Otra vez una primera

Ulises parte hacia Ítaca

de nuevo, por primera vez,

cada vez que contamos la historia

haciéndola nueva,

con llenar oídos que nunca la han escuchado.

Igual que el mar eterno

es una gota recién sublimada

en cuanto se contempla

con los ojos incrédulos por la inmensidad.

Igual que la historia más vieja del mundo

no se ha contado jamás

hasta que unos labios se encuentran

por primera vez.

La gente sin cara

Pasamos la vida

sin ver a la gente a la cara

agarrando el papel que nos dan,

pidiéndoles la comida,

pagando la gasolina.

Podríamos vivir en un pueblo

de gente sin rostro,

igual lo olvidamos.

¿Cuánto falta

para que llegue el día

que ni siquiera veamos

la cara del espejo?

una ola

Las olas me traen tu nombre

una tras la otra, doblándose para pasar

y dejarlo a la orilla donde se siembran

mis pies en la arena, esperándote.

Se alejan con la marea

y se llevan todo, agua, sal, nombre,

me dejan clavada

con poco más que espuma.

Como me dejas tú,

vacía,

hasta que regresas,

siempre regresas.

Espera

Te estaba esperando

sin que lo supieras

guardada en un pensamiento

sin apenas respirar.

Nunca llegaste

tardaste mucho en llegar

me confundí tanto con la sombra

que desaparecí.

Y tú nunca supiste.

Una casa de verde

Hoy vi a un hombre

pintar una casa verde

de color gris.

Desde el portón

que estaba entreabierto

se miraba la oscuridad.

Todavía no sé

si la esperanza se le había escapado

o la estaba encerrando.

El café

A veces me gusta

tomar café con cardamomo.

Tal vez llevo sangre beduina

y recuerdo desiertos.

Las dunas en su oleaje,

doradas y calientes.

Las alfombras sobre la arena

con miles de nudos de colores.

El agua tan preciosa

como el amor para un abandonado.

El saberse intruso y en peligro

y seguir a pesar de todo.

O tal vez, simplemente,

me gusta el sabor.

Quiero

Quiero un árbol de naranjas

en una maceta para poner en mi terraza

y ver el sol colgando de sus ramas.

Tu sombra mezclada con la mía,

compartiendo aire cálido y perfumado.

Tus ojos midiendo el espacio de mi piel

en donde quieres dejar una marca.

Las naranjas en maceta.

El universo suspendido

y el tiempo jugando a darnos más tiempo para estar juntos.

Quiero el color de tu piel en mi cama,

el cielo oscuro tiñendo mi mano

que se enreda en tu pecho.

El planeta de tu existencia inmóvil

y mi sol dándole vueltas.

Quiero el océano de tu boca

para que naveguen mis labios.

Sentir tu puerto y ser tu barco.

Atracar o encallar,

da lo mismo seguir o hundirnos.

Igual siempre nos perdemos.

Quiero un elefante.

Pequeño, imposiblemente pequeño.

Quiero todo.

Quiero un árbol de naranjas.