Lo que nos parece normal no es lo mismo que hace siglos. Y si nos remontamos a la pre-agricultura, menos aún. No es normal tener comida disponible sin cazarla o recolectarla. No es normal decidir no tener hijos. No es normal sobrevivir una infección. Y definitivamente no es normal dormir ocho horas seguidas. Todo eso lo hemos ido adaptando y construyendo los humanos con cambios, desde dietéticos hasta tecnológicos impresionantes.
En mi propia vida he cambiado muchas veces de costumbres, no sólo por lo que sucede de forma natural al crecer, sino porque la vida misma me ha hecho mudar y mutar. No siempre ha sido sin dolor. Pero termina uno acostumbrándose y sigue. Como dormir, por ejemplo. Los niños de bebés me despertaban para comer, cosa natural. Y ahora me despiertan por otras razones menos normales.
Quisiera regresar a dormir ocho horas seguidas, ni siquiera aspiro a las diez que le escuché recomendar a un doctor. Por cierto que no terminé de averiguar si el fulano también tiene guardería, cocina, lavandería, tutorías y servicio de chofer disponible, porque de otra forma no veo por dónde dormir diez horas. Pero lo que ya me es común es que pronto también eso va a cambiar. Espero que para mejor.
