Felices para siempre-ish

Ya casi llevo lo mismo de casada que lo que nos tardó casarnos con Mario. Pasaron casi 12 años entre la primera vez que yo me acuerdo de haberlo visto y ese feliz 29 de abril del 2006. Y, menos mal, no todo ha sido como en los cuentos de hadas, en donde todo termina con un «se casaron y fueron felices para siempre». Meh.

Se habla de matrimonios para toda la vida con algún sarcasmo y se dice que funcionaban así cuando la gente vivía 40 años, lo más. Tal vez los cambios que todos tenemos no se sentían tanto en lo que le quedaba a la gente de juventud. Lo dudo. Siempre han habido rompimientos de relaciones, infidelidades, problemas y malos matrimonios, por mucho que duraran 15 segundos.

Esperar vivir siempre feliz, es querer no vivir. El dolor, la pena, los problemas, las luchas, las lágrimas, todo eso, son las notas contrastantes de un sabor complejo y rico. La comida que sólo tiene una nota es sosa, insípida.

Yo no quiero una vida plana. Me gustan los picos y los barrancos. Las montañas rusas son emocionantes, porque tienen bajadas y subidas. Hemos pasado muertes, enfermedades, penurias, peleas, cambios. Y por cada túnel oscuro que hemos atravesado, hemos logrado salir al otro lado a un mejor lugar. Así hacemos nuestro «para siempre», una década a la vez.

Drama, drama, drama

«Me duele la cabeza. Y nunca, en la historia de personas con cabeza, ha existido un dolor igual de doloroso. Jamás. Además, nadie se lo puede ni siquiera imaginar. No pretendan decirme que a ustedes también les ha dolido la cabeza alguna vez. No saben lo que se siente.» Y pues sí, nadie está dentro de la cabeza de alguien más y por eso, como decía mi santa madre, mi catarro siempre es más fuerte que el tuyo.

Pero, ¿cuál es la gana de hacer drama? Por un dolor o por cualquier otra cosa. La vida está llena de cosas desagradables. Y si les ponemos atención, se nos va a poner la cara agria y arrugada, como si estuviéramos metidos en el basurero oliendo caca. Los sentimientos tienen una justa dimensión y está en uno potenciarlos. ¿Por qué gastar energías emocionales en agrandar los negativos? Estoy de acuerdo que esconderlos o negarlos es malo. ¿Pero a quién le gusta estar con o ser la persona de la boca torcida para abajo?

Tal vez no se trate de ir por la vida con lentes color de rosa. Tal vez no sea realista siempre estar de buenas. No es un estado emocional que yo maneje. Pero tampoco ando por allí tratando de verle el lado feo a todo. Yo sé que está allí: el dolor, lo malo, lo feo, lo torcido, eso es fácil de identificar. Requiere un poco más de esfuerzo ver lo bonito, lo perfecto, lo amable. Pero también existe. Y prefiero gastar mis energías en eso, o simplemente alejarme cuando de verdad no se lo encuentre. Y, si me duele la cabeza, me voy a dormir y ya. Porque sí, mis migrañas son excesivamente duras 🙂