Recuerdos de cosas que no pasan

Escribí el número en el dorso de mi muñeca, esperando que se borrara antes de aprendérmelo de memoria. Un recuerdo por hacer que se escapa por el drenaje cuando me lave las manos y regrese a la mesa vacía porque ya te fuiste, esperando que te llame. No te llamé mañana, ni en el futuro que no pasamos juntos. Recuerdo muy bien ese cumpleaños del año entrante, cuando me diste una mañana de piel haciendo calor entre sábanas de regalo y fui feliz, como no lo voy a ser nunca. Siento todos esos momentos por no venir cuando te veo a los ojos en los que me pierdo como en una noche sin estrellas. Te despediste, eras quien roza una piel casi por descuido porque espera un saludo al día siguiente y yo te respiré como quien no tiene más aire porque no tenía intención de volverlo a hacer. Fui a lavarme tu posibilidad en el lavamanos precario del bar de siempre, desprendiéndome de una esperanza demasiado grande. Salí para no verte más y terminarme la cerveza que ya no tenía gracia, igual que mi vida sin ti.

Me saludaste al día siguiente para volverme a saludar todos los días siguientes de los siguientes, porque tú no te borraste el número que olvidé a propósito que te había escrito en la muñeca.

Actos presenciales

Hay momentos que suceden

aunque no haya nadie para verlos

el universo estallando

un pez al fondo del mar

el pájaro que saluda la mañana

la muerte de un animal.

La vida no necesita de testigos

para transcurrir

pasa aunque no la veamos

es a nosotros a quienes presenciarla nos transforma.

Buen viaje Mina.

Antes de empezar

Nuestras sombras bailaban

antes que nuestros cuerpos

como amantes que se esconden

y usan la luz sólo para poderse tocar.

Nosotros queríamos hacer lo mismo

pero quemábamos nuestra historia

aún no escrita

tirando papeles en blanco al fuego.

 

Otra vez una primera

Ulises parte hacia Ítaca

de nuevo, por primera vez,

cada vez que contamos la historia

haciéndola nueva,

con llenar oídos que nunca la han escuchado.

Igual que el mar eterno

es una gota recién sublimada

en cuanto se contempla

con los ojos incrédulos por la inmensidad.

Igual que la historia más vieja del mundo

no se ha contado jamás

hasta que unos labios se encuentran

por primera vez.

La gente sin cara

Pasamos la vida

sin ver a la gente a la cara

agarrando el papel que nos dan,

pidiéndoles la comida,

pagando la gasolina.

Podríamos vivir en un pueblo

de gente sin rostro,

igual lo olvidamos.

¿Cuánto falta

para que llegue el día

que ni siquiera veamos

la cara del espejo?

una ola

Las olas me traen tu nombre

una tras la otra, doblándose para pasar

y dejarlo a la orilla donde se siembran

mis pies en la arena, esperándote.

Se alejan con la marea

y se llevan todo, agua, sal, nombre,

me dejan clavada

con poco más que espuma.

Como me dejas tú,

vacía,

hasta que regresas,

siempre regresas.

Espera

Te estaba esperando

sin que lo supieras

guardada en un pensamiento

sin apenas respirar.

Nunca llegaste

tardaste mucho en llegar

me confundí tanto con la sombra

que desaparecí.

Y tú nunca supiste.