Casi

En tus ojos, casi me pierdo,

un momento pensé que casi me querías,

que la eternidad casi estaba en un beso,

la felicidad casi la alcanzaba.

Casi logramos un «para siempre»

en nuestra vida casi perfecta

con las promesas casi cumplidas

y los corazones casi intactos.

Así, los círculos casi cerrados

nos permiten, casi, cruzar a salvo

llegar a la meta, casi,

y casi tener éxito.

Pero el casi, que es una palabra maldita, nos dejó todo justo fuera de nuestro alcance y derribó el castillo de naipes en la última carta.

El límite del infinito

El infinito adquiere los límites

que le ponen tus brazos a mi cuerpo

cuando traes el universo entre los ojos

negros, profundos, calientes,

esperando que pose

un par de soles,

fríos, verdes, húmedos

para estallar en la creación

que nos destruye y rehace

en cada beso

hasta acabarnos el tiempo

y volver a empezar.

El precio que se paga

Pagué tenerte, con las grietas

que se abrieron en mi corazón

dejando escapar el torrente

que se desbordó de mis ojos.

Con el peso de tu ausencia

el vacío que cubría mi piel

en vez de tu mano que me daba forma.

Lo pagué con tristeza y desidia

con las ganas que se fueron tras de ti

con tardes de soledad,

noches de insomnio.

Y, aún así, quedé debiendo.

No tiene nada qué ver

Ni el viento que me despeina

ni el agua que recorre fresca mi garganta

ni el cielo al que se le prenden las estrellas

ni el sol que me envuelve como un manto

ni el sueño interrumpido por las noches

ni mi voz que canta para nadie

ni mi piel que pierde forma sin tus manos

ni mis ojos que se ahogan de no verte.

Nada de eso tiene que ver contigo.

Pero sí.

La sustancia de las cosas

El objeto poseído es feliz de tener dueño.

El hechizo sólo sirve cuando lo invocan.

El fuego sólo arde cuando lo prenden.

Y yo sólo existo cuando estoy contigo.

Como una oración esperanzada que se convierte en realidad.