Ponte de cabeza
quiero verte al revés
reconocerte en cada ángulo
tu espejo, una foto,
que no haya forma
de no saber que eres tú.
Ponte de cabeza
quiero verte al revés
reconocerte en cada ángulo
tu espejo, una foto,
que no haya forma
de no saber que eres tú.
Hay tanto espacio entre nosotros
todo ese aire, calles, nubes
los árboles que se mecen
las personas que te miran
nos une
mientras más distancia
más cosas sirven de puente.
El corredor de la casa era largo
cuando lustraban el granito
el suelo era resbaloso
nos resbalábamos en calcetas
con mi mamá, cuando aún podía,
riéndonos tanto
siempre cabía la posibilidad
de lastimarnos
nunca sucedió
me queda la sensación de peligro evitado
y la risa de mi madre.
Escoge el corazón, cariño mío
que la cabeza sirve para agarrar los calcetines negros
o la carrera que te va a deformar.
Usa el corazón, Corazón,
para sacar el próximo libro
pedir la comida
poner la película.
Prefiere el corazón, siempre,
aunque escoja mal (es muy impulsivo)
y su decisión lo rompa
dejándote el dolor.
Porque no importa qué escojas,
la vida duele.
Mejor haberla gozado antes.
El gato está gordo
ya no corre por las gradas
las cerramos por los perros
y, prefiero que engorde
a que se lo coman a él.
Tú y yo hablamos
pero no nos escuchamos
de nada sirven
tantos idiomas en común
las palabras rebotan
no penetran
y los mensajes que llevan
se quedan tirados en el camino
no nos entendemos
tal vez necesitamos movernos
dejar de estar cara a cara
ponerme al lado tuyo
ver hacia el mismo lado
que lo que decimos nos enlace
y nos entendamos.
Los secretos son duendes pequeños
oscuros y pesados
caminan por debajo de los muebles
se refugian en los momentos vacíos
entre cada respiración
se amarran a los pies del que los guarda
lo hacen bailar entre palabra y palabra
para que no los suelte
les gusta crecer en la oscuridad
huelen mal, a humedad y polvo y culpa
los secretos tiene alas
les sirven para sumergirse en el lodo
cuando los alcanza la luz
desaparecen.
El agua limpia, el cielo queda claro después de la lluvia
el fuego quema, cuida los puentes
el dolor lastima, hay corazones rotos por todas partes
el amor es un mapa, te enseña dónde estás y cómo te llamas
el viento es un mensajero, trae el olor de tu piel a mi cama
tus manos son cuchillos, me parten en pedazos
tus besos son llaves, yo soy la cerradura
y tú, tú me gustas, obvio.
Uno cree que tiene las riendas de la vida en la mano. Sobre todo al principio. Luego se da cuenta que no es sólo un caballo lo que uno dirige. Se parece mucho más a una canoa, tal vez con una pequeña vela, que hay que tratar de mantener en curso a pesar del mar.
Es una comparación trillada, lo sé. Y no por eso deja de ser cierta. Nacemos de por sí con tantas características que se salen de nuestro control. Ni siquiera escogemos nuestra altura. Y con todo eso, tenemos que avanzar, ganarle al viento, vencer la tormenta, llegar al puerto.
Hay momentos en que dan ganas de simplemente dejarse llevar. Cualquier playa es buena cuando uno ya no quiere seguir el rumbo. Pero hay que recordar que cada vez que nos hemos desviado, estamos insatisfechos y más lejos de la meta. Mejor seguir a retroceder.
Desde que perdí esa noche de sueño
todo se me esconde:
el reservorio recién lleno
la palabra escrita
la idea fija
el sacapuntas verde
mis ganas de vivir
la promesa entregada
la sartén de los huevos
aquél lunes por la tarde
(estoy segura que fue en marzo)
y todo lo que me dijiste
(¿o eso lo olvidaste tú?)
Seguro el sueño se llevó todo
tendré que ir a buscarlo
y perderme yo.