Pocas veces me han bombardeado con tantos mensajes, poemas, alegorías, cuentos, oraciones, etc., como para el día de la madre. No me malinterpreten, es chilero que le celebren a uno cualquier cosa, más si en un domingo no me tengo que meter en la cocina.
Con lo que sí tengo un serio problema es con el contenido general de los mensajes. Pareciera que uno de madre tiene que ser santa, o sabia, o dulce, o supermujer, o todo eso junto. La figura materna puede ser la que suben al pedestal más alto. Para una persona tan lejana de ese ideal como yo, que soy impaciente, enojada, seca, demandante, encaramarme a esas alturas me suena tan imposible como escalar el Everest.
Mi mamá decía medio en broma que ella había nacido perfecta y sin celulitis. Yo sabía que no era cierto, porque miraba sus faltas y eso me hacía sentirme culpable. La psicología humana es un océano profundo y complicado. No quiero que mis hijos crezcan pensando que no puedo ver y aceptar mis defectos. ¿De qué otra forma van a aprender ellos a evolucionar?
Con los años, adquiero más experiencia. Lo complicado es que la estoy adquiriendo con las metidas de pata que hago ahora. Para mientras, seguiré agradeciendo el desayuno en la cama.
