Una foto

Hay una risa atrapada entre dos hojas

que no recuerdo haber soltado

seguro se escapó de mi boca

salió corriendo detrás de tus palabras

alguien la capturó en el aire

la puso en una fotografía

como los recuerdos que olvidamos

todos los otros nosotros que ya no somos

y los lugares que no existen más

tal vez hubo otras risas

de ésas no queda ni el papel impreso

ni de tus palabras.

Sin alarmas

Mañana y los siguientes tres días, pareciera que no tengo que despertarme a sacar el sol. Quité la alarma que suena a pajaritos. Con un poco de cargo de consciencia como si me fuera a malcriar al no salir de la cama antes de las 4am. Creo que me exagero.

Hay muchas formas de tener rutinas. Todos las tenemos, hasta los que no siempre hacen lo mismo, porque eso es un hábito en sí mismo. Ya a nosotros los adultos nos quedan muy pocos asientos sin llenar en el teatro de nuestros días y cómo los pasamos. Por eso es tan difícil hacer algo nuevo: ya hay un inquilino asentado en esa casa que queremos redecorar. No es sencillo. Pero hay un secreto: se le prende fuego al inmueble y se construye uno nuevo.

Me encanta no tener qué pensar en dónde gastar la mayor parte de mi tiempo. Evito el esfuerzo de esforzarme, no tengo tanta fuerza de voluntad. Lo metódico me lo he hecho a fuerza de no darme opciones. Creo que, si no fuera porque el clima es demasiado variable, tendría escogida la ropa de la semana por adelantado. Claro que se me derrite el cerebro cuando tengo que hacer un cambio. Como el de mañana. Estoy casi segura que, sin importar la falta de alarma, el sol saldrá con mi ayuda.

En donde sea

Tan bonito que es cuando la gente enseña sus verdaderos deseos. Me encanta leer los tuits de “quédate donde pase xxx”. Se pueden clasificar en categorías: a. Comida; b. Afecto; c. Gustos varios. Y, si uno va al fondo, todos coinciden en querer estar donde lo quieran a uno.

Creo que lo que más me gusta de envejecer, es afinar esos deseos, pulirlos hasta quitarles todo lo superfluo y que brillen. Seguro se ven más pequeños, pero son más claros. Y me cuesta mucho menos articularlos. En realidad, me queda uno, el único verdaderamente importante: me quedo donde no tenga que ser otra persona. Me ha costado demasiado quererme como soy. Que no es lo mismo que no estar dispuesta a mejorar. Ese balance delicado entre “puedo progresar” y “yo soy así”. Hay cosas que no se cambian, pero que definitivamente se trabajan.

Agradezco a los míos que me quieren. Con los que puedo soltar una bomba de sarcasmo sin causar una destrucción. Que me tienen la confianza de decirme que no me pase de directa. Y que caminan conmigo cuando lo necesito. El andamiaje de mi felicidad está lleno del cariño de mi gente y eso me mantiene con ganas de seguir. Y de quedarme. Porque allí es mi en dónde.

La aviada

Siempre me gustaron los resbaladeros. Esa sensación de casi volar, estar un momento en la cima y dejarse ir, repetir y repetir. La experiencia del famoso resbaladero gigante sigue pareciéndome genial. La aviada, el momentum, una velocidad creada simplemente por fuerzas externas.

Cuando tomamos decisiones (no decidir también es una de ellas), nos sometemos no sólo a la dirección que escogemos, sino además al empuje y velocidad que ya traemos de lo anterior. El camino de la vida siempre nos empuja hacia delante, jamás hay marcha atrás. Y mientras más nos alejamos del momento en el que escogimos una cosa, menos la podemos enmendar. Pero tampoco podemos quedarnos para siempre pensando en cuál sea la decisión perfecta. Porque eso no existe. Porque nos quedaríamos sin hacer nada, reventados para siempre en el alfaque de una vida que obliga al movimiento.

La aviada ayuda a seguir aún cuando uno no tiene ganas. Y estar consciente de la velocidad que se lleva, ayuda a no dejarse sólo ir, sino a saber que cada opción es un lugar al que no volvemos. Pero, una vez tomada, vale la pena dejarse ir como el proverbial gordo en resbaladero.

Nada es casualidad y nada es personal

Nos encanta sentir que merecemos lo bueno y que somos víctimas de lo malo. Como si el universo premiara y castigara. Cuando, en realidad, las cosas son indiferentes a nuestros deseos. La ley de la atracción debería rebautizarse como la ley de la atención. Nos pasa a lo que le ponemos interés.

Lo bueno es que las cosas tampoco son personales. Ni siquiera lo que nos hacen los demás. O, mejor dicho, son tan personales como queramos. Podemos ir por la vida apasionándonos con cada pequeña cosa o siendo totalmente indiferentes. A mí me gusta una combinación, el poder de elegir.

Bajémosle un poco a nuestras expectativas, a nuestra propia importancia, a nuestra necesidad de ser el centro del universo de todos. Sólo somos nuestro centro y sólo vivimos para salirnos de allí. Qué belleza de oportunidad para vivir existencias mejor ponderadas.

Sí, pero…

Hay palabras que son puentes y otras que son tijeras. Hay unas que son ambas. El “pero”, bien usado, sirve de balsa entre dos muelles que abrazan aguas caudalosas. “Sí quiero, pero no ahora.” «Sí tienes razón, pero no se puede así.”

Hay muchas formas de alimentar las relaciones que uno tiene. Generalmente, el abono más copioso son las palabras y éstas pueden nutrir o matar cualquier plantita. También uno las usa para lo que necesita, porque hay malas hierbas que requieren arrancarse de raíz.

Yo he aprendido a usar el sí,pero cuando no quiero hacer algo en ese momento, pero no quiero dañar a alguien tampoco. Sirve. No todo tiene que tener filo. Se puede navegar mejor en aguas turbias con un barco estable, amplio. Y funciona perfecto con los niños…

Proyecciones

Cuando era pequeña, tenía un proyector. Creo que todos los viejos de mi edad vimos uno. Manual, de juguete. Y lo amaba.

Hoy vi un programa en el que a la protagonista la envían a recibir terapia. La psicóloga le habla de la proyección que hace sobre las personas a quienes quiere “salvar”. Igual que la película de mi juguete. Algo que distorsiona la realidad sobre la que se deposita.

Supongo que todos hacemos eso, de una u otra formas. Nadie puede salirse de sí mismo para experimentar el mundo. En ese sentido, todo es subjetivo, siempre. Pero por lo mismo, tal vez uno podría estar mejor sintonizado para no buscarse en el otro. A nadie le gusta estar en la película de alguien más. Ni servir de pared.

12

Hay edades que se parecen a las cimas de las montañas rusas. Te ha costado subir hasta allí, pero todo lo que sigue es vertiginoso. Hemos tenido años envueltos en una melaza de retos que has superado para llegar a hoy. Y hoy, pequeña mía, con todo y lluvia, para ti brilla el universo entero.

Ser madre de una niña de carácter fuerte y empatía ilimitada es también un reto. Sería fácil dejarte arrastrarme con tu fuerza o tratar de apagarla. Los extremos siempre son más simples. Pero estamos aprendiendo a construirle un buen cauce a tu energía y eso es maravilloso, aunque sea más cansado a veces.

Deseo para ti que te mantengas íntegra, con confianza en que puedes hacer cualquier cosa, con apreciación para todo lo bonito y con ganas de crear. Eres una belleza de niña, con todo por delante para convertirte en una joven maravillosa y una mujer excepcional. Gracias por escogerme como mamá, por reírte de mis bromas, por buscarme para darme un beso y por hacerme ver que hay más caminos que el mío.

Feliz cumpleaños mi cielito.

La verdad de adentro

Cuando se nos escapa un error y sustituimos una palabra por otra, el famoso lapsus, nos revelamos. Si hay alguien que ponga atención se verdad, se puede dar cuenta que en las equivocaciones están nuestros núcleos. Llamar a alguien por otro nombre nos dice en quién estamos pensando, sustituir un verbo por otro lo que queremos hacer, hablar de un lugar distinto en dónde queremos estar.

Si creemos en el más estricto de los psicoanálisis no existen errores, sólo deseos suprimidos que se escapan del subconsciente. Yo no soy tan radical, pero sí sé que mi cerebro funciona hasta a pesar mío y que se fija y hace cosas sin mi permiso. O tal vez mi yo que se da cuenta es el que está fuera del núcleo de toma de decisiones.

Lo mejor de escribir es poder borrar antes de publicar. Lo mejor de hablar es no poder hacerlo. Obliga a mantener un diálogo interior honesto. Y una boca llena de filtros. O decirle a todo el mundo el mismo apodo y ahorrarse momentos incómodos.

Confundir cosas

Se me derriten las líneas que separan el hambre del sueño. Debe ser que le ponen el mismo estrés al cuerpo. También entre la tristeza y el enojo, pero como mecanismo de defensa.

Estoy segura que navegamos en un mar de confusión. No hay forma objetiva de entender todo lo que el otro quiso decirnos, principalmente porque no estamos en su cabeza. Pero, para el día a día, la comprensión perfecta no es necesaria. Y, para las relaciones más íntimas, debemos actuar como si no importara tampoco. Pesa más el darle al otro el beneficio de la duda.

A los únicos que debemos entender del todo es a nosotros mismos. A los demás hay que aceptarlos.