El precio de la felicidad

A veces es el olvido

otras es el dolor.

Se paga en moneda líquida

que se escapa de los ojos

Se siente como un vacío

que ocupa el lugar del corazón.

Le sacrificamos silencios

y suspiros y sollozos.

Y nos decimos:

«Lo pagaría mil veces.»

 

Lo que nos quedamos

Hay palabras que nos quedamos, porque sacarlas destruirían nuestro mundo.

Otras que guardamos como si fueran un tesoro que no queremos enseñar.

Otras que callamos porque no queremos darle sustancia a nuestros miedos.

Otras que escondemos para no recordar nuestras culpas.

Las palabras que nos quedamos nos queman, nos corroen, nos iluminan, nos sostienen. Nos las susurramos por las noches. Se las gritamos al eco. Las tiramos en un papel. Las dejamos volar al viento.

De todas las palabras que nos quedamos están hechos nuestros sueños.

Sentimos para vivir

Para escuchar la sangre que nos corre entre las venas

Para que el corazón nos llene de dolor dulce

Para que nuestras manos se resbalen por una piel

Para que los labios se junten con otros

Para que una palabra nos regrese el aire a los pulmones

Para que podamos ver el deseo en otros ojos

Sentimos, aunque duela, aunque despedace, aunque queme.

Porque no sentir es perdernos de la vida misma.

La pausa

Se detiene la respiración

en la pausa antes de un beso

cuando los labios que se ansían

aún no se imprimen para siempre.

El infinito tiene tope

cuando se espera el choque

de dos almas suspendidas

en la punta de dos bocas.

Pasa una eternidad

el océano pierde su marea

la luna deja de menguar

mi corazón se olvida de mí.

Justo antes de un beso.