Lo que se ve…

Esa advertencia de no preguntar acerca de cosas evidentes, sirve para todo lo que no sean relaciones cercanas. Porque lo que hagan, o parezcan hacer extraños, da lo mismo. Pero uno no debe andar suponiendo lo que hacen los propios. A veces lo evidente no es lo verdadero.

Uno que tiene a su cargo la supervivencia y mejoramiento de seres humanos (lo sobreviven a uno y lo mejoran a uno), debe estar especialmente atento a todo lo que no se ve. Claro que hay formas de identificar las cosas. Patrones que se rompen, comidas que aumentan o disminuyen, el humor (Dios mío, el humor). Y allí va uno, preguntando lo completamente evidente. Porque quiere estar seguro. Además que hay que insistir, porque no se obtiene la respuesta a la primera.

En fin. Es obvio que uno no va a preguntarle a un extraño si está enojado cuando saca humo por las orejas. Las señales claras bastan. Pero sí hay que hacerlo cuando la gente nos importa. Aunque parezca tonto.

Competencia

Hay palabras en cualquier idioma con doble significado. Competencia, por ejemplo. Puede ser de ponerse a prueba con otras personas. O tener las facultades necesarias para desempeñar una tarea. Admito que a mí se me eleva la primera en muchos aspectos de mi vida y tengo que bajarle dos rayitas a la intensidad.

En la vida los recursos son limitados y todos compiten entre sí. El mismo tiempo está en competencia con nuestros deseos, porque o lo usamos para uno o para el otro. Siempre es cuestión de a qué le damos mayor valor. Pero entre eso y creer que uno le debe ganar a los demás, hay mucha diferencia. Vivir con más personas debería excluir en gran parte el deseo de aplastar al rival y fomentar la cooperación. Eso no borra la necesidad de ser cada vez mejor, pero esa carrera se libra contra uno mismo. Es la búsqueda del segundo significado de la palabra.

Quitarme la gana de ganarle a los demás, regresa mi enfoque a mí misma y me obliga a revisar si lo hago bien o no. Y allí es donde gano de verdad. Prefiero ser competente a estar compitiendo.

Alquimia

El aire usado se transforma

con agua y detergente

y el vacío

con calor y paciencia

hago alquimia en la lavandería

hechizos en la cocina

no necesito la piedra filosofal

la eternidad la encuentro en los aromas

que se guardan como recuerdos.

Me quedé dormida

Ha sido el día de quedarme dormida. Primero en el carro, muy muy mal. Luego en la casa, también muy mal porque se me pasó el bus. Menos mal los niños se pueden bajar solos y traían llaves…

He escuchado mucho que ser adulto es estar cansado todo el tiempo. Que te despiertas un día sintiéndote agotado y que así te quedas el resto de tu vida. Espero que no sea cierto, pero no recuerdo hace mucho el no tener este sueño.

En fin. Al menos no tengo que sacar el carro más hoy.

Se cayó el mundo

A veces se me olvida lo fuerte que puede llover. Despierto en la noche pensando en olas, esperando que pasen sin ahogarme. Me siento indefensa ante la fuerza de una naturaleza sin límites.

No me extraña que, sin conceptos científicos para explicar los fenómenos naturales, hayamos recurrido a narrativas fantásticas. Conste que a veces la ciencia me suena a magia.

Tener el cuerpo calentito de mi perra, luz y un libro, ayudan a pasar la lluvia. Y sólo espero que los míos estén a buen resguardo.

Quiero comer lentejas

Hay tantas posibles combinaciones de sabores y sólo un número limitado le gusta a mis hijos. Tienen la habilidad, además, que les deja de gustar lo que les fascinaba otro día. Las lentejas son una de esas cosas que a veces tienen éxito y a veces no.

Los seres humanos hemos alcanzado tal nivel de seguridad, que no damos el lujo de rechazar comida sólo porque no nos gusta el sabor. Por una parte, qué bueno por la humanidad, por la otra, creo que hemos perdido mucho.

Uno de los principios de esta casa es que hay que probar la comida antes de decir que no nos gusta. Y tal vez no siempre lo aplique para mí. Pero de que hago lentejas con chocolate, las hago.

Sentirse acompañada

Tengo un grupo de amigas excepcional. Son mamás de los amigos de mi hijo, todos chicos geniales, con las que tenemos mucho en común. Supongo que por eso me caen bien sus hijos y estoy segura que es por eso que las siento a ellas tan cercanas.

Los seres humanos estamos hechos para crecer acompañados. Los niños se criaban todos juntos, las mamás nos pasábamos sabiduría entre todas y aprendíamos en grupo. Tomar decisiones en un vacío nos priva de esa experiencia acumulada.

La familia moderna es un núcleo que a veces se queda pequeño. Encontrar ese grupo extendido de personas con las que uno puede hacer tribu es un privilegio en estos tiempos de mayor aislamiento. Y así me siento con ellas, privilegiada de tener cerca a mujeres formidables que me dan ejemplos de maternidad invaluables. Espero que sigamos acompañándonos durante mucho tiempo.

Humo en el agua

¿Si tu sangre se mezcla con la mía

queda el rastro, una espiral?

O tu aliento en mi boca

¿se enrosca en mi lengua?

Mi deseo en tu piel

no te deja huella.

Yo quiero que te marque

como tu olor en mi mente.

Alguna vez seré

el humo entre tus manos

y no podrás borrarme.

Te veo las intenciones

Parte de convivir durante mucho tiempo es conocer hasta los pensamientos no manifestados. Lo veo hasta con mis animales, la forma en que el gato se le acerca a la gata sólo para sacarla de su paz. Es fácil creer que uno ya sabe todo del otro. Y es incorrecto.

Para tener una buena relación, uno tiene que tener cierta seguridad en la consistencia del comportamiento del otro. Es poder cocinarle su plato favorito y que siga siendo su plato favorito. Pero a veces es lo adormece a uno en una ilusión de no tener nada más qué aprenderse. Y no. Hasta con los humanos, el principio fundamental del budismo, mantener mente de estudiante, aplica para una constante mejora.

Yo sé mucho de lo que mi gente va a hacer antes a veces que se les ocurra a ellos. Pero igual espero porque pueden cambiar de opinión en el camino. Y generalmente también estoy preparada para eso.

Lo que más me hace falta

Es sentir que alguien me quiere así de tanto. Ahora yo lo hago y sé que se corresponde hacia abajo. Porque no es “a pesar” del cansancio y la frustración y la duda. Es porque me siento agotada y confundida y sé que en algo la estoy cagando, que los quiero.

La maternidad humana está detonada por las hormonas, pero se alimenta del trato y conocimiento y esfuerzo. Como en toda relación, necesita trabajo para que funcione. Porque son las únicas personas a las que uno puede amar aún cuando uno no los soporta. Es aprender a no tomarse las provocaciones de forma personal. Es admitir que tal vez uno no lo sabe todo y corregir errores. Es soltar, cuando es más fácil aferrarse.

Yo nunca soñé con ser mamá y ahora no me imagino no siéndolo. Tampoco pensé que lo fuera a ser sin la mía y, pues, había otros planes. Me gustaría tener una vida adulta con mi mamá de testigo, de apoyo, de cariño. Espero estar allí para mis hijos cuando ellos me necesiten así.