Dicen que hasta el universo acabará,
el infinito tendrá un «hasta aquí»,
el tiempo terminará.
Y yo lo creo,
porque hasta mi tristeza encontró su fin,
en el fondo de tus ojos.
Dicen que hasta el universo acabará,
el infinito tendrá un «hasta aquí»,
el tiempo terminará.
Y yo lo creo,
porque hasta mi tristeza encontró su fin,
en el fondo de tus ojos.
Me gustan las coincidencias
que se vuelven historias
con aire de inevitabilidad
tan parecidas al destino.
Otra vez me lo preguntas.
Quiero todo.
Aunque sea por pedazos.
Somos esponjas que absorben la felicidad,
nos ensanchamos, crecemos
para regresar a nuestro tamaño
cuando pasa el momento.
Lo único que nos cambia,
es la tristeza,
que llega con un par de tijeras
y nos quita pedazos,
nos transforma, nos rearma.
Para luego volvernos a llenar,
cuando llega otra vez la felicidad.
Diferentes.
Tejemos un manto
con los recuerdos de nuestra vida
que luego nos sirve
para cubrirnos de noche.
Esperamos que nos sea suficiente.
Decir que no estoy bien,
Que hay dolor.
Está bien sentirse mal.
Porque todo pasa.
Entre la misericordia y la justicia.
La esperanza y la realidad.
Lo fuerte y lo sensible.
La felicidad y la paz.
Sólo sé que lo quiero todo.
Porque ya lo tuve.
El color de la noche que llevas en los ojos
absorbe la luz que sale de los míos.
Nos envolvemos en un olvido voluntario,
fuera de nosotros no hay nada más.
Juntos, tenemos al universo, porque nos tenemos.
Porque me aferro a ti para volar.
Suéltame.
Porque mis pasos sólo andan con los tuyos.
Suéltame.
Porque sólo respiro de tu aire.
Suéltame.
Porque hasta en mis noches sueño contigo.
Suéltame. Y nunca me dejes ir.
Porque nos dolemos.
Porque nos amamos.
Porque nos extrañamos.
Porque estamos alegres.
Porque estamos tristes.
Lloremos porque podemos, porque nos sale, porque los ojos dicen más de lo que pueden las palabras.
Lloremos porque es bonito, porque es feo, porque es lo que podemos hacer.
Y, luego de llorar, sigamos riéndonos como siempre.