Escucho a veces historias que conozco de ciertas. Casos, sobre todo, de relaciones que se agrian. No lo normal, que es normal un bajón en cualquier intercambio de vidas, sino de esas cosas que verdaderamente parecen de novela fucsia. Y me pasa que las creo, pero no las entiendo.
A veces ese es el problema en sí: querer entenderlo todo, como si pudiéramos llegar a comprender de verdad a alguien más y sólo se justificara nuestra empatía porque nos sentimos identificados. Resulta que, cualquier buen terapeuta de parejas te va a explicar que no necesitas desmenuzar todas las intenciones del otro para aceptarlo. Simplemente hay que ver hacia adentro y decidir si, con lo que uno siente, se sigue adelante, o no.
Los amigos, los hijos, la pareja, cualquiera, a veces no necesita nada más que contarnos su parte. Y uno sólo tiene que sentarse a escuchar. Creer sus sentimientos, que son lo más real que tenemos los humanos, aunque no los entendamos. Y todo el resto del drama, sirve para escribir buenos cuentos.
