Las calles al revés

Waze me sacó por calles que transito con frecuencia, pero en sentido contrario. La sensación es desorientadora, como verle la cara a alguien que uno conoce, pero puesto de cabeza.

Generalmente tenemos una postura desde la que vemos todo y desde ese ángulo, logramos una comodidad. La misma se puede convertir en aburrimiento, porque todo nos parece igual siempre. Pero lo cierto es que hasta lo más común, tiene ángulos distintos desde dónde verlo y así, cambia.

¿Se podrá hacer lo mismo con las personas? Verlas desde un lugar diferente y así cambiar nuestra opinión de ellas. Creo que vale la pena probar.

Me pegaron en la cara

Detesto combatir en el karate. Lo detesto. Siento que voy a lastimar a alguien. O que me voy a ver ridícula haciéndolo. O que me van a lastimar. Y pasan todas esas tres cosas y no pasa nada.

Hay cosas que cae mal hacer. Porque nos empujan fuera de lo que nos queda cómodo. Solo se hacen cosas fuera de lo común, saliendo del cuadrito conocido. Por eso aprende uno cosas nuevas.

Pero sí, me dieron un golpe en la cara que me dolió en el momento y mucho más en el ego. Creo que es porque tengo un problema de visión perimetral. O puede ser simplemente que soy muy mala combatiendo. No son mutuamente excluyentes.

Volver a explicar

Uno quiere que sus hijos sean independientes. Les enseña a tomar decisiones propias, a tener opiniones y carácter. Y luego quiere que le hagan caso sin cuestionar. La hipotenusa.

En la adolescencia hay un proceso inevitable de alejamiento entre los hijos y los padres. Cortan el cordón umbilical y uno tiene que darles espacio. Para que se estrellen, pero no tanto. Porque si no lo hacen ahora, en chiquito, les toca después, en grande. Las cicatrices es mejor si uno se las cuida. Pero hay que dejarlos y eso cuesta.

Me toca volver a enseñar modales en la mesa. Graduar volumen de voces. Poner reglas. Y volverlo a hacer. Estoy segura que más de algo se les queda.

El entreno

Hay habilidades naturales que son esenciales. Ningún talento, sólo la capacidad del cada ser humano de aplicarse a lo que hace. La perseverancia es mil veces más importante que la capacidad. Pero se nos escapa que esa característica también es susceptible de agrandarse.

Loa humanos tenemos el equivalente de un contenedor limitado de fuerza de voluntad que vamos usando durante el día. Una vez se acaba, es más difícil hacer lo difícil. Comemos mal, dejamos de hacer ejercicio, no nos aplicamos. Pero hay un truco perfecto para no usar esa dote de disciplina: no pensarlo. Suena el despertador, se levanta uno y ya. Es hora de hacer ejercicio, lo hace. La rutina, lo vuelvo a decir, sirve para no tener que usar la fuerza de voluntad.

Entrenar es mucho más importante que el talento. Y aprender a entrenar es de lo mejor que uno puede hacer. No es un defecto el no aplicarse, es sólo falta de experiencia. Y eso es fácil de adquirir.

El espacio

Hay tanto espacio entre nosotros

todo ese aire, calles, nubes

los árboles que se mecen

las personas que te miran

nos une

mientras más distancia

más cosas sirven de puente.

Partirse

Cuando iba a tener a mi hija, tuve un pequeño momento de pánico: ¿cómo le iba a hacer para quererla tanto como al primero. Tonto, viéndolo hacia atrás.

Pensamos en nuestras relaciones en términos de escasez: damos y recibimos algo en las mismas, pero es finito. Cuando en realidad lo que constituye un cariño es esencialmente inacabable.

Los quiero a los dos y hubiera podido tener dos más y quererlos. No me parto.

Lo que no se ve

Hace poco hablé con una señora que conozco desde hace años, pero con quien no había conversado. Por alguna razón, de un tema trivial, llegamos a hablar de sentimientos muy profundos. Fue un momento de conexión, de sentirnos entendidas. La mejor conversación que he tenido últimamente.

Uno pasa por la vida sin enseñarse a los demás. Es lo adecuado. En primer lugar, porque no es del interés general conocer nuestra vida íntima. En segundo, porque la vulnerabilidad es un animalito frágil, fácil de quebrar. Pero lo opuesto, el no abrir el alma jamás, no nos deja crecer.

Creo que está bien no compartirse con todo el mundo. Qué cansado. Y estoy aprendiendo a hacerlo de vez en cuando. No tanto por mí, por el abrazo que pude darle con verdadera compasión y entendimiento a otra mujer que ha pasado por cosas similares. Para eso es que uno está roto, para dejar salir luz por las rendijas. De nada sirve un candil debajo de la cama.

En otra época

Nos encanta pensar que en tiempos pasados las cosas fueron distintas. Y, sí, no había drenajes, ni antibióticos, ni anestesia. Ni libros, exposiciones, música fácil de escuchar. Pero también es cierto que la vida era menos agitada, el ambiente menos sucio.

Y nada de eso refleja el corazón del asunto: no importa qué tan distintas sean las circunstancias externas, el ser humano sigue siendo igual. Con lo bueno y lo malo, sólo con mejores herramientas.

No me gusta idealizar tiempos en los que no estoy porque me distrae de la verdad más grande: uno sólo puede hacer lo mejor que puede con lo que tiene. Ahora.

Ser amable

Uno puede elegir entre ser amable o ser sincero. Casi siempre es uno o lo otro. Sobre todo cuando la gente que uno quiere hace preguntas espinosas. Esa línea entre no decir toda la verdad o enseñar algo… No siempre se encuentra lo ideal allí.

Los valores absolutos no tienen verdaderos opuestos en el sentido que uno sea mejor que el otro. La justicia no es opuesta a la misericordia, sólo se deben aplicar diferente. Y la toma de decisiones no es más difícil entre algo bueno y algo malo. Pero sí lo es entre algo malo y algo peor. Si uno sólo tuviera que escoger entre lo deseable y lo indeseable, la vida sería simple. Pero lo es todo menos eso.

Ser demasiado sincero, cuando la verdad desnuda no edifica, no tiene nada de meritorio. Ser amable y engañar para no herir tampoco ayuda. Pero decir suficiente de la verdad, guardando el aguijón, creo que por allí va la cosa.

Desliz

El corredor de la casa era largo

cuando lustraban el granito

el suelo era resbaloso

nos resbalábamos en calcetas

con mi mamá, cuando aún podía,

riéndonos tanto

siempre cabía la posibilidad

de lastimarnos

nunca sucedió

me queda la sensación de peligro evitado

y la risa de mi madre.