Lo que más me hace falta

Es sentir que alguien me quiere así de tanto. Ahora yo lo hago y sé que se corresponde hacia abajo. Porque no es “a pesar” del cansancio y la frustración y la duda. Es porque me siento agotada y confundida y sé que en algo la estoy cagando, que los quiero.

La maternidad humana está detonada por las hormonas, pero se alimenta del trato y conocimiento y esfuerzo. Como en toda relación, necesita trabajo para que funcione. Porque son las únicas personas a las que uno puede amar aún cuando uno no los soporta. Es aprender a no tomarse las provocaciones de forma personal. Es admitir que tal vez uno no lo sabe todo y corregir errores. Es soltar, cuando es más fácil aferrarse.

Yo nunca soñé con ser mamá y ahora no me imagino no siéndolo. Tampoco pensé que lo fuera a ser sin la mía y, pues, había otros planes. Me gustaría tener una vida adulta con mi mamá de testigo, de apoyo, de cariño. Espero estar allí para mis hijos cuando ellos me necesiten así.

Aseveraciones

Ahora que hablo mucho (más) todos los días y hay gente que me escucha, (alguna), tengo que tener cuidado en qué digo cuando afirmo algo, sobre todo si no tengo los datos para respaldarlo. Pero, si así tuviera que ser mi vida privada, creo que preferiría tomar un voto de silencio. Es imposible ser siempre totalmente certero en lo que uno dice.

Obviamente no estoy hablando de activamente decir cosas que no son ciertas, o sea, mentir. Pero la forma misma en la que nos recordamos de la información y la transmitimos permite que haya una variación entre lo que sucedió, nos contaron y repetimos. Así es. Si no me creen, recuerden cuando jugaban «teléfono descompuesto». Simplemente es muy difícil mantener los detalles exactos en la mente y replicarlos.

Pero así va evolucionando nuestra cultura: con pequeñas variaciones en la vuelta a contar de nuestras historias. Hasta en lo persona, es bueno poder reescribir el pasado, por algo las terapias nuevas psicológicas en donde personas con estrés postraumático se vuelven a contar el incidente de forma distinta y logran superarlo.

No siempre logro demostrar lo que afirmo y a veces sí prefiero no decir nada. Pero no cuando platico y me cuento a mí misma mi historia. Allí sí prefiero hacer edición.

Descargar presión

Detesto llorar. Se me tapan la nariz y los oídos, me duele la cabeza y me miro horrenda. Definitivamente no soy de las que necesita llorar para sentirse bien.

He escuchado un montón de podcasts científicos tratando de explicar por qué lloramos los seres humanos. Así con lágrimas y todo. Y no lo entiendo aún. Podríamos no sacar nada, menos por los ojos. Tal vez es una cuestión de espacio: el botón del agua está cerca del de las emociones y a veces se apachan los dos. No sé.

Dice la gente a la que le gusta llorar que les sirve para desahogarse. Quisiera aprender. Pero sin lágrimas.

Tú no quieres que te cuente

Anoche no dormí,

otra vez

el mundo está pesándome

y la vida me agobia

necesito bajar a respirar

aunque no sé si eso sirva

todo eso quiero

pero tú no quieres saberlo

y me reflejas sólo la cara

que luego le enseño a los demás.

Límites

Nada más feliz que un niño con límites. Y que se hagan valer consistentemente. Nada más difícil que ponerlos. Al menos a mí me cuesta. Prefiero “quedar bien” y al carajo mi propio bienestar.

El auto cuidado debería ser natural. Y no un proceso complicado de aprendizaje. Ponerse a uno primero no es malo. Es indispensable cuando uno piensa que no puede vaciarse y pretender seguir dando.

Quisiera poner límites firmes, sin lastimar. Pero no siempre es factible porque son los de afuera los que a veces se tiran contra el alambre. Y eso, estoy aprendiendo, no es culpa mía.

Sin tiempo

No he tenido tiempo para pensar hoy. Y, no sé, creo que algunos días eso es bueno. Parte de la distracción de la vida es ese monólogo continuo interior que nos separa de lo que estamos haciendo.

Parece ser que los seres humanos no adquirimos esa voz hasta que adquirimos lenguaje, como si el yo que construimos necesitara de palabras para hablarse a la existencia. También eso indica que probablemente el ego es algo posterior a nuestra existencia y que es posible acallarlo sin desaparecer. Interesante que la ciencia sirva para demostrar ciertos postulados filosóficos/religiosos.

Independiente de todo eso, el hecho de estar ocupada, me da la oportunidad para descansar de pensar. De salirme de mi temporalidad al no tener un minuto qué perder. Tal vez allí resida la verdadera eternidad.

No soy buena

Hoy entrenamos con los meros meros del karate. Como siempre, me doy cuenta lo mala que soy. No termino de hacer mías las aplicaciones de los movimientos y los hago mal.

Todo, siempre, se puede hacer mejor. Nunca, nada, se puede hacer perfecto. Y en ese proceso de mejora es que se hace lo que verdaderamente vale la pena. Parte de la práctica no es sólo hacerlo bien, sino perder el miedo de hacerlo mal. Yo prefiero tirarme al agua y que me salga medio mal lo que quiero aprender a hacer bien, que quedarme sentada a la orilla de la vida viéndola pasar sólo porque no me sale perfecto. Al carajo con lo perfecto. Denme algo que pueda hacer.

Seguro tengo mucho qué aprender. Y mientras lo siga haciendo seguiré adelante, aunque sea mal. Creo que de eso se trata.

Hoy no se trabaja

Pero la vida sigue, y siguen habiendo cosas qué hacer, gente qué alimentar, perros qué cuidar, ejercicio, escritura… La interrupción en la rutina no quiere decir que lo esencial no continúe.

Creo que eso es lo que más me gusta de cualquier interrupción: saber que siempre hay a dónde regresar. Como si aún tuviera casa de mis padres dónde me hagan mi postre favorito. Supongo que me he creado mi propio lugar ficticio y allí me siento bien.

Así que mañana (hoy), aunque no se trabaje, igual sigo con lo igual.

Creí que había espacio

Pensé que cabías

en serio que sí

no imaginé que ya estuviera todo ocupado

los lugares parecen vacíos

pero están habitados de tiempo

o se les escapa el espacio disponible

entre las grietas

lo siento, no hay vacantes

mejor consíguete un corazón nuevo

sin recuerdos ni personas que ya no están

tal vez sea menos interesante

pero seguro allí sí te dejan entrar.

Mala memoria

Me gusta tener mala memoria para todo. Sobre todo para las cosas que pasan mal. Olvidarse de la emoción, no del hecho, ayuda a trascender. Uno no alimenta lo malo, lo transitorio.

La memoria funciona en forma extraña y el cerebro sólo recuerda lo que le sirve. Las emociones sirven en ese medio segundo que las sentimos, después, no necesariamente.

Quiero tener más afinidad con mis sentimientos en el momento. Y dejarlos ir después.