Dejamos la botella sin terminar
la comida servida
la ropa a medias
para darnos enteros.
Dejamos la botella sin terminar
la comida servida
la ropa a medias
para darnos enteros.
Él llevaba el mar de noche
en los ojos negros sin estrellas
y ella lo llevaba revuelto
entre las ondas de su pelo sin peinar.
Ambos naufragaban.
Había una vez
la palabra fin
al principio de un cuento
que no terminaba.
Tal vez si me siento
a la orilla del paso
en una esquina del tiempo
pueda verte pasar de nuevo
como la primera vez
y empezar de cero.
¿Todavía quieres todo?
Todavía.
¿Por qué?
Porque existes.
Tomar café me recuerda a nuestras charlas sin fin
que se volvían vinos
que se volvían besos
que se volvían caricias
que se volvían noches
que se convertían en mañanas
para tomar café.
Prefiero que los besos
sean amargos
como un café caliente
porque el negro infinito
diluido no es igual.
Creemos que somos dueños del tiempo
porque llevamos relojes que marcan la hora.
El verdadero transcurso de la vida
se mide por el espacio entre un beso y el otro.
Encontré la soledad
en una cama
cuando pedí un abrazo
y me dieron la espalda.