El gato está gordo
ya no corre por las gradas
las cerramos por los perros
y, prefiero que engorde
a que se lo coman a él.
El gato está gordo
ya no corre por las gradas
las cerramos por los perros
y, prefiero que engorde
a que se lo coman a él.
Tú y yo hablamos
pero no nos escuchamos
de nada sirven
tantos idiomas en común
las palabras rebotan
no penetran
y los mensajes que llevan
se quedan tirados en el camino
no nos entendemos
tal vez necesitamos movernos
dejar de estar cara a cara
ponerme al lado tuyo
ver hacia el mismo lado
que lo que decimos nos enlace
y nos entendamos.
Los secretos son duendes pequeños
oscuros y pesados
caminan por debajo de los muebles
se refugian en los momentos vacíos
entre cada respiración
se amarran a los pies del que los guarda
lo hacen bailar entre palabra y palabra
para que no los suelte
les gusta crecer en la oscuridad
huelen mal, a humedad y polvo y culpa
los secretos tiene alas
les sirven para sumergirse en el lodo
cuando los alcanza la luz
desaparecen.
El agua limpia, el cielo queda claro después de la lluvia
el fuego quema, cuida los puentes
el dolor lastima, hay corazones rotos por todas partes
el amor es un mapa, te enseña dónde estás y cómo te llamas
el viento es un mensajero, trae el olor de tu piel a mi cama
tus manos son cuchillos, me parten en pedazos
tus besos son llaves, yo soy la cerradura
y tú, tú me gustas, obvio.
Uno cree que tiene las riendas de la vida en la mano. Sobre todo al principio. Luego se da cuenta que no es sólo un caballo lo que uno dirige. Se parece mucho más a una canoa, tal vez con una pequeña vela, que hay que tratar de mantener en curso a pesar del mar.
Es una comparación trillada, lo sé. Y no por eso deja de ser cierta. Nacemos de por sí con tantas características que se salen de nuestro control. Ni siquiera escogemos nuestra altura. Y con todo eso, tenemos que avanzar, ganarle al viento, vencer la tormenta, llegar al puerto.
Hay momentos en que dan ganas de simplemente dejarse llevar. Cualquier playa es buena cuando uno ya no quiere seguir el rumbo. Pero hay que recordar que cada vez que nos hemos desviado, estamos insatisfechos y más lejos de la meta. Mejor seguir a retroceder.
Desde que perdí esa noche de sueño
todo se me esconde:
el reservorio recién lleno
la palabra escrita
la idea fija
el sacapuntas verde
mis ganas de vivir
la promesa entregada
la sartén de los huevos
aquél lunes por la tarde
(estoy segura que fue en marzo)
y todo lo que me dijiste
(¿o eso lo olvidaste tú?)
Seguro el sueño se llevó todo
tendré que ir a buscarlo
y perderme yo.
¿Recuerdas esa conversación
que no tuvimos y todo lo que no te dije?
La tengo guardada
al lado de los te quieros
y mis expresiones más ridículas
de todo el cariño que no te muestro.
Allí todavía son un regalo sin entregar
con la posibilidad de gustarte
hasta de recibir uno propio.
Allí puedo creer que sí los (me) quieres
acumulo más recuerdos (ilusiones) futuras
no quiero saber cómo reaccionarías.
A veces la incertidumbre es benigna.
Dime, en ese modito tuyo,
cómo te gusto. Suena distinto.
Tanto, que no siempre lo entiendo
y no confío en mis interpretaciones.
Quiero creer, autoengaño avisado,
que me quieres cerca,
por lo menos me dejas estarlo.
Me gustas, con todo y modo seco,
porque me gustan las cosas hermosas
aunque sean espinudas.
Termino encontrando el centro dulce.
¿Cómo se le prende fuego
a tu prado en las mañanas?
Quiero tus naranjas encendidos
provocarte calor
sacar tu sol hasta de noche
y que se queme todo.
Comencé con la piel en blanco
la vida tiene un marcador
con tinta permanente
tal vez así se marca el tiempo
o son las señas que ayudan
a la muerte
para saber cuándo venir por mí.