Tener idea que alguien nos mira, no en el sentido de acechar, creo que es una necesidad humana. El hecho de ser apreciado, de no pasar desapercibido por la vida. Y, también, es una de las fuentes de ansiedad más graves en nuestro desarrollo. Vivir pensando en qué van a decir de nosotros es angustiante.
Con el tiempo y, ojalá, la madurez, esa necesidad se va borrando un poco y la sustituye el deseo de dejar algo relevante que perdure más allá de nosotros. Hay un cambio en el imperativo humano y ya no queremos tener el protagonismo personal, sino dejar algo bueno detrás de nuestro paso.
Pero hay aún otro estado de crecer que libera más que eso, y es el de simplemente vivir la vida, haciendo lo que uno puede con lo que tiene. Es lo que hay. Como axioma, algo tan simple es transformador. Yo tengo muchos deseos, y me cuesta pensar sólo en lo que tengo enfrente. Pero sé que sólo puedo hacer lo que puedo hacer y trato de darlo todo allí. En lo que hay. Lo demás es una carga que traté de llevar y que no se puede sostener. Afortunadamente, aunque ya no es mi motivación, en mi vida sí tengo personas que me ven y a quienes formo más con el ejemplo que con cualquier cosa. Eso me hará trascender.