Me desperté pensando que era viernes. No. Esta semana es de las que duran tres. El tiempo me juega la vuelta. No ayuda estar cansada.
Antes de tener relojes y calendarios, marcar el paso de los días también era importante. Teníamos que poder predecir de alguna forma la transformación de las estaciones y las migraciones de la comida para sobrevivir. Conmemoramos fechas que se repiten. Y nos da la idea que todo avanza y todo vuelve. Supongo que por eso, en esta realidad, nuestro mundo es un globo y podríamos darle la vuelta. No seríamos los mismos. Pero regresaríamos.
Además, mientras menos tiempo de esta vida me queda, más me fijo en él. Nada más relativo que esa percepción de escasez. Y, eventualmente, llegará el viernes.
