El fin del mundo

vendrá a cerrarme los ojos

a borrar tu mirada de mi piel

a lavar el sabor de tus besos.

El fin del mundo

será cuando me sueltes

cuando ya no me toques

cuando te alejes.

El fin del mundo

pasará como una ola

me quemará como un rayo

se llevará mi alma.

Y, después, seguiré.

Volver

como vuelve el mar a envolverse en la playa

como vuelve el viento a empujar las nubes

como vuelve el sol a cruzar el cielo

con esa certeza. Así. Te volveré a amar.

El precio de la felicidad

A veces es el olvido

otras es el dolor.

Se paga en moneda líquida

que se escapa de los ojos

Se siente como un vacío

que ocupa el lugar del corazón.

Le sacrificamos silencios

y suspiros y sollozos.

Y nos decimos:

«Lo pagaría mil veces.»

 

Lo que nos quedamos

Hay palabras que nos quedamos, porque sacarlas destruirían nuestro mundo.

Otras que guardamos como si fueran un tesoro que no queremos enseñar.

Otras que callamos porque no queremos darle sustancia a nuestros miedos.

Otras que escondemos para no recordar nuestras culpas.

Las palabras que nos quedamos nos queman, nos corroen, nos iluminan, nos sostienen. Nos las susurramos por las noches. Se las gritamos al eco. Las tiramos en un papel. Las dejamos volar al viento.

De todas las palabras que nos quedamos están hechos nuestros sueños.

Sentimos para vivir

Para escuchar la sangre que nos corre entre las venas

Para que el corazón nos llene de dolor dulce

Para que nuestras manos se resbalen por una piel

Para que los labios se junten con otros

Para que una palabra nos regrese el aire a los pulmones

Para que podamos ver el deseo en otros ojos

Sentimos, aunque duela, aunque despedace, aunque queme.

Porque no sentir es perdernos de la vida misma.