No es vejez

Me tocó revisar quinimil documentos en la compu y se llegó el momento más temido en mi vida: tuve que dar mi brazo a torcer y usar anteojos. Era demasiado cansado. Es la señal más inequívoca en mi vida de que los años ya me están pasando encima. Desgracia. Tal vez no me había visto las arrugas por falta de anteojos, ni voy a hacer la prueba de verme al espejo con ellos puestos.

Este proceso de crecer e ir en declive es interesante, por ponerle una palabra menos fea que «terrible». Porque todo se deteriora, por mucho que la acumulación de experiencia sea una ventaja. Pero no hay quite, es lo que nos tiene que pasar a todos.

No voy a negar que sentí un alivio con estas cochinadas. Y tampoco voy a aceptar usarlos todo el tiempo, puedo seguir leyendo lo normal sin anteojos y lo voy a alargar hasta donde de verdad ya no pueda. Es una de mis pocas necedades (mentira, tengo muchas) y pretendo continuar con ella. Para mientras, se quedarán guardados donde no me recuerden que los necesito.

Estoy llena de pelos

Yo nunca jugué a ser mamá. Simplemente no me llamaban la atención las muñecas. Mi mamá me construyó una casita entera para eso y lo único que usé con frecuencia fue la pila. La ironía de que ahora detesto lavar la ropa no me pasa por alto. Pero hay una necesidad de reproducirse dentro del ser humano que me hizo querer profundamente tener hijos.

Los seres humanos no tenemos los mismos instintos que los animales desde que podemos controlarlos. Tenemos impulsos, unos más fuertes que otros. La marca más grande de nuestro crecimiento personal es precisamente la habilidad que tenemos para no actuar sin pensar sobre lo que se nos atraviesa. A las personas que no pueden hacerlo, se les diagnostica.

Ahora no sólo me toca ser mamá de dos niños, sino que trato de forma maternal a los gatos y a los chuchos de la casa. No puedo evitarlo, dependen tanto de mí, que sería inhumano tratarlos de otra forma. Termino con la ropa empeluchada y la satisfacción de que me buscan.

Todo se puede

Me gusta decir que me gusta toda la atención, pero no todo el tiempo. Hay una distinción muy importante allí. Y es que yo quiero lo que quiero cuando lo quiero, no en otro momento. Complicado, porque, aunque me ha costado creerlo, el mundo y sus habitantes no existen para complacerme. Una de esas injusticias de la vida… En fin.

La clave verdadera de las relaciones armoniosas es entender que todo se puede, pero no todo el tiempo. Una persona completamente intransigente termina hartando a sus compañeros quienes lo dejarán solo para que haga lo que quiera, sin molestar a los demás. Y una persona completamente condescendiente va a terminar exprimida, sin nada qué darle a nadie porque no llenó su propia copa en algún momento. Y tampoco se puede ser equitativo todo el tiempo, porque a veces simplemente hay que dar más, o recibir más.

Es poner el contexto de las cosas en la mira lo que nos ayuda a saber si lo que hacemos nos aporta más o menos satisfacción de la que nos la quita. Suena frío, pero al menos yo no vine a este mundo a sufrir por mi voluntad y, donde puedo me ayudo a pasarla mejor. Pero no todo el tiempo.

Fechas no reales

Cualquier plazo con tiempo de expiración que ponemos es de mentiras. Porque todo, salvo la muerte, se puede aplazar. Lo demás son puras ficciones.

La biología tiene un tiempo perentorio. Si no lo cree uno, basta con verse al espejo y ver el paso del tiempo. Pero esas fechas de entrega que ponemos nos las sacamos de la manga. Claro que sirven. No sé si terminaríamos las cosas si no existieran. Pero nos hemos volcado a cumplirlas por sobre cualquier otro uso de nuestro tiempo y no sé si vale la pena.

Yo misma me pongo momentos de entrega, hasta del súper. Y he tenido que aprender a que no pasa nada si se corren.

El defecto que embellece

Veo muy pocas películas de miedo. El mundo, la realidad, son suficientes. Pero de las pocas que he visto, lo que más me da miedo son esas escenas donde todos son perfectos y se parecen. La perfección en el mundo no existe y su representación siempre apunta a que algo está mal.

Los rostros de los humanos tienden a la simetría, pero no lo logran del todo. Y es en las sonrisas torcidas, los hoyuelos sólo de un lado, los ojos ligeramente distintos, que encontramos la verdadera belleza. Son marcadores que exigen a nuestra mirada fijarse, hacer el esfuerzo de descifrar lo que tenemos enfrente. Nada más perfecto que una hoja de papel en blanco y pocas cosas más aburridas.

He aprendido a encontrar lo bello en los defectos. En agradecer las manchas en la piel, las arrugas crecientes, las faltas y los excesos. Todo en conjunto se suma para darle personalidad a las cosas/personas. Y eso sí es atractivo.

Progreso

Sólo hay una forma de vivir: hacia delante. Hasta que no inventen una máquina del tiempo.

En toda relación, hay que dejar ir el pasado y ver cómo se desarrolla el resto. Claro que no hay forma de medir sin hacer comparaciones. Pero nada sirve si no es para mejorar.

El progreso, más que la perfección, es lo que uno necesita para saber que lo está haciendo bien. Hasta el más mínimo.

El tiempo en espera

Hacer tiempo… tan bonita esa expresión. Como si el tiempo pudiera crearse, no simplemente gastarse. Implica que uno le está regalando lo único que no regresa a alguien. “El tiempo es el más grande de los lujos”. Uno espera, porque valora más el resultado que la anticipación.

Tener la habilidad de no precipitarse, de tener paciencia, de saber diferir el placer en el futuro, no quiere decir que uno no valore lo que hace ahorita. Es que tiene la capacidad de sopesar cuál de las cosas le va a dar uno mayor satisfacción y empeñarse en obtenerla. El sacrificio del ahora por el mañana. Mejor dicho, la inversión.

Hasta para que abran la tienda que uno quiere hay que saber esperar. Porque no hacerlo implica muchas veces una mayor pérdida de tiempo.

No escoger

La primera vez que fui a un súper gringo, me quedé parada frente a los yogurts. Eran tantos… no tenía ni idea de cuál me iba a gustar más y no quería hacer una mala escogencia. Era como desperdiciar una oportunidad maravillosa que me estaba ofreciendo la vida: agarrar el mejor yogurt del mundo. Cosa que obviamente no existe.

Cuando tenemos muchas opciones cuesta más escoger que cuando hay pocas. En el segundo de los casos, uno agarra entre pocos lo que sabe que le gusta y ya. En el primero, el miedo a equivocarse a veces paraliza. Hasta que uno aprende que hay muy poco en la vida que sea de importancia suprema. Mejor agarrar algo y que no sea perfecto a no hacer nada.

Me sigue pasando que me quedo boba frente a un despliegue casi infinito de yogurts. Pero me sacudo y agarro el primero que me llama la atención. En primer lugar porque seguro me va a gustar. En segundo, porque no voy a saber si había otro mejor. A veces la ignorancia sí es la felicidad.

Vieja favorita

Uy. Hay una nueva versión de Night Court, mi serie favorita de los 90s y no sé cómo sentirme al respecto. Tengo ganas de verla y no quiero hacerlo. Me encantaba esa serie, es imposible que la vuelvan a hacer igual de bien. Pero…

Cuando uno se esfuerza demasiado en recapturar algo que fue mágico en su momento, invariablemente se decepciona. Nada vuelve a ser igual. Lo que sí se puede es darle otra variante al tema como una buena improvisación en el jazz.

Voy a ver el primer capítulo de la nueva serie. Tal vez lograron conservar el sabor original, con un nuevo gusto. O tal vez es pésima. Pero no lo puedo saber de antemano.

Diferentes historias

Pide que dos personas cuenten un acontecimiento y tendrás por lo menos dos historias distintas. (Si son abogados, no menos de tres.) Yo creo que es cuestión del lugar desde donde vemos las cosas. No es lo mismo verle la cara al caballo, que la cola.

Aunque la verdad es absoluta, la realidad, esa que percibimos, es relativa. El punto es encontrar coincidencias para entenderse. El problema es cuando una de las partes hace prevalecer su versión de los hechos a costa de todo lo demás, incluso la verdad.

Por eso es tan importante la evidencia incontestable de los videos y otras pruebas. Y también por eso es que es tan destructivo que éstos puedan ser manipulados y manufacturados. Prefiero que hayan varias versiones, todas reales.