Que se llena y se sumerge,
se confunde con el océano
y es piso y tope
sin aire, ni cielo.
Pero se va el mar
y queda casi vacía
apenas un poco de agua
y peces y estrellas.
Esperando el momento
en que el mar regrese.
Que se llena y se sumerge,
se confunde con el océano
y es piso y tope
sin aire, ni cielo.
Pero se va el mar
y queda casi vacía
apenas un poco de agua
y peces y estrellas.
Esperando el momento
en que el mar regrese.
Nada llega tan lento
como el día
que uno espera.
Buscamos el hechizo
que nos una para siempre
entre libros antiguos
fórmulas arcanas.
Bebimos vino
fumamos hierbas
comimos de nuestras manos
salvajes y eruditos.
Poco sabíamos
que la pócima
se escondía
en el café de las mañanas.
Quiero beberme
el color de tu piel
haciendo humo entre mis manos
todas las mañanas.
Quisiera ver con tus ojos
la noche fría cuando sales
el mar inmenso que te llama
el árbol que usas de sombrill.
Las cosas desde donde estás
cómo te fijas en sus bordes
los colores que se te prenden en las retinas
la forma que distingues como frontera.
Sobre todo quisiera usar tus ojos
para verme como tú lo haces
descubrirme en dónde está el lugar
que te vuelve a llamar a mi lado.
Las palabras son la máquina del tiempo
que nos dejan hablar de la gente que ya no está
en presente.
Un silencio sin aire
entretenido en cerrarnos los labios
dejándonos los ojos desnudos
para hablarnos con miradas
reconociendo en un momento
que debía haber sido incómodo
la necesidad de decir a qué veníamos
con las bocas pegadas y la piel sin ropa.
Quiero recordar
el olvido de tu ausencia
antes de saber de ti.
Vivíamos bajo el cielo
nos dio miedo la inmensidad
le pusimos techo al infinito
pero lo seguimos buscando
enmarcado tras ventanas.
La virtud del mar
es que regresa.
La de la roca
es que espera.