Me quedé dormida

Encontré el artículo

logré leerlo entre los ojos a medias

una historia de príncipes perdidos

y bosques encantados

pero cierta en su mentira.

Me quedé dormida

se me cayó el teléfono

me despertaron los pájaros

que cantan cuando se van a dormir

así empezaron las canciones de cuna

con alas y plumas en melodía de despedida.

El príncipe del cuento

escrito como noticia

murió entre una ruina

metiéndose a mi sueño

y ahora, despierta, la quiero contar yo

para que te arrulle al dormir.

A veces

Salgo de bañarme mojada

el pelo botando gotas

me pongo la ropa que saqué.

A veces almuerzo

hay comida que me gusta

menos mal porque la hice yo.

A veces tomó café

con crema

en una taza grande.

A veces hago todo eso

siempre, todos los días,

no fallo nunca.

Porque, a veces,

entre la ducha y el café,

te quiero. Siempre.

Regresé al mismo río

En estos días sin nombre

se produce el milagro

de cruzar el mismo río

todas las mañanas.

Llego a la orilla

donde me espera el agua

que estaba ayer

o que va a estar mañana.

Cruzo la corriente

llego al otro lado

mañana comenzaré en el mismo lugar

y seré yo la distinta.

Fue el chocolate

Tengo vacío el corazón que me llenas de besos

se siente justo en el estómago, un lugar sin hambre,

con ganas de comer hasta dormir

y dormir para no tener que buscar comida.

El sitio que tiene un fondo para todo

menos para el chocolate o el tequila

pero que se llena demasiado fácil

con todo lo que me sirvo en el plato, y dejo.

¿Cómo lleno ese agujero?

Ya probé con la tableta que había en la mesa.

No estoy satisfecha. Quiero más. De lo mismo, pero no.

Porque no es chocolate lo que puede saciarlo.

Hasta la próxima luz

Mi sombra baja primero las gradas

haciendo carreras con el gato

el ritual de cada mañana

desde anoche que no la miro

regresa con la primera luz

espero su llegada con el sol

pero enciendo antes una lámpara

la del teléfono, para no caerme del segundo piso

porque el gato siempre quiere ganar

y compiten con mi sombra

halándome para ir más rápido

no sé si podría caminar

si ella no fuera adelante.

Tengo tiempo

Tengo todo el tiempo del mundo

Y lo he evaporado en la cocina

Revisando ecuaciones de matemáticas

Buscando declinaciones germanas.

Me regalaron días sin carro

Que se me van regando plantas

Los duermo en noches atropelladas

En días vestida para no salir.

Ahora hay un saco de minutos

Pidiendo que los llene con palabras

Pero se me escapan todas 

Dando instrucciones a niños inquietos.

Hay mañanas de sol, noches sin cielo abierto

Amigos sin visitas

Vino sin abrir

Comida que me espera para otra cena, no hoy, gracias.

Los gatos saben bien cómo gastarse

El tiempo sin reloj

De los días sin destino

Las puertas de la casa otro adorno más.

Se me va la tarde

Recordando sacar la ropa de la secadora

Preparando una cena más

Y recordando que mañana, tampoco voy a tener tiempo.

Los días iguales

El secreto de cada día es que siempre es igual

el sol sale por el mismo lado del jardín

y trepa por la misma pared para escaparse

dejando que la sombra arrope las plantas.

Pongo el despertador siempre a las cinco,

no teniendo a dónde ir, es importante estar lista.

Si no existieran los nombres,

podría un jueves llamarse lunes

y nos daría lo mismo,

salvo los viernes, porque ese día tomo vino.

Tenemos una cantidad limitada de pasos

entre la cocina y el cuarto,

el conteo da el mismo número

no importa cuántas veces recorramos el camino.

Estos días son iguales.

Pero me están cambiando.

Para quedarte

Si para que te quedes

tengo que recordarte las noches que te fuiste

las mañanas en soledad

las bocas sin besos.

Si tengo que enumerar

las canciones sin oídos

el espacio sobre la piel

que no tiene mano encima.

Sacar a bailar

las veces que no lo hicimos

los deseos puestos sobre el suelo

que nadie recogió.

Si fuera todo eso necesario

para quedarte

dejaría que te fueras

y lo recordaras solo.

Un vacío

Escucho lo que me cuentan

En lo que no me dicen

espacios en blanco

como agujeros vacíos

que succionan las palabras

los recuerdos, las emociones

saltamos esas partes de la memoria

para no cortarnos con su filo.

Yo lo miro todo.

Dejo entrar el aire en ese espacio

agarro lo oculto y lo encierro

sobre papel.

Sabe a vainilla

La muerte sabe a vainilla

La sentimos en la boca con el primer aliento

El dulce que llena todo, desde que aprendemos a comer

Así olía la caja de pañuelos de mi mamá

Los que ahora usa mi hija

Persiste la fragancia de otra persona que ya no huele a nada

Las palabras que decimos para olvidar

Grabadas en el aire que huele a tierra, sabe a sangre

El sabor al fondo de la copa de vino

Una botella abierta para bailar y decir adiós

El dejo amargo de los besos que se dan

Con los ojos abiertos, los labios apretados

Se escucha el sabor en el timbre de voz

De quien nos dice que nos quiere

O que ya no.

Todo sabe a vainilla.