En la casa tenemos una política con la comida: siempre tienen que probar cosas nuevas, aunque no se las coman. Y tienen que probarlas cuantas veces se las pase, porque los gustos cambian y los únicos que pierden con quitarse la posibilidad de disfrutar de más cosas son ellos.
Por eso es que me siento como una completa hipócrita cuando declaro que X o Y persona me cae mal tan sólo de verla/leerla/escucharla. Me sucede lo suficientemente seguido como para tener lista de gente que no quiero ni conocer.
Y luego resulto conociendo por azar al X o a la Y y quedar encantada. En estos tiempos de relaciones impersonales a través de medios sociales anónimos, decir que alguien nos cae mal es humano, pero no deja de ser tonto (salvo en esas ocasiones emblemáticas en las que resultamos insultados por completos extraños, pasa, créanme).
Ahora, nuestras primeras impresiones de alguien no son necesariamente en persona y eso nos arruina la posibilidad de entrar sin prejuicios a conocernos. No quiero decir que quisiera cenar con todos los de mi tl, por ejemplo, pero es gente con la que comparto mucha parte de mi vida diaria y me encantaría por lo menos poder reconocerlos por la calle.
Así como con la comida, cuando digo que alguien me cae mal sin siquiera cruzar palabra, me estoy castigando yo misma, Quién sabe si esa persona pueda ser encantadora.
