Fuimos a ver vestidos de fiesta con la niña. La última vez fue hace cuatro años. A mí no se me escapa el paso del tiempo, lo tengo muy presente. Pero a veces se me viene encima como un tren. Verla hoy, no de nena, me deja sin aliento.
Cada uno tiene su recorrido en la vida. Las cosas no deberían de dejar de tener intensidad sólo porque uno ya las ha visto antes. Y, si podemos entender que todo es nuevo cada vez, porque nosotros somos distintos siempre, logramos encontrar la fuente de la juventud.
Ella está preciosa. El vestido apenas le hace justicia. Y yo aprecio el acompañarla en momentos así, porque son especiales para ambas. Espero seguir haciéndolo mucho tiempo más.
