El mundo se mueve


y uno se queda quieto, aparentemente sin cambio

y luego el tiempo te tira al suelo con los cumpleaños de tus hijos

con los primeros dientes que se le caen a una pingüina que apenas caminaba

con un aniversario de dos dígitos

con los zíppers que no cierran

con más experiencia y más comodidad dentro de la cabeza

con sentimientos menos violentos, pero más profundos

con una apertura a la vida y una negación a tomársela demasiado en serio.

El tiempo es el mayor de los magos y nos hace caer en sus trucos una y otra vez.

Mi hijo hoy cumple ocho años. Y yo aún recuerdo el peso de su cuerpo cuando habitaba en el mío.

¡Qué bueno que sí nos movemos!

También

cuando no nos entendamos

cuando coincidamos en la cama sólo para dormir

cuando haya cosas/niños/trabajo que se coma nuestro tiempo

cuando cuesten los sentimientos

cuando nuestros caminos se separen por un momento

también entonces. Siempre. Contigo.

Pasión y Sueño: la pelea

Si me hubieran dicho hace 22 años cuando nos conocimos que iba a poder compartir cama contigo todas las noches y que no te iba a devorar cada una de ellas, me hubiera reído y reído.

Y luego no pasamos junto ni noches, ni días, ni años. Siete años.

Y luego el universo se alineó para volvernos a juntar.

Y regresaron los fines de semana sin conocer la calle, las noches desveladas y las madrugadas aprovechadas.

Y luego vino un canchino que lloraba y lloraba. Y tú roncabas. Y yo lloraba.

Y luego vino una peluda que sólo dormía, pero que igual nos quitaba el sueño.

Y ahora estamos entre buses de madrugada, trabajo constante, ejercicio que nos agota y la cama nos sirve para perder la conciencia.

Pero la pasión de hace 22 años no sólo sigue allí, sino que tiene más fuerzas por salir en espacios más cortos. Las acostadas temprano de los niños, las regresadas al cuarto después de sacarlos al bus, los raros fines de semana escapados.

El sueño, el cansancio, el agotamiento, están dando una dura pelea. Pero, entre tú y yo, la pasión siempre gana.

El sí de todos los días

Sí quiero volver a compartir mi cama contigo hoy en la noche.

Sí quiero contarte las cosas tontas que hice hoy.

Sí quiero saber todo lo que pensaste durante el día.

Sí quiero molestarte como nadie más lo hace, porque ya eres hombre importante.

Sí quiero que te rías de mis tonteras porque me las conoces todas.

Sí quiero comer contigo en nuestro comedor viejo/nuevo que no te gusta pero a mí sí.

Sí acepto que mi baño sea nuestro.

Sí quiero seguir contigo hoy. Y mañana. Y toda la vida.

Gustarle a extraños

Preguntarle a un extraño si le gusto es compartir una idea con el viento.

Es sonreírle a un espejo roto.

Es tirar besos en una bolsa vacía.

Importarme si alguien más que tú me mira es desperdiciar mi atención.

Es montar un espectáculo para nadie.

Es tirar lo que escribo.

En el mundo hay dos personas que no son extraños y sólo a ellos quiero gustarles: tú y yo.

Cuando no esté

quiero hacer falta, pero no por necesidad

que duela mi ausencia, pero no por dejar cosas inconclusas

que me encuentren en sus hijos y que eso no les preocupe

que cocinen a su gusto y recuerden con felicidad la comida que yo les hacía

cuando me vaya quiero dejar un espacio, no vacío, sino lleno de amor, recuerdos de risas y círculos cerrados

Contar conmigo

Para obligarme a seguir adelante.

Para no dejarme vencer por la hueva.

Para multiplicar el cariño que a veces me escasea.

Para aventurarme a probar cosas nuevas.

Para tenerle poca paciencia a mis berrinches.

Para aprender a quererme.

¡Feliz Año Nuevo de mí para mí!

9 años

Es increíble que ayer hubieras cumplido 71 años. No suena a mucho. Para mí, los 80’s marcan la frontera de «ser viejito». Pero no se pudo. Yo sé que sabes en qué va mi vida, que me miras desde donde estás y que no has dejado de preocuparte por mí. Aún así, te voy a contar los puntos sobresalientes, porque todavía me hacen falta nuestras pláticas interminables.

¿Te acuerdas que me casé con Mario? Pues sí resultó ser todo lo que yo quería (con creces). Así como lo conociste, amable, trabajador, responsable, educado, así sigue, sólo que más por los años de pruebas y madurez.

Ya no trabajo de abogada, porque tomamos una decisión ejecutiva para educar a nuestros hijos y, como tú ya no estás, dejarlos con alguien más no era opción.

He parido dos veces y los resultados ya tienen 7 y 5. No puedo dimensionar el nivel de chochencia que tendrías con los dos. La cantidad de vestidos que le harías a la pulga. La consentida con comida que le harías al canche. Yo intenté coserle como tú a Fátima, pero no se me da. Salieron un abrigo, un par de vestidos, pero la máquina y yo no somos amigas y sólo bordo como me enseñaste.

Aprendí a cocinar. Y al menos a mi tribu les gusta lo que les hago. No llegan al nivel de mi papá, que sólo le gustaba que tú le cocinaras. Pero sí les gusta comer en casa.

Estamos remodelando la casa. Te encantaría esa cocina.

Como has visto, hemos tenido años difíciles. Pero hemos salido bien. Gracias por estar pendiente de nosotros.

Te extraño. Pero estoy bien y sé que tú lo sabes. Ya no hay tanta tristeza en tu recuerdo, sólo nostalgia y eso está bien.

¿Te dolió?

Cuando no te sacaron a bailar.

Cuando perdiste a un ser querido.

Cuando te equivocaste y pediste perdón.

Cuando te hace falta algo.

¿Te dolió? Te felicito. Eres humano y tienes corazón. Bienvenido a la humanidad.