Poseer el universo

El color de la noche que llevas en los ojos

absorbe la luz que sale de los míos.

Nos envolvemos en un olvido voluntario,

fuera de nosotros no hay nada más.

Juntos, tenemos al universo, porque nos tenemos.

Suéltame

Porque me aferro a ti para volar.

Suéltame.

Porque mis pasos sólo andan con los tuyos.

Suéltame.

Porque sólo respiro de tu aire.

Suéltame.

Porque hasta en mis noches sueño contigo.

Suéltame. Y nunca me dejes ir.

Lloremos

Porque nos dolemos.

Porque nos amamos.

Porque nos extrañamos.

Porque estamos alegres.

Porque estamos tristes.

Lloremos porque podemos, porque nos sale, porque los ojos dicen más de lo que pueden las palabras.

Lloremos porque es bonito, porque es feo, porque es lo que podemos hacer.

Y, luego de llorar, sigamos riéndonos como siempre.

Caernos

A veces, la vida nos empuja

para que caigamos desde donde más nos duele

y nos hagamos pedazos,

sólo para que, al buscar entre lo roto,

podamos dejar atrás lo que ya no sirve

y nos rearmemos con lo que más nos gusta.

De lo que estamos hechos

Estamos hechos de palabras que nos dan forma,

Nos atan las que soltamos al viento,

Nos esconden las que no dejamos salir,

Se nos desbordan y nos arrastran,

Nos definen y nos recrean.

Las palabras nos dicen quiénes somos.

Le dan forma al humo de nuestros recuerdos.

Estamos hechos de palabras.

Las que decimos. Las que nos dicen. Las que dejamos de decir.

Leer demasiado nunca es demasiado

Tengo un vicio al cual regreso como en el tango aquél de las rondas y que no son buenas. Me viene desde tan pequeña que no recuerdo cuándo lo empecé y estoy segura que me acompañará hasta la muerte. El viernes pasado recién estuve en el lugar en donde más de mis amores he visto juntos en toda mi vida y, sinceramente, me dieron ganas de quedarme otras tres horas más que las que ya había pasado allí. Si no fuera porque ya se me había acabado el dinero y la mochila ya pesaba lo de un elefante no tan pequeño…

Libros. Libros por todas partes. No hay suficiente tiempo para leer todos los que quiero, más los que me recomiendan, más lo que se supone que tengo que vivir en el mundo de afuera. Con los libros he aprendido historia (pero no geografía, soy fatal con los mapas), filosofía, ciencia. He vivido emociones que probablemente nunca sienta. He sido un viejo a punto de morir, una guerrera plantada ante un ejército, un joven enamorado al cuál rechazan.

Leer fue mi primer amor. Sigo enamorada de una hilación de palabras bien lograda. Mis gustos ciertamente han cambiado, me fijo más en la genialidad del uso del lenguaje y ya no me importa que las historias no sean luminosamente felices. Basta con que sean luminosas, aunque duelan. Creo que nunca me he encaprichado con una estrella de cine, pero sí que he suspirado por más de algún escritor (daría una pestaña por tomarme un café con Dumas).

Quisiera alguna vez ver mis palabras impresas en papel en las manos de alguien desconocido. Tal vez así le repague un poco a mi acompañante de toda mi vida.

Salvaje

Ruges por dentro,

un animal salvaje

que escogió domesticarse.

Recuerdas días de libertad

viendo el espacio que te rodea

y casi quieres escapar.

Regresas. Siempre regresas.

Porque la noche ya no es tan negra

como el par de ojos

que te hicieron dejarlo todo.