Hay un momento en cualquier reunión familiar o de otra cosa en que son las cuatro de la tarde. Y a las cuatro de la tarde, me quiero ir. Es algo instintivo, me ha pasado en otras latitudes, siempre a la misma hora, sea donde sea. Y es una sensación de necesidad de irme. De donde sea.
Habemos personas que queremos ser sociables, pero en espacios cortos. O que necesitamos toda la atención, pero no todo el tiempo. Es una buena cosa conocerse, porque aprende a estirar y encoger la tolerancia.
Al menos no es que me quede dormida en la sala de mi casa, ya no. Lo he hecho otras veces. Hay una libertad de saber hasta dónde llega uno y cómo pedirlo. Además de no pasar por pesada, se es totalmente feliz.
