Hay tantas posibles combinaciones de sabores y sólo un número limitado le gusta a mis hijos. Tienen la habilidad, además, que les deja de gustar lo que les fascinaba otro día. Las lentejas son una de esas cosas que a veces tienen éxito y a veces no.
Los seres humanos hemos alcanzado tal nivel de seguridad, que no damos el lujo de rechazar comida sólo porque no nos gusta el sabor. Por una parte, qué bueno por la humanidad, por la otra, creo que hemos perdido mucho.
Uno de los principios de esta casa es que hay que probar la comida antes de decir que no nos gusta. Y tal vez no siempre lo aplique para mí. Pero de que hago lentejas con chocolate, las hago.
