Nuestras vidas son dos círculos que crecen con el tiempo.
Hay un espacio de convergencia entre los dos, en donde nos compartimos.
Me gusta estar allí.
Nuestras vidas son dos círculos que crecen con el tiempo.
Hay un espacio de convergencia entre los dos, en donde nos compartimos.
Me gusta estar allí.
Preguntarle a un extraño si le gusto es compartir una idea con el viento.
Es sonreírle a un espejo roto.
Es tirar besos en una bolsa vacía.
Importarme si alguien más que tú me mira es desperdiciar mi atención.
Es montar un espectáculo para nadie.
Es tirar lo que escribo.
En el mundo hay dos personas que no son extraños y sólo a ellos quiero gustarles: tú y yo.
quiero hacer falta, pero no por necesidad
que duela mi ausencia, pero no por dejar cosas inconclusas
que me encuentren en sus hijos y que eso no les preocupe
que cocinen a su gusto y recuerden con felicidad la comida que yo les hacía
cuando me vaya quiero dejar un espacio, no vacío, sino lleno de amor, recuerdos de risas y círculos cerrados
Para obligarme a seguir adelante.
Para no dejarme vencer por la hueva.
Para multiplicar el cariño que a veces me escasea.
Para aventurarme a probar cosas nuevas.
Para tenerle poca paciencia a mis berrinches.
Para aprender a quererme.
¡Feliz Año Nuevo de mí para mí!
Es increíble que ayer hubieras cumplido 71 años. No suena a mucho. Para mí, los 80’s marcan la frontera de «ser viejito». Pero no se pudo. Yo sé que sabes en qué va mi vida, que me miras desde donde estás y que no has dejado de preocuparte por mí. Aún así, te voy a contar los puntos sobresalientes, porque todavía me hacen falta nuestras pláticas interminables.
¿Te acuerdas que me casé con Mario? Pues sí resultó ser todo lo que yo quería (con creces). Así como lo conociste, amable, trabajador, responsable, educado, así sigue, sólo que más por los años de pruebas y madurez.
Ya no trabajo de abogada, porque tomamos una decisión ejecutiva para educar a nuestros hijos y, como tú ya no estás, dejarlos con alguien más no era opción.
He parido dos veces y los resultados ya tienen 7 y 5. No puedo dimensionar el nivel de chochencia que tendrías con los dos. La cantidad de vestidos que le harías a la pulga. La consentida con comida que le harías al canche. Yo intenté coserle como tú a Fátima, pero no se me da. Salieron un abrigo, un par de vestidos, pero la máquina y yo no somos amigas y sólo bordo como me enseñaste.
Aprendí a cocinar. Y al menos a mi tribu les gusta lo que les hago. No llegan al nivel de mi papá, que sólo le gustaba que tú le cocinaras. Pero sí les gusta comer en casa.
Estamos remodelando la casa. Te encantaría esa cocina.
Como has visto, hemos tenido años difíciles. Pero hemos salido bien. Gracias por estar pendiente de nosotros.
Te extraño. Pero estoy bien y sé que tú lo sabes. Ya no hay tanta tristeza en tu recuerdo, sólo nostalgia y eso está bien.
Cuando no te sacaron a bailar.
Cuando perdiste a un ser querido.
Cuando te equivocaste y pediste perdón.
Cuando te hace falta algo.
¿Te dolió? Te felicito. Eres humano y tienes corazón. Bienvenido a la humanidad.
Sé que mi cariño vale y por eso me siento con más libertad de ofrecerlo.
Desde que ya no tengo miedo a ser herida, me arriesgo más y duele menos.
Cada vez que me veo y me gusto a mí misma, defectos y todo, siento menos necesidad de llamar la atención.
Mientras más gente valiosa tengo a mi alrededor, menos ansiedad tengo de quedarme sola.
Aprendiendo a amar, a darme, a sonreír, a soltar, encontré la fuerza para dejarme querer.
Y tengo quién me quiera.
Hacer las cosas que te gustan, cuando te pierdes en el momento. Te quedas allí parado, con esa gracia casi felina que hace que salte cada vez que te me acercas por detrás sin hacer ruido.
Jugar con tus hijos, alentándolos a mejorar y a esforzarse y a pasársela bien. Y ellos se te pegan cual hierro al imán, atraídos por el amor que les das, confiados que tienen un padre a quién admirar.
Dar opiniones acerca de las cosas que dominas a la perfección, sin pretenciones petulantes, pero no por eso menos contundentemente. Despliegas un talento para decirle a la gente que está equivocada y que te lo agradezcan.
Pero, sobre todo, el placer de verte dormir a mi lado, con la cara completamente relajada, quitada de años. Saber que, en esos momentos callados, tú estás en paz porque estamos juntos, sin importar lo que nos cansó ese día y lo que nos tendrá corriendo al día siguiente. Y, a veces, a media noche abres los ojos y nos vemos hasta volvernos a dormir.
Cuatro cosas para crecer:
Los cuatro puntos cardinales para crecer.
Cuando uno piensa en dos personas que se llevan bien, se imagina que «encajan», como si fueran una daga y una vaina. Mi problema es que yo siempre he sido daga y que han buscado una vaina. No ha funcionado. Imagínense dos dagas: tienen punta, cortan, no se mete una dentro de la otra. No encajan. Pero yo no quiero ser vaina y sólo recibir la punta cortante y no poder cortar yo. No sé. No tengo carácter para eso. Y entiendo que no es para todos.
Ahora, imagínense un par de dagas con filo, largas, peligrosas. Apuntadas una frente a la otra, es obvio que no van. Evoca una pelea mortal. Así no funciona ninguna relación.
Hasta que se pone una al lado de la otra. Las puntas se dirigen hacia el mismo lado. Si se alinean bien parecen una misma. Tienen un mismo objetivo y se dobla su fuerza.
Eso es lo que tengo ahora. Una daga que le hace juego a la mía, que se dirige hacia el mismo objetivo que yo, que me ayuda a cortar, a luchar, a seguir. Incluso, si me falta el filo, allí está mi partner.
Y, a veces, también soy vaina.