El Diálogo Interno

El cuál, en mi caso, es frecuentemente externo. Sobre todo cuando tengo la oportunidad de ducharme por más de dos minutos. Si todavía está el hombre en la casa, nos pasa que cree que le estoy hablando a él, pero no. A veces tengo interesantes diálogos con facetas de mi personalidad, otras, recreo alguna escena con la que no estoy del todo satisfecha y reescribo mi papel.

Hablar con uno mismo ayuda a procesar ideas, hacer planes, sacar venenos. A veces. Otras, cuando nuestro interlocutor está de malas, solo sirve para hundirnos. Porque la gente que más daño nos puede hacer es la que mejor nos conoce. ¿Y quién nos conoce mejor que nosotros mismos?

Ese inquilino necesita alimentarse constantemente de información interesante, buenos sentimientos e ideas geniales. Las cosas positivas nos ayudan a tener conversaciones sanas con nosotros mismos. Aún cuando nos autocriticamos, deberíamos hablarnos con la misma compasión que lo hacemos con nuestros amigos.

Después de todo, no siempre vamos a estar rodeados de gente, pero siempre vamos a estar con nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.