertos, los labios apretados

Se escucha el sabor en el timbre de voz

De quien nos dice que nos quiere

O que ya no.

Todo sabe a vainilla.

El espejo

Toqué mi dedo en el espejo. Frío. Duro.

Me miro, o eso creo, plana, lejos.

Nadie se mira como es. La luz desviada

en la superficie lisa que rebota en nuestros ojos

ya lleva muchas vidas de diferencia.

Somos los únicos que no conocemos

la curva que hace nuestro cuello

debajo de la quijada. El cabello sobre la nuca.

Me tengo que creer que soy

lo que me dicen tus ojos

cuando me sonríes.

¿Eso querías?

Dejé de escribir tu nombre entre mis labios

solté el olor de tu piel

los recuerdos los borré frotándome los ojos

se ahogó tu voz con la música.

Llegué al final de lo común

me quedé en el borde de lo propio

deshojé las palabras que guardaba

sólo para ti

las dejé partir. El viento es codicioso.

Te dejé, sin esperarte,

sin voltear a ver atrás,

seguí tus instrucciones,

¿eso querías?

La medida perfecta

Medimos el infinito en razón del tiempo

cuando es su total ausencia

no se puede medir algo

con lo que está dejando atrás.

Lo mismo el infinito

que concebimos como el espacio sin límites

pero que no podemos imaginar

sin la presión de encontrarle el borde.

Las cosas sin tiempo y sin espacio

son sueños que no terminan

hasta que despertamos.

Y la única medida perfecta

de distancia y tiempo sin límites

es tu ausencia.

Llueve en Chicago

Llueve en Chicago y hace frío

Lo leí en algún lugar 

Y yo siento calor en donde estoy.

Sentada con una taza de café,

Recuerdo que aún no hemos hecho

Suficientes memorias juntos

Para pasar las tardes aburridas

Y entretenerme pensando en tu piel.

En alguna parte del mundo

Alguien se toma un mezcal

Y yo tengo sal de gusano.

Pero la botella de mi casa está vacía.

Tengo el vino que te compré

Me lo beberé yo

Buscando tu sabor en el fondo.

Siento el deseo de sentir frío

Como hace en otra parte

Una excusa para pedirte un abrazo

Que tampoco está aquí.

El resto de años que tengo prometidos

Pero no contados, nadie cuenta los años,

Los saco para enseñártelos

A ver si los quieres.

Pero me quedo el color de mis ojos

Para poder cambiarlo 

Cada vez que me pongo una camisa distinta

Y te los muestro

O para ver si aún sigo allí

Detrás de la piel que cambia.

Creo que me haces falta.

Tal vez sería mejor que lloviera aquí también.