A veces, la vida nos empuja
para que caigamos desde donde más nos duele
y nos hagamos pedazos,
sólo para que, al buscar entre lo roto,
podamos dejar atrás lo que ya no sirve
y nos rearmemos con lo que más nos gusta.
A veces, la vida nos empuja
para que caigamos desde donde más nos duele
y nos hagamos pedazos,
sólo para que, al buscar entre lo roto,
podamos dejar atrás lo que ya no sirve
y nos rearmemos con lo que más nos gusta.
Estamos hechos de palabras que nos dan forma,
Nos atan las que soltamos al viento,
Nos esconden las que no dejamos salir,
Se nos desbordan y nos arrastran,
Nos definen y nos recrean.
Las palabras nos dicen quiénes somos.
Le dan forma al humo de nuestros recuerdos.
Estamos hechos de palabras.
Las que decimos. Las que nos dicen. Las que dejamos de decir.
– Te amo.
– ¿Hasta cuándo?
– Hasta que me olvide de vivir.
Tengo un vicio al cual regreso como en el tango aquél de las rondas y que no son buenas. Me viene desde tan pequeña que no recuerdo cuándo lo empecé y estoy segura que me acompañará hasta la muerte. El viernes pasado recién estuve en el lugar en donde más de mis amores he visto juntos en toda mi vida y, sinceramente, me dieron ganas de quedarme otras tres horas más que las que ya había pasado allí. Si no fuera porque ya se me había acabado el dinero y la mochila ya pesaba lo de un elefante no tan pequeño…
Libros. Libros por todas partes. No hay suficiente tiempo para leer todos los que quiero, más los que me recomiendan, más lo que se supone que tengo que vivir en el mundo de afuera. Con los libros he aprendido historia (pero no geografía, soy fatal con los mapas), filosofía, ciencia. He vivido emociones que probablemente nunca sienta. He sido un viejo a punto de morir, una guerrera plantada ante un ejército, un joven enamorado al cuál rechazan.
Leer fue mi primer amor. Sigo enamorada de una hilación de palabras bien lograda. Mis gustos ciertamente han cambiado, me fijo más en la genialidad del uso del lenguaje y ya no me importa que las historias no sean luminosamente felices. Basta con que sean luminosas, aunque duelan. Creo que nunca me he encaprichado con una estrella de cine, pero sí que he suspirado por más de algún escritor (daría una pestaña por tomarme un café con Dumas).
Quisiera alguna vez ver mis palabras impresas en papel en las manos de alguien desconocido. Tal vez así le repague un poco a mi acompañante de toda mi vida.
Vine, te vi, me venciste.
Ruges por dentro,
un animal salvaje
que escogió domesticarse.
Recuerdas días de libertad
viendo el espacio que te rodea
y casi quieres escapar.
Regresas. Siempre regresas.
Porque la noche ya no es tan negra
como el par de ojos
que te hicieron dejarlo todo.
El universo se expande
la galaxia se desplaza
el mundo gira
y mi vida se detiene cuando me miras.
vendrá a cerrarme los ojos
a borrar tu mirada de mi piel
a lavar el sabor de tus besos.
El fin del mundo
será cuando me sueltes
cuando ya no me toques
cuando te alejes.
El fin del mundo
pasará como una ola
me quemará como un rayo
se llevará mi alma.
Y, después, seguiré.
Nos sujetamos de las manos
para no caer.
Pero nos vimos a los ojos
y nos fuimos hasta el fondo.
como vuelve el mar a envolverse en la playa
como vuelve el viento a empujar las nubes
como vuelve el sol a cruzar el cielo
con esa certeza. Así. Te volveré a amar.