Una vez

Alguna vez

diré que había una vez

de ésas que se le cuentan por las noches

a veces, a los niños a la orilla del sueño.

O recordaré cuando la mente

de vez en cuando salga flotando

entre el océano de lo vivido

y lo anhelado.

Y si tuviera que contarlo

ya pasadas tantas veces

con la memoria dorando los momentos

igual no lo haría.

Hay historias que se guardan

a las que no se les pone de tope

un “fin”, aunque ya no estén

la eternidad también es no contarlas.

¡Feliz cumpleaños!

Bueno Mami. No me toma mucho sacar las cuentas, tendrías hoy setenta y seis, todavía joven para la expectativa de vida moderna. Estarías tan preocupada por Fátima, tan orgullosa de ella. ¿La has visto? Es una niña valiente, generosa, divertida, habilidosa, testaruda, dulce… te llevarías bien con ella. ¿Y el Canche? Entrando a la adolescencia sigue siendo un buen chico. Y taaan guapo. Con mi humor negro y toda la vanidad de la familia. Parece nieto de mi papá. Lo tendría loco.

Yo estoy bien. Mejor de lo que he estado en años, aún en este 2020 tan difícil. He leído tantos libros que te hubieran gustado, escrito tantas cosas que tal vez no, cocinado, lavado, ordenado… Ya me estoy haciendo vieja, Mami, y no está mal. Te miro en todas las cosas tuyas que uso en la cocina. A veces te escucho cuando canto. El dorso de mis manos me recuerda a ti.

Catorce años más tarde, sigues acompañándome y nunca habrá una Navidad que no te extrañe. Gracias por dejarme las recetas de las cosas que me saben a tu cariño. Muy feliz cumpleaños.

Me gusta invitar

Compartir lo que hago y escuchar a la gente que viene a mi casa. Que se les mire en la cara que les gusta lo que les ofrezco. Hay una especie de rito, tal vez hasta ofrenda. No por nada las hospitalidad era sagrada y al invitado no podía agredérsele.

Abrir las puertas de mi casa no me pesa, a pesar de apreciar mi soledad. Es el balance perfecto, porque sigo en mi lugar. Tal vez tenga mucho qué ver con formas de querer. Y seguro está directamente relacionado con que estoy en un lugar feliz que puedo compartir.

Si de mí pueden decir que les di de comer rico cuando ya no esté, me doy por satisfecha. Hasta de epitafio sirve.

Lista de cosas para sobrevivir la época

No es secreto para nadie que la Navidad y sus alrededores no son mi vecindario favorito. Desde la tensión entre mis padres cuando yo era pequeña, a la muerte de mi mamá en días cercanos a su cumpleaños, que caía en Nochebuena. Siento una presión inadecuada de para estar feliz, para olvidar lo malo del año, para juntarme con gente en los últimos días del calendario que de igual forma va a continuar en la siguiente página.

Pero… Entiendo el poder de los rituales, la maravilla de darnos un espacio específico para celebrar, una excusa que nos obligue a vernos y compartir. Este año tan extraño, que ha cambiado todo en nuestras vidas, necesita en especial una lista de cosas que ayuden a pasar bien esta época. Yo tengo cerca a los míos y alrededor a gente que me quiere bien. No puedo pedir mucho más (aunque lo hago, cómo no). Así que estas son las cosas (ojo que pondré cosas, no personas) que tendré cerca:

Música, chocolates, vino, café por las mañanas, sol en mi terraza, viento fresco entre mi pelo, olor a flores, cielos abiertos, nubes barridas, libros por leer.

Sorprendentemente, la lista de cosas para sobrevivir diciembre es la misma que el resto de la vida. Ve pues.

Avanzar para ir de vuelta

A veces uno se aleja del camino. En cualquier cuento de antes está la imagen del desvío, de la pérdida. No por nada Odiseo se tardó más de veinte años en regresar a Ítaca. Tantas, tantas distracciones. Pero uno de los propósitos principales de los seres humanos pareciera ser regresar a casa, donde sea que eso quede.

Hay un trabajo maravilloso de Campbell llamado El héroe de las mil caras y nada de lo que yo pueda decir en menos de doscientas palabras va a agregar a eso. Sólo puedo asegurar que cada vez me hace más sentido el pensar en la vida como una travesía de descubrimiento que lo lleva a uno, inevitablemente al principio. Con la transformación de uno mismo se trasciende el origen y se le mejora.

Yo quiero regresar a ser muchas cosas que dejé atrás y a transformar todas las que no me sirven ahora. El crecimiento no termina nunca.

Una tormenta

Me acerqué a besarla

los pasos iluminados

en segundos eléctricos.

Todo inmediato

impulsivo por precario.

La tormenta tuvo calma

el viento suspendido

en la pausa antes

y yo también esperé.

Poco puede hacer

una mujer deseada por la tempestad,

sólo dejarse llevar.

Un día cualquiera

Es miércoles, pero pudiera llamarse de otra forma. Los días son iguales hasta que son distintos y se nos graban cuando nos sacuden. No todos los terremotos son malos, ni todas las destrucciones fatales. La vida a veces quiere hacer nuevos paisajes con los pedazos y nos trata como legos para volver a armar.

Pero eso es ocasional y si uno permite que el flujo tranquilo de los días cualquier le pase encima sin mojar, se pierde de lo que está hecha la existencia. Si me despierto y no miro por la ventana, me pierdo la estrella en el cielo de madrugada. Si no me fijo en los niños, parpadeo y dejan de serlo. Si no me doy cuenta de mí misma, me pierdo. Y eso sólo puede hacerse en la calma de lo cotidiano.

Tal vez son más emocionantes los terremotos. Y ahora les doy la bienvenida. Porque sé que todo lo que se derrumbe va a encontrar su forma de nuevo sobre la base de las cosas que permanecen. No importa cómo se llame el día que suceda.

La importancia de no fijarse

Tenemos la dicha de ser la casa a donde quieren ir todos los amigos de mis hijos. Aunque no lo entiendo, porque yo trato a esos niños como a los míos y eso no es especialmente dulce. Tal vez es porque comen bien y los dejo ir a gritar como acuchillados al jardín. Lo cierto es que no ando encima de ellos, viendo qué hacen. Así como era en mi tiempo. Yo no soy de las mamás que andan organizándoles la agenda a sus hijos cuando tienen visita. De lo que más me gustaba era hablar con mis (escasas) amigas. Apenas tenía noción de tener que hacer algo con ellas más que estar.

No fijarme también ayuda a darles espacio. Deben estar desesperados por tener un tiempo sin mí. Es extraño, sobre todo porque en casa no se mira tele todo el día, ni se tienen aparatos electrónicos pegados a las manos. Tal vez esa sea la idea.

La lista del año

Hago una lista de canciones por año. No son las más nuevas necesariamente, sino las que me van gustando ese año en específico. Termino a veces con un collage que, más que buscar cohesión musical, narran un momento emocional. Son mi diario de sentimientos.

Increíble, pero la pl de este 2020 tiene más canciones alegres que otros años menos macabros. Aunque tal vez la razón sea porque éste año en particular no ha sido tan malo. Me ha hecho concentrarme, hasta físicamente y eso ha sido maravilloso.

Cierra con música que suena a mejores cosas por venir. Y por eso estoy cantando.

Voy a llevarme a donde quiera

Hay un momento en cualquier reunión familiar o de otra cosa en que son las cuatro de la tarde. Y a las cuatro de la tarde, me quiero ir. Es algo instintivo, me ha pasado en otras latitudes, siempre a la misma hora, sea donde sea. Y es una sensación de necesidad de irme. De donde sea.

Habemos personas que queremos ser sociables, pero en espacios cortos. O que necesitamos toda la atención, pero no todo el tiempo. Es una buena cosa conocerse, porque aprende a estirar y encoger la tolerancia.

Al menos no es que me quede dormida en la sala de mi casa, ya no. Lo he hecho otras veces. Hay una libertad de saber hasta dónde llega uno y cómo pedirlo. Además de no pasar por pesada, se es totalmente feliz.