Mi cuerpo no sigue instrucciones
no me avisa cuando cambia
se me esconden las palabras
y no controlo lo que siento.
Si ni siquiera me pertenezco entera,
¿por qué me miento
y creo que eres mío?
Mi cuerpo no sigue instrucciones
no me avisa cuando cambia
se me esconden las palabras
y no controlo lo que siento.
Si ni siquiera me pertenezco entera,
¿por qué me miento
y creo que eres mío?
Eres una puerta cerrada
sin cerrojo
hay luz detrás, se escapa por debajo
y tu música la invitación que no extiendes
no de forma explícita
quieres que abra la puerta
sin decirme que lo haga
ojalá esta vez
sí entienda.
Si te lo advertí
¿es realmente inesperado?
No me creíste
ese es el problema.
Ahora te sorprende
dónde me llevas guardada.
Yo nunca oculté
que quería tu corazón.
Paso frente a puertas con nombres
bordados en hierro, peinados con hiedra
que me dicen cómo se llaman
con la voz que habita mi mente.
¿Quién bautiza una casa?
Tal vez si hacerlo la hechizara
para encontrar siempre allí
a esa persona.
Debería entonces ponerle rótulo
al dintel de mi cuarto
e invocarte cada vez que lo paso.
Quiero conocerte de hace años
pasear frente a la casa donde creciste
llévame al cine donde aprendiste a no ver una película
y cenemos en el primer restaurante donde pagaste la comida
te quiero conocer de antes, porque me gustas ahora.
¿Para qué frenar la caída?
Al final,
todos vamos al mismo sitio.
Pasé contigo
el tiempo necesario
para saber
que nunca va a ser suficiente.
No me culpes por la explosión
la pólvora ya la tenías
yo sólo puse una chispa.
Tiremos todas
para ver si se juntan
y forman una promesa
aunque la deshagamos.
Quien te ve dormir
te roba el secreto
que esconde tu cara
cuando no hay nadie
ni siquiera tú mismo
y se queda con una parte tuya
que no sabes que tienes
ni que te hace falta.