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Me acaban de contar una parte que no sabía de algo que sucedió hace años. Me cambió la perspectiva y ahora tengo qué revisar lo que había guardado en la memoria. Y es que cualquier pieza nueva cambia la construcción.

No es posible conocer todos los detalles de un acontecimiento y por eso tan cierto eso que hay dos lados (al menos) para cada historia. Preocuparse por recoger todas las versiones se convierte en la tarea de nunca acabar de quienes escriben la Historia. Y de nosotros que escribimos la propia también.

Es más alegre tener más detalles. El mundo se amplía. Es difícil guardar prejuicios si uno comprende. Y ayuda a tomar mejores decisiones. Además, la vida se vuelve más interesante.

Todavía no termina

Me desperté pensando que era viernes. No. Esta semana es de las que duran tres. El tiempo me juega la vuelta. No ayuda estar cansada.

Antes de tener relojes y calendarios, marcar el paso de los días también era importante. Teníamos que poder predecir de alguna forma la transformación de las estaciones y las migraciones de la comida para sobrevivir. Conmemoramos fechas que se repiten. Y nos da la idea que todo avanza y todo vuelve. Supongo que por eso, en esta realidad, nuestro mundo es un globo y podríamos darle la vuelta. No seríamos los mismos. Pero regresaríamos.

Además, mientras menos tiempo de esta vida me queda, más me fijo en él. Nada más relativo que esa percepción de escasez. Y, eventualmente, llegará el viernes.

Los datos

He sido excelente abogada y no necesariamente una notaria excepcional. Tal vez es porque se me va un poco los detalles por ver las cosas que me parecen más importantes. No sé si sea bueno, simplemente sé lo que me da a mí.

Las habilidades ayudan a encaminar los gustos. Obviamente no son determinantes, porque hay personas que se sobreponen a sus dificultades y suplen la naturaleza con la perseverancia. Que, creo, tiene aún más mérito que a la gente que le sale todo fácil.

Simplemente también uno tiene que tener en cuenta de qué pata cojea para fijarse en qué hoyo no irse. Y, además, eso me ha instruido cómo no distraerme al momento de revisar detalles.

Música bonita

Me gustan muchos tipos de música. Alguna más moderna que la otra, no sólo de cuando yo era joven. Definitivamente hay un momento para escuchar algunas canciones y hay otras a las que uno regresa como a un par de jeans cómodos. Se vale que a uno le guste la música sin complicaciones.

La verdad es que se vale que a uno le guste lo que le gusta y punto. Sin tener que justificarse. Y si eso no se considera “de buen gusto”, igual no importa. Hemos tendido cada vez más a juzgar a los demás por cosas esencialmente personales y que no le incuben a otra persona, sólo al interesado.

Así que yo seguiré viendo comedias tontas de vez en cuando, tomando vino barato y escuchando música bonita. Cuando no, haré todo lo contrario. Y no hay nada de malo en ello.

Repetir

Este año salió la última temporada de una serie que me ha encantado. Y al terminarla, decidí volverla a ver. Estoy encontrando por qué me pareció tan genial y tiene qué ver con la forma en que desarrollan los personajes. Qué maestría en estudio de la condición humana. Y qué suerte poder volver a verla con el fin ya conocido.

Uno vive (sin guiones) su vida y toma esas decisiones que lo moldean, que llevan al futuro. No siempre sabe uno la importancia del momento cuando está sucediendo. Tal vez por eso mismo hay que vivirlos todos como si fueran importantes. Porque los seres humanos no podemos repetir la vida cuando llegamos al final. Y aunque sí, pasaría lo mismo que con volver a ver la serie: sólo estaríamos haciendo lo mismo, otra vez.

El ver hacia atrás en la vida ilumina pedazos relevantes. Y eso puede ayudar a tomar decisiones en el futuro. Claro que me gustaría pensar que lo que hago ahora es un esfuerzo coordinado para llegar a un punto deseado. Pero lo dudo. Menos mal que hay series de tele con esa ilusión.

El perro se comió…

El deber de la niña, dos veces, un sillón, un pedazo de carne, el trasto entero de berenjenas horneadas que hice… Se ha comido tantas cosas que no entiendo cómo vive aún.

Tener perros es un rollo tan distinto de todo lo que me ha tocado. Es alegre. Los perros han estado con nosotros desde antes que supiéramos hablar, según algunos antropólogos.

Tal vez lo mejor es la compañía. Y espero no ser la única que les habla como si me entendieran.

Berenjenas al horno

Hoy las berenjenas al horno me quedaron como me gustan. No es poca cosa eso. Y no es porque yo sea difícil de complacer. Es porque tengo vivo el recuerdo de cómo las hacían en mi casa.

Vivimos con nuestros recuerdos. Creo que es una de esas formas de inmortalidad residual. No nos borramos mientras haya alguien que recuerde nuestra voz. Para algunos, ese espacio es muy breve. Hay otros que se anidan en la memoria colectiva y creemos que los conocemos aún siglos después de su muerte. Todo, lo cercano y lo remoto, es mentira. Una ilusión de nuestra mente. Pero es la naturaleza de nuestra memoria y lo único que tenemos.

Encontré en la comida el sabor de mi casa. Si no sabe igual, no es ni siquiera relevante.

Una vida plena

A mis ya 47 años, puedo decir que he tenido una vida entretenida. No recuerdo haber estado aburrida ni cuando tuve que guardar cama por mi segundo embarazo. Aunque a veces si describiera un día normal podría parecer rutinario, creo que me refugio en esas rutinas porque estoy plenamente consciente que siempre, siempre, hay cambios que uno no puede prever.

Encontrar la plenitud no es estar atareado, sino ocuparse plenamente (repito la palabra a propósito), de lo que uno está haciendo en ese momento. Todo lo demás no existe. No quiere decir que uno no debe planear, pero sí que uno no debe vivir en el futuro no existente que está imaginando.

Entretenido no es siempre sinónimo de feliz. Creo que hay años enteros que hubiera preferido estar aburrida. Pero no es lo que me tocó. Y ahora puedo aprender mejor a fijarme para aprovechar cada momento. Aunque sea de no hacer mucho.

Tengo mocos

Me enfermo muy ocasionalmente. Y cuando me pasa, me pasa fácil. Lo tengo que tomar con calma y sin medicinas, porque ni para eso soy normal y tomar descongestionates me causa complicaciones.

Es impresionante que, hasta hace un siglo escaso, tenemos medicinas que nos parecen de todos los días, como los antibióticos. La gente se moría de una picadura de mosquito, si tenía la mala suerte que se le infectara. Se diezmaron poblaciones enteras en América por la conquista de los virus, que les abrieron paso a los europeos. Y, recientemente, se paralizó nuestro mundo con un catarro en esteroides.

Las enfermedades se sienten horrible en cuerpo propio, espantosas en cuerpo de los hijos y como cosas insuperables en el cuerpo del marido. Sólo me toca hacerle ganas y sonarme.

Las emociones libres

Creo que con la edad se me rompió la conexión entre mis emociones y la permanencia. O sea, sobre todo lo negativo, lo siento a profundidad y se me pasa. No queda nada. ¿Será que se me lavó la parte donde uno se ve afectado por las cosas?

Lo más importante de la meditación (creo), es encontrar el espacio entre la emoción/pensamiento/deseo y la reacción. Lo primero es imposible controlar, pero lo segundo no. Y allí crece uno. Todo ese espacio sirve para sentir profundamente. Y soltar.

Ojalá sea eso verdaderamente lo que me está pasando. Porque vivir con lo malo a tuto cansa. Sólo espero que no sea porque estoy (más) rota por dentro.