También ser fluido ayuda a permanecer
Amoldarse a la forma que tenemos disponible
Mantener el contenido intacto en otro recipiente
Escurrirse, rebalsarse, evaporarse
Y al final regresar al lugar donde nos gusta cómo somos
También ser fluido ayuda a permanecer
Amoldarse a la forma que tenemos disponible
Mantener el contenido intacto en otro recipiente
Escurrirse, rebalsarse, evaporarse
Y al final regresar al lugar donde nos gusta cómo somos
Es difícil despegar los pies del suelo, si primero no están plantados firmemente.
O correr como el viento, sin pisar con decisión, empujando con fuerza.
Ningún invento nuevo surgió de la nada.
No hay velero que surque el mar y rompa el agua, si la proa no balancea a la popa.
Y no hay aventura que sirva si no hay un hogar a dónde regresar.
otra vez y varias veces y todas las que sean
cuando cambies de ideas, cuando busques otras pasiones, cuando mudes de habilidades
te conocería de nuevo, para aprenderte, para apreciarte
lo haría mil veces, porque lo hago todos los días
y me doy cuenta que cada vez que cambias, de todos modos allí estás, porque te conozco
y uno se queda quieto, aparentemente sin cambio
y luego el tiempo te tira al suelo con los cumpleaños de tus hijos
con los primeros dientes que se le caen a una pingüina que apenas caminaba
con un aniversario de dos dígitos
con los zíppers que no cierran
con más experiencia y más comodidad dentro de la cabeza
con sentimientos menos violentos, pero más profundos
con una apertura a la vida y una negación a tomársela demasiado en serio.
El tiempo es el mayor de los magos y nos hace caer en sus trucos una y otra vez.
Mi hijo hoy cumple ocho años. Y yo aún recuerdo el peso de su cuerpo cuando habitaba en el mío.
¡Qué bueno que sí nos movemos!
cuando no nos entendamos
cuando coincidamos en la cama sólo para dormir
cuando haya cosas/niños/trabajo que se coma nuestro tiempo
cuando cuesten los sentimientos
cuando nuestros caminos se separen por un momento
también entonces. Siempre. Contigo.
Si me hubieran dicho hace 22 años cuando nos conocimos que iba a poder compartir cama contigo todas las noches y que no te iba a devorar cada una de ellas, me hubiera reído y reído.
Y luego no pasamos junto ni noches, ni días, ni años. Siete años.
Y luego el universo se alineó para volvernos a juntar.
Y regresaron los fines de semana sin conocer la calle, las noches desveladas y las madrugadas aprovechadas.
Y luego vino un canchino que lloraba y lloraba. Y tú roncabas. Y yo lloraba.
Y luego vino una peluda que sólo dormía, pero que igual nos quitaba el sueño.
Y ahora estamos entre buses de madrugada, trabajo constante, ejercicio que nos agota y la cama nos sirve para perder la conciencia.
Pero la pasión de hace 22 años no sólo sigue allí, sino que tiene más fuerzas por salir en espacios más cortos. Las acostadas temprano de los niños, las regresadas al cuarto después de sacarlos al bus, los raros fines de semana escapados.
El sueño, el cansancio, el agotamiento, están dando una dura pelea. Pero, entre tú y yo, la pasión siempre gana.
Sí quiero volver a compartir mi cama contigo hoy en la noche.
Sí quiero contarte las cosas tontas que hice hoy.
Sí quiero saber todo lo que pensaste durante el día.
Sí quiero molestarte como nadie más lo hace, porque ya eres hombre importante.
Sí quiero que te rías de mis tonteras porque me las conoces todas.
Sí quiero comer contigo en nuestro comedor viejo/nuevo que no te gusta pero a mí sí.
Sí acepto que mi baño sea nuestro.
Sí quiero seguir contigo hoy. Y mañana. Y toda la vida.
Nuestras vidas son dos círculos que crecen con el tiempo.
Hay un espacio de convergencia entre los dos, en donde nos compartimos.
Me gusta estar allí.
Preguntarle a un extraño si le gusto es compartir una idea con el viento.
Es sonreírle a un espejo roto.
Es tirar besos en una bolsa vacía.
Importarme si alguien más que tú me mira es desperdiciar mi atención.
Es montar un espectáculo para nadie.
Es tirar lo que escribo.
En el mundo hay dos personas que no son extraños y sólo a ellos quiero gustarles: tú y yo.
quiero hacer falta, pero no por necesidad
que duela mi ausencia, pero no por dejar cosas inconclusas
que me encuentren en sus hijos y que eso no les preocupe
que cocinen a su gusto y recuerden con felicidad la comida que yo les hacía
cuando me vaya quiero dejar un espacio, no vacío, sino lleno de amor, recuerdos de risas y círculos cerrados