La ropa da vueltas

La ropa da vueltas

mojada y seca

limpia.

Ese cuarto huele a jabón

y humedad

no a sol y viento.

Cuelgo la ropa

en un mueble con rejas

se lava al revés.

Encontré una calceta

escapando de su par

¿será que quería el divorcio?

Ya hay camisas que confundo

las tallas se van acercando

me podría poner sus camisetas.

La vida transcurre en semanas

dobladas y separadas

para guardarla y volverla a usar.

No existe

De todas las cosas que no existen

me gusta la forma en que no me has visto

el timbre de tu voz que no dice mi nombre

una mano, la derecha, sin tocar mi muslo debajo de la mesa

el vino que no está en una botella y que no he comprado

esa canción, la que nadie canta, que no nos gusta todavía

el ruido de tus pasos que no se acercan a mi puerta.

Todo eso que no existe y me gusta, es mío.

El agua que se mueve

El agua que respiro se desprende de la lluvia

que no ha parado en siete días, el mar en el aire,

un sol dormido, tal vez se cansó de vernos.

No es el frío lo que me duele,

es la piel que no se seca.

Las orillas están mojadas, las de adentro y las de afuera,

todo es líquido, se agolpa detrás de los ojos.

Me quiero derretir y sólo logro disolverme

un mar revuelto en mi cuerpo.

Y el agua, que no se sabe estar quieta,

hace marea para tocar tu playa,

imagino la lluvia recogida entre tus manos

me bajo en gotas cayendo desde mis ojos.

Cuando todo esté seco, el agua en su lugar,

el aire con luz, las nubes escondidas,

seré un náufrago que busca otra ola.

Des tiempo

Destemplado, el día no empezó por la mañana,

sin sol para los pájaros que lo llamaron

ni lluvia para el jardín descuidado.

Hoy no hubo clima, ni color, ni viento,

el mediodía pasó por encima de mi cabeza

sin hacer sombra sobre la cual pararme.

No hubo frío, en este día sin clima,

ni ropa de calor que ameritara descubrir la piel

todo el gris del cielo que no va con nada.

Las horas que pasan así se escaparon de la nada

donde no hay color, ni sonidos, ni aire,

ni ausencia. Nada.

La noche recoge lo que no fue

y en la oscuridad, que ya es algo,

trata de hacerlo un recuerdo para olvidar.

Los días así ni siquiera salen de la memoria

ocupan un espacio que se traga las ganas

y no hay suficiente deseo para llenarlos.

La falta de tiempo, su no transcurrir,

me quita la vida. Y yo la quiero agotar

exprimirla hasta el final. No que se me desvanezca.

Me refugio en la cama buscando avanzar las horas

en la pausa del sueño. Hasta mañana,

espero que mañana sí exista.

Un pollo

Para preparar un pollo al horno

se necesita calor y mantequilla

la sal sin pensarla mucho

un limón escondido

dejarle la piel al animal

(pero no las plumas, no estamos haciendo una almohada).

El secreto de un ave

para que quede bien

es hacerla que olvide

haber volado alguna vez

y se deje triturar los huesos

bien tostados, sobre todo de las alas.

El propósito de un pollo

específicamente del que está en mi refri

es que lo hornee y lo sirva

cumpliendo, hoy, el mío.

Nuevo nombre

Acompañamos al día

cambiar de nombre

lo bautizamos con el agua

que emanó de nuestra piel.

Así puedo terminar

las noches redondas

con nombres nuevos

y fuentes abiertas.

Me quedé dormida

Encontré el artículo

logré leerlo entre los ojos a medias

una historia de príncipes perdidos

y bosques encantados

pero cierta en su mentira.

Me quedé dormida

se me cayó el teléfono

me despertaron los pájaros

que cantan cuando se van a dormir

así empezaron las canciones de cuna

con alas y plumas en melodía de despedida.

El príncipe del cuento

escrito como noticia

murió entre una ruina

metiéndose a mi sueño

y ahora, despierta, la quiero contar yo

para que te arrulle al dormir.

A veces

Salgo de bañarme mojada

el pelo botando gotas

me pongo la ropa que saqué.

A veces almuerzo

hay comida que me gusta

menos mal porque la hice yo.

A veces tomó café

con crema

en una taza grande.

A veces hago todo eso

siempre, todos los días,

no fallo nunca.

Porque, a veces,

entre la ducha y el café,

te quiero. Siempre.

Regresé al mismo río

En estos días sin nombre

se produce el milagro

de cruzar el mismo río

todas las mañanas.

Llego a la orilla

donde me espera el agua

que estaba ayer

o que va a estar mañana.

Cruzo la corriente

llego al otro lado

mañana comenzaré en el mismo lugar

y seré yo la distinta.

Fue el chocolate

Tengo vacío el corazón que me llenas de besos

se siente justo en el estómago, un lugar sin hambre,

con ganas de comer hasta dormir

y dormir para no tener que buscar comida.

El sitio que tiene un fondo para todo

menos para el chocolate o el tequila

pero que se llena demasiado fácil

con todo lo que me sirvo en el plato, y dejo.

¿Cómo lleno ese agujero?

Ya probé con la tableta que había en la mesa.

No estoy satisfecha. Quiero más. De lo mismo, pero no.

Porque no es chocolate lo que puede saciarlo.