No puedo explicar lo que hago

Gracias a La Peste, digo, al homeschooling, he tenido que hacerlas de tutora de mis hijos, para su desgracia y la mía. Porque yo puedo hacer las operaciones matemáticas y escribir los textos en alemán, pero no puedo explicar cómo lo hago. Para mí, los números hablan y el lenguaje tiene lógica matemática. Y así se hace. Como si no hubiera pasado por un proceso de aprendizaje. Pero no me pasa lo mismo con el karate, que bastante esfuerzo me ha costado aprender y que tengo dolorosamente presente lo mal que lo hago aún.

Las personas con talento generalmente son malos maestros, porque lo que uno debe poder transmitir es el proceso, no el resultado. Pero obligar a cualquiera a explicar lo que hace con claridad y sencillez es ayudarlo a reaprenderlo y hacerlo mejor. Todo, siempre, puede volver a aprenderse. Es uno de los pilares de la transformación personal el aproximarse a las cosas, aún las más comunes, con «mente de principiante». Que no es otra cosa que la disposición de aceptar que uno no lo sabe todo, ni de lo que sabe mucho.

Obligarme a dar pequeñas lecciones a mis hijos me recuerda la necesidad de aprender siempre, como por primera vez. Dejar del lado mis preconcepciones y aceptar nuevas formas de hacer lo que ya hago con alguna habilidad. No quiero volverme vieja y hablar de «las cosas en mis tiempos», porque los tiempos de uno son en los que uno vive hoy y ahora. Pero ya contraté tutora para los niños. No quiero hacerlos infelices.

Un olor a fuego

Me gustó tanto

el olor que deja el humo

cuando desplaza al aire

que, después de las naves,

los campos, los puentes,

el castillo de naipes,

los planes del futuro,

las cartas enviadas y guardadas,

las canciones y las listas,

las fotos, hasta los teléfonos,

no quedó más nada qué quemar

sólo yo,

tal vez si pongo el corazón al fuego

no te quede ni un sólo lugar

donde puedas regresar.

El mar adentro

Un día, hace muchos años

se acabó el mundo,

¿te recuerdas?

ya no fueron suficientes

los granos de sal suspendidos

ni las olas de techo

o la inmensidad debajo

te aburriste del infinito

se acabó el mundo

como se acaba el amor eterno

en un instante

quisiste dejar de volar flotando

y ahora vagas, piel afuera, seco

pero yo que te quiero

dejé que me llevaras por dentro.

Ya no encuentro a nadie más que a ti cuando te miro

No se puede evitar buscar parecidos

a los niños recién estrenados, son toda posibilidad

y uno les mira la boca del padre, los ojos de la tía

después dejan de ser muñecos de trapo

recogen entre sus escasos días

un poco de personalidad

las facciones se alejan de los recuerdos.

Cerré los ojos un instante

y te escapaste de mis brazos

para ser más alto que yo

y ya no encuentro a nadie de antes

cuando te miro, sólo estás tú.

Triste y dulce alejamiento que tenemos

para que tú tengas tu vida

así como tienes tu cara, sólo tuya.

Hasta que nos volvamos a parecer.

No hay gatos en esta foto

Ni se mete un hombre al río

en donde no deja estela

ni camina alguien sobre la hierba

sin doblar una hoja

no hay gatos en esta foto

no están disueltos en la sombra

ni tengo un corazón

que expulsa la sangre que me falta

no hay palabras en mi boca

que te retengan a mi lado.

Un poco de aire

No puedo respirar

con tu nombre suspendido en el aire

necesito el borrador

que usaste para olvidarme

no he podido quitar

tus marcas de mi piel

tal vez, al fin,

me ahogue en el pozo de tus ojos

y cuando termine de caer

me estrelle contra el piso que me quitaste.

Para mañana

Déjame mañana,

no quiero que me quieras ese día

que se acaben los besos

se seque el deseo

que todo se vuelva arena

se apaguen tus ojos

que mi voz me ahogue

se pierdan tus manos

y no haya nada más.

Mañana.

Y que ese día siempre esté

a un día de distancia.

La ventaja

Le juegas al tiempo

una carrera trucada

en la que te dio ventaja

al menos su ilusión

y corres, corres tan rápido

crees que siempre irás delante

pero no sabes

que el tiempo es el apodo de la muerte

y ella siempre gana.