Te compartí mi mar a besos,
caímos en el pozo de tus ojos
florecieron las tormentas sembradas
por el viento que alentó nuestras palabras
le prendimos fuego a todo
del mar, sólo queda la arena
la levanto con mis pasos que te buscan.
Te compartí mi mar a besos,
caímos en el pozo de tus ojos
florecieron las tormentas sembradas
por el viento que alentó nuestras palabras
le prendimos fuego a todo
del mar, sólo queda la arena
la levanto con mis pasos que te buscan.
Tiré el libro de apuntes
donde llevaba las cuentas
de los besos ofrecidos y pagados
no importa cuántos me des
siempre querré más.
Aprendí a decir te quiero con los ojos enlazados
a pedir ayuda antes de romperlo todo
a responder con empatía
prefiero guardarme las palabras
si van a servir de veneno y no de medicina
no pesa tanto la verdad como la compasión
y anoche, en vez de dar la lección de toda la vida
y decirle a la personita tierna que “todos vamos a morir”,
le mentí con todo mi corazón y le prometí,
que conmigo al lado, nada malo le puede pasar.
Ambas sabemos que no es verdad,
y no importa.
Gracias a La Peste, digo, al homeschooling, he tenido que hacerlas de tutora de mis hijos, para su desgracia y la mía. Porque yo puedo hacer las operaciones matemáticas y escribir los textos en alemán, pero no puedo explicar cómo lo hago. Para mí, los números hablan y el lenguaje tiene lógica matemática. Y así se hace. Como si no hubiera pasado por un proceso de aprendizaje. Pero no me pasa lo mismo con el karate, que bastante esfuerzo me ha costado aprender y que tengo dolorosamente presente lo mal que lo hago aún.
Las personas con talento generalmente son malos maestros, porque lo que uno debe poder transmitir es el proceso, no el resultado. Pero obligar a cualquiera a explicar lo que hace con claridad y sencillez es ayudarlo a reaprenderlo y hacerlo mejor. Todo, siempre, puede volver a aprenderse. Es uno de los pilares de la transformación personal el aproximarse a las cosas, aún las más comunes, con «mente de principiante». Que no es otra cosa que la disposición de aceptar que uno no lo sabe todo, ni de lo que sabe mucho.
Obligarme a dar pequeñas lecciones a mis hijos me recuerda la necesidad de aprender siempre, como por primera vez. Dejar del lado mis preconcepciones y aceptar nuevas formas de hacer lo que ya hago con alguna habilidad. No quiero volverme vieja y hablar de «las cosas en mis tiempos», porque los tiempos de uno son en los que uno vive hoy y ahora. Pero ya contraté tutora para los niños. No quiero hacerlos infelices.
Me gustó tanto
el olor que deja el humo
cuando desplaza al aire
que, después de las naves,
los campos, los puentes,
el castillo de naipes,
los planes del futuro,
las cartas enviadas y guardadas,
las canciones y las listas,
las fotos, hasta los teléfonos,
no quedó más nada qué quemar
sólo yo,
tal vez si pongo el corazón al fuego
no te quede ni un sólo lugar
donde puedas regresar.
Un día, hace muchos años
se acabó el mundo,
¿te recuerdas?
ya no fueron suficientes
los granos de sal suspendidos
ni las olas de techo
o la inmensidad debajo
te aburriste del infinito
se acabó el mundo
como se acaba el amor eterno
en un instante
quisiste dejar de volar flotando
y ahora vagas, piel afuera, seco
pero yo que te quiero
dejé que me llevaras por dentro.
No se puede evitar buscar parecidos
a los niños recién estrenados, son toda posibilidad
y uno les mira la boca del padre, los ojos de la tía
después dejan de ser muñecos de trapo
recogen entre sus escasos días
un poco de personalidad
las facciones se alejan de los recuerdos.
Cerré los ojos un instante
y te escapaste de mis brazos
para ser más alto que yo
y ya no encuentro a nadie de antes
cuando te miro, sólo estás tú.
Triste y dulce alejamiento que tenemos
para que tú tengas tu vida
así como tienes tu cara, sólo tuya.
Hasta que nos volvamos a parecer.
Te toco la sombra
me acerco despacio
mi corazón en pedazos
se destroza si voy rápido.
Ni se mete un hombre al río
en donde no deja estela
ni camina alguien sobre la hierba
sin doblar una hoja
no hay gatos en esta foto
no están disueltos en la sombra
ni tengo un corazón
que expulsa la sangre que me falta
no hay palabras en mi boca
que te retengan a mi lado.
No puedo respirar
con tu nombre suspendido en el aire
necesito el borrador
que usaste para olvidarme
no he podido quitar
tus marcas de mi piel
tal vez, al fin,
me ahogue en el pozo de tus ojos
y cuando termine de caer
me estrelle contra el piso que me quitaste.