La vida entera es de ciclos que se repiten. Debería ser nuestra meta no repetirlos. Salirnos del círculo inmediato y pasar al siguiente. Lo que pasa es que se nos olvida que pasamos por el mismo lugar en un juego cósmico de amnesia absurda en la que creemos que si lo volvemos a intentar, tal vez funciona. Claro que hay que insistir, pero con tácticas diferentes.
Por otro lado, el hecho que nuestros propios cuerpos tengan ritmos que van y vienen, nos centra. Es más un péndulo que avanza, aunque nos lleve a extremos periódicos. Las mujeres tenemos evidencia aún más concreta de esto.
Me gusta la idea de avanzar. Detesto estar estancada. No me gusta que me repitan dos veces la misma lección. Y, aún así, la he tenido que volver a aprender muchas veces.
