Ayer saludé a un patojo que no me había visto jamás, con muchísimo cariño. Mi mamá quería a su papá, lo cuidó desde pequeño, cuando murió en un accidente lo lloró a mares. Y yo tal vez a él no lo quería tanto, pero sí a mi mamá. Y ayer sentí cariño por un muchacho que no conocía.
La vida se puede ver desde el total pragmatismo, buscando explicar todo desde la utilidad. Y claro que se le encuentra en todas partes. Pero, cada día más nos damos cuenta que la ciencia se queda corta y que somos mucho más complejos que una simple búsqueda de lo que me sirve.
También se hereda el cariño y, cuando se manifiesta en cualquier gesto amable, se multiplica. Dar palabras gentiles, ser dulce, expresar sentimientos bonitos sólo enriquece al que lo hace, no lo disminuye.
