Felices para siempre-ish

Ya casi llevo lo mismo de casada que lo que nos tardó casarnos con Mario. Pasaron casi 12 años entre la primera vez que yo me acuerdo de haberlo visto y ese feliz 29 de abril del 2006. Y, menos mal, no todo ha sido como en los cuentos de hadas, en donde todo termina con un «se casaron y fueron felices para siempre». Meh.

Se habla de matrimonios para toda la vida con algún sarcasmo y se dice que funcionaban así cuando la gente vivía 40 años, lo más. Tal vez los cambios que todos tenemos no se sentían tanto en lo que le quedaba a la gente de juventud. Lo dudo. Siempre han habido rompimientos de relaciones, infidelidades, problemas y malos matrimonios, por mucho que duraran 15 segundos.

Esperar vivir siempre feliz, es querer no vivir. El dolor, la pena, los problemas, las luchas, las lágrimas, todo eso, son las notas contrastantes de un sabor complejo y rico. La comida que sólo tiene una nota es sosa, insípida.

Yo no quiero una vida plana. Me gustan los picos y los barrancos. Las montañas rusas son emocionantes, porque tienen bajadas y subidas. Hemos pasado muertes, enfermedades, penurias, peleas, cambios. Y por cada túnel oscuro que hemos atravesado, hemos logrado salir al otro lado a un mejor lugar. Así hacemos nuestro «para siempre», una década a la vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.