Uno puede elegir entre ser amable o ser sincero. Casi siempre es uno o lo otro. Sobre todo cuando la gente que uno quiere hace preguntas espinosas. Esa línea entre no decir toda la verdad o enseñar algo… No siempre se encuentra lo ideal allí.
Los valores absolutos no tienen verdaderos opuestos en el sentido que uno sea mejor que el otro. La justicia no es opuesta a la misericordia, sólo se deben aplicar diferente. Y la toma de decisiones no es más difícil entre algo bueno y algo malo. Pero sí lo es entre algo malo y algo peor. Si uno sólo tuviera que escoger entre lo deseable y lo indeseable, la vida sería simple. Pero lo es todo menos eso.
Ser demasiado sincero, cuando la verdad desnuda no edifica, no tiene nada de meritorio. Ser amable y engañar para no herir tampoco ayuda. Pero decir suficiente de la verdad, guardando el aguijón, creo que por allí va la cosa.
