Hoy vi a un hombre
pintar una casa verde
de color gris.
Desde el portón
que estaba entreabierto
se miraba la oscuridad.
Todavía no sé
si la esperanza se le había escapado
o la estaba encerrando.
Hoy vi a un hombre
pintar una casa verde
de color gris.
Desde el portón
que estaba entreabierto
se miraba la oscuridad.
Todavía no sé
si la esperanza se le había escapado
o la estaba encerrando.
A veces me gusta
tomar café con cardamomo.
Tal vez llevo sangre beduina
y recuerdo desiertos.
Las dunas en su oleaje,
doradas y calientes.
Las alfombras sobre la arena
con miles de nudos de colores.
El agua tan preciosa
como el amor para un abandonado.
El saberse intruso y en peligro
y seguir a pesar de todo.
O tal vez, simplemente,
me gusta el sabor.
– Toda la sal del mundo
viene del mar.
Le dijo, mientras se bebía
el océano que le rodaba por la cara.
Quiero un árbol de naranjas
en una maceta para poner en mi terraza
y ver el sol colgando de sus ramas.
Tu sombra mezclada con la mía,
compartiendo aire cálido y perfumado.
Tus ojos midiendo el espacio de mi piel
en donde quieres dejar una marca.
Las naranjas en maceta.
El universo suspendido
y el tiempo jugando a darnos más tiempo para estar juntos.
Quiero el color de tu piel en mi cama,
el cielo oscuro tiñendo mi mano
que se enreda en tu pecho.
El planeta de tu existencia inmóvil
y mi sol dándole vueltas.
Quiero el océano de tu boca
para que naveguen mis labios.
Sentir tu puerto y ser tu barco.
Atracar o encallar,
da lo mismo seguir o hundirnos.
Igual siempre nos perdemos.
Quiero un elefante.
Pequeño, imposiblemente pequeño.
Quiero todo.
Quiero un árbol de naranjas.
La lista
de cosas
que quiero
es tan corta
que cabe
en una palabra:
Todo.
El dolor que me dejaste
cuando te fuiste para siempre
sigue aquí
aún después que regresaste.
Que se llena y se sumerge,
se confunde con el océano
y es piso y tope
sin aire, ni cielo.
Pero se va el mar
y queda casi vacía
apenas un poco de agua
y peces y estrellas.
Esperando el momento
en que el mar regrese.
Nada llega tan lento
como el día
que uno espera.
Buscamos el hechizo
que nos una para siempre
entre libros antiguos
fórmulas arcanas.
Bebimos vino
fumamos hierbas
comimos de nuestras manos
salvajes y eruditos.
Poco sabíamos
que la pócima
se escondía
en el café de las mañanas.
Quiero beberme
el color de tu piel
haciendo humo entre mis manos
todas las mañanas.